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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1848 Informe del presidente de Estados Unidos James K. Polk. (Fragmento).

Diciembre 5 de 1848

 

Desde la ratificación, por ambas partes, del tratado de paz con México, nuestras relaciones con el gobierno de esa república han sido sumamente amistosas. El enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de los Estados Unidos ha sido recibido y acreditado en México, y, a su vez, un representante diplomático de México, de rango similar, ha sido recibido y acreditado por nuestro gobierno. Las relaciones de amistad entre ambos países, que habían sido suspendidas, felizmente se han restaurado y creo que durarán largo tiempo. Las dos repúblicas, por estar situadas en el mismo continente y compartir fronteras, tienen motivo de amistad e interés suficientes para mantenerse unidas en una concordia perpetua.

Esta grata condición de nuestras relaciones exteriores hace innecesario llamar particularmente la atención sobre ellas.

Mi objetivo y aspiración constantes han sido cultivar la paz y el comercio con todas las naciones. La tranquilidad antema y las relaciones exteriores amistosas constituyen la política verdadera y permanente de nuestro país. La guerra, tormento de todos los países, a veces se vuelve inevitable, pero siempre puede prevenirse sí se respetan con firmeza los derechos y el honor de una nación.

Uno de los resultados más importantes de la guerra que nos vimos obligados a iniciar contra un país vecino es la demostración de la fuerza militar de nuestro país. Antes de la última guerra contra México, Europa y otras potencias extranjeras tenían puntos de vista imperfectos y erróneos de nuestra fuerza física como nación y de nuestra habilidad para continuar con una guerra y, en especial, una guerra emprendida por nuestra nación. Estas potencias observaron que nuestro ejército organizado en épocas de paz no excedía de los 10 000 hombres. Acostumbradas a mantener durante largos periodos de paz ejércitos organizados para la protección de la Corona contra sus propios súbditos y contra enemigos extranjeros, no concebían la posibilidad de que una nación sin un ejército bien disciplinado y con antigüedad en el servicio emprendiera una guerra. Tenían una mala impresión de nuestro ejército y no lo consideraban como una fuerza efectiva, salvo que fuera utilizado para estrategias defensivas temporales contra invasiones a nuestro propio territorio. Los sucesos de la última guerra contra México no sólo los desengañaron, sino que también eliminaron las impresiones equivocadas que habían prevalecido aun entre algunos de nuestros propios compatriotas. Esa guerra ha demostrado que si estallan hostilidades imprevistas para las cuales no ha habido un entrenamiento previo, un ejército de soldados voluntarios equivale a uno de veteranos que puede llevarse en corto tiempo al campo de batalla. A diferencia de lo que habría ocurrido en cualquier otro país, no tuvimos necesidad del reclutamiento. Por el contrario, fue tal el número de voluntarios que patrióticamente ofrecieron sus servicios, que la principal dificultad radicó en hacer la selección y determinar quien no serla aceptado. Nuestros soldados voluntarios son diferentes de aquellos escogidos entre la población de cualquier otro país. En esos países se les elige indiscriminadamente sin importar su profesión u oficio -campesinos, abogados, médicos, comerciantes, fabricantes, mecánicos y obreros- y esto no sólo sucede en la selección de oficiales, también en la de soldados de cualquier rango. Por otra parte, nuestros soldados son diferentes a los de otros países. Portan armas de fuego y han sido acostumbrados desde su juventud a utilizarlas; además, gran parte de ellos, en especial los del oeste y los que provienen de los estados poblados recientemente, son expertos tiradores. Son hombres que tienen que mantener en casa una reputación de buena conducta en campaña. Son inteligentes, y existe una individualidad de carácter que difícilmente encontraríamos en las filas de cualquier otro ejército. En el campo de batalla, cada soldado raso, así como cada oficial, no sólo lucha por su país sino también por la gloria y para destacar entre sus conciudadanos cuando regrese a la vida de civil.

La guerra contra México no sólo ha demostrado la habilidad del gobierno para organizar repentinamente un numeroso ejército, sino también para proporcionarle todas las municiones y provisiones necesarias con prontitud, facilidad y utilidad, y para dirigir sus operaciones con eficiencia. La fortaleza de nuestras instituciones no sólo ha sobresalido por el valor y la habilidad de las tropas en servicio activo en el campo de batalla, sino por la organización de las ramas ejecutivas a cargo de la dirección general de la guerra. Aunque se pueden hacer grandes elogios a los oficiales y hombres que libraron nuestras batallas, sería injusto no elogiar a los oficiales destacados forzosamente en casa que tienen el deber de abastecer al ejército a tiempo y en el sitio apropiado con municiones y otras provisiones indispensables para hacerlo más eficiente. El crédito que merece esta clase de oficiales es aún mayor cuando se considera que ningún ejército de la historia antigua o moderna estuvo mejor abastecido que nuestro ejército en México. AI operar en territorio enemigo a más de 3000 kilómetros de la sede del gobierno federal y al tener sus diferentes cuerpos distribuidos en un vasto territorio, y separados por miles de kilómetros, sólo la inagotable vigilancia y la energía extraordinaria de estos oficiales permitió proporcionar al ejército todo lo necesario para un servicio eficiente, en todo momento y lugar.

Es un acto de justicia declarar que los oficiales encargados de varias dependencias ejecutivas -todas ellas bajo la supervisión y observación de la Secretaría de Guerra- desempeñaron sus respectivas tareas con habilidad, energía y eficiencia. Estos oficiales han cosechado menos gloria en la guerra por no haber expuesto su persona a los peligros de las batallas como sus compañeros en combate; sin embargo, sin su planeación, su eficiente ayuda y cooperación, aquellos en combate no habrían recibido todos los medios utilizados en el logro de honores para ellos y para su país.

Cuando se tienen en consideración todos estos hechos, terceros países dejan de sorprenderse de cómo fue que nuestro noble ejército, de veteranos y voluntarios, encontró la victoria en cada campo de batalla en México, a pesar de lo temible de las probabilidades en su contra.

De esta manera, la guerra contra México ha revelado totalmente la capacidad de los gobiernos republicanos para continuar con éxito una guerra justa y necesaria con todo el vigor generalmente atribuible a formas de gobierno más arbitrarlas. Los escritores de derecho civil por lo general han atribuido a los republicanos el deseo de unidad y la concentración de objetivos y del vigor de ejecución que por lo común se piensa pertenecen a formas monárquicas y aristocráticas; y esta característica de gobierno popular supuestamente se presenta en la dirección de una guerra en territorio enemigo.

La guerra contra la Gran Bretaña en 1812 se localizó en gran medida dentro de nuestros propios límites y arrojó poca luz sobre este tema; sin embargo, la guerra que acabamos de terminar con una paz honorable muestra que un gobierno representativo popular está a la altura de cualquier emergencia que pudiera surgir en los asuntos de una nación. La guerra contra México ha revelado otra característica sobresaliente e impresionante en nuestras instituciones: que sin costa para el gobierno y sin peligro para nuestras libertades, tenemos en el seno de nuestra sociedad de hombres libres y disponibles en caso de una guerra necesaria y justa, un ejército organizado de dos millones de soldados ciudadanos armados, como los que combatieron en México. Pero nuestra fuerza militar no sólo consiste en la capacidad para realizar maniobras exitosas en tierra. La armada es un brazo importante de la defensa nacional. Sí los servicios de la armada no fueron tan brillantes como los del ejército en la última guerra contra México, se debió a que no había enemigo que combatir en el mar. Mientras que el ejército tuvo la posibilidad de realizar servicios más conspicuos, la armada participó principalmente en la dirección de la guerra. Ambos brazos militares cumplieron con su deber. Se deben elogiar los servicios competentes y valientes de los oficiales y hombres de la armada, por actuar, tanto independientemente como en cooperación con nuestras tropas en la conquista de las Californias, en la toma de Veracruz, y en el sitio y ocupación de otras posiciones importantes en las costas del Golfo y del Pacífico. Su vigilancia, energía y habilidad prestaron el mejor y más eficaz servicio al privar de municiones y otras provisiones al ejército enemigo, mientras garantizaban la entrada segura de suficientes provisiones para nuestro ejército. Nuestro amplio comercio en ningún lugar fue interrumpido, y por esta inmunidad a los males de la guerra, el país está en deuda con la marina.

Grandes elogios merecen nuestros oficiales de tantas dependencias ejecutivas, astilleros navales y estaciones relacionadas con el servicio, todas bajo la dirección inmediata de la Secretaría de Marina, por el empeño, previsión y energía con que todo estuvo dirigido y abastecido para brindar eficiencia a esa rama del servicio. La misma vigilancia hubo en la dirección de operaciones tanto de la armada como del ejército. Existió una coordinación de acciones y objetivos entre los dirigentes de ambos brazos del servicio. Por medio de las órdenes que de tiempo en tiempo fueron emitidas, nuestros buques de guerra en el Pacifico y en el Golfo estuvieron emplazados en el momento apropiado y en la posición adecuada para cooperar eficientemente con el ejército. Así, su fuerza combinada abatió al enemigo.

Los grandes resultados que se han ido obteniendo y derivando de esta guerra serán de enorme importancia para el progreso futuro de nuestro país, ya que nos protegerán de fricciones con el exterior y nos permitirán continuar nuestra anhelada política de "paz con todas las naciones, sin entablar alianzas con ninguna".

AI ocupar más que nunca antes una posición de predominio entre las naciones, están aumentando nuestros deberes y nuestras responsabilidades con nosotros mismos y con la posteridad. Esto será más obvio cuando consideremos los territorios recientemente añadidos a nuestras posesiones, así como su gran valor e importancia.

Nuestras bizarras fuerzas que participaron en la guerra mexicana, gracias a cuyo patriotismo y acciones bélicas sin paralelo obtuvimos estas posesiones como indemnización por nuestras justas demandas contra México, estaban conformadas por ciudadanos que no pertenecían a un estado o sección particular de nuestra Unión. Eran hombres provenientes de los estados esclavistas y no esclavistas, del norte y el sur, del este y el oeste. Eran todos compañeros de armas y conciudadanos del mismo país, comprometidos con una causa común. Cuando libraban la guerra eran hermanos y amigos y compartían peligros, fatigas y sufrimientos comunes. Ahora que, una vez terminado el trabajo y restaurada la paz, regresan a sus hogares, se quitan los atuendos de guerra, toman sus lugares en la sociedad y reanudan sus actividades en la vida civil, deberá indudablemente prevalecer un espíritu de armonía, concesión y consideración equitativa por los derechos de todos y de todas las secciones de la Unión en el momento de proveer a los gobiernos los territorios adquiridos, que son fruto de su servicio común. Todo el pueblo de los Estados Unidos, y de cada uno de sus estados, contribuyó a sufragar los gastos de esa guerra, y no seria justo para ninguna sección excluir a la otra de toda participación en el territorio adquirido. Esto no estaría en consonancia con el justo sistema de gobierno que adoptaron los que forjaron nuestra Constitución.

De conformidad con las disposiciones del decimotercera articulo del Tratado de Paz, Amistad y Límites con la República de México, y con fundamento en la Ley del 29 de julio de 1848, las reclamaciones de nuestros ciudadanos que ya habían sido "liquidadas y falladas en contra de la República mexicana" y que ascendían con sus intereses a 2023832.51 dólares han sido liquidadas y pagadas. Quedan por pagar, de éstas reclamaciones, 74192.26 dólares.

En su última sesión, al no haber dispuesto el Congreso la ejecución del articulo 15 del tratado, según el cual los Estados Unidos asumen dar satisfacción a las "reclamaciones no liquidadas" de nuestros ciudadanos contra México hasta "un monto que no sea superior a los 3 250 000 dólares", una vez más se recomienda que se delibere este asunto para su favorable consideración.

El canje de ratificaciones del tratado con México tuvo lugar el 30 de mayo de 1848. AI cabo de un año, contado a partir de dicha fecha, el comisionado y el topógrafo, que cada gobierno tiene estipulado nombrar, deberán reunirse "en el puerto de San Diego y proceder a trazar y demarcar dicha frontera en todo su curso hasta la desembocadura del Río Bravo del Norte". Se verá por esta disposición que el plazo en que el comisionado y el topógrafo de los respectivos gobiernos deberán reunirse en San Diego vencerá el 30 de mayo de 1849. AI cierre de su última sesión, el Congreso determinó una asignación para "los gastos en que se incurra durante el trazado y demarcación de la línea divisoria" entre los dos países, pero no fijó el monto de los salarios que deberán pagarse al comisionado y al topógrafo que nombrarán los Estados Unidos. Es conveniente que el monto de la compensación que ellos reciban sea prescrito por ley y que no se deje, como en el presente, a la discreción del Ejecutivo.

Se estima que los ingresos del Tesoro para el año fiscal que concluye el 30 de junio de 1849, incluido el saldo del Tesoro el 1º de julio último, ascenderán a 57 048 969.90 dólares, de los cuales 32 millones de dólares, según se estima, se derivarán de aranceles aduaneros, tres millones de dólares de las ventas de las tierras públicas y 12 millones de dólares de fuentes varias e imprevistas, incluido el sobreprecio del préstamo y el monto pagado y por pagarse al Tesoro, por concepto de asignaciones militares cobradas en México y de la venta de armas y barcos, así como de otros bienes públicos actualmente innecesarios para uso del gobierno, en virtud de la conclusión de la guerra y, por Último, 20695435.30 dólares provendrán de préstamos negociados, incluidos los pagarés del Tesoro consolidados, que, junto con el saldo en el Tesoro el 1º de julio último, constituyen el importe estimado.

Los gastos para el mismo periodo, incluido el pago requerido por concepto de la suerte principal y los intereses de la deuda pública, así como la suerte principal y los intereses de los primeros pagos parciales pagaderos a México el 30 de mayo próximo, y otros gastos derivados de la guerra que deberán saldarse durante el presente año, ascenderán, incluido el reembolso de los pagarés del Tesoro, a 54 195 275.06 dólares, quedando un saldo estimado en el Tesoro, el 1º de julio de 1849, de 2853694.84 dólares.

EI secretario del Tesoro presentará, tal como dispone la ley, la estimación de los ingresos y gastos para el próximo año fiscal. Los gastos estimados para ese año ascienden a 33214 152.73 dólares, incluidos 3 799 102.18 dólares para el pago de intereses de la deuda pública y 3 540 000 dólares para la suerte principal y los intereses pagaderos a México el 30 de mayo de 1850, quedando un monto de 25874050.35 dólares, el cual se considera amplio para los gastos ordinarios en tiempo de paz.

En la administración del erario público no se ha perdido ni un sólo dólar por la devaluación de la moneda. Los préstamos requeridos para librar la guerra contra México fueron negociados por el secretario del Tesoro por encima de su valor nominal, con lo que se obtuvo un sobreprecio importante para el gobierno. El efecto de la restricción del sistema respecto a las tendencias de los bancos a emitir cantidades excesivas de billetes ha salvado al gobierno de grandes pérdidas y a miles de empresarios de la bancarrota y la ruina. La bondad del sistema ha sido puesta a prueba por la experiencia de los últimos dos años, y la aplicación de una política sana nos permite afirmar que permanecerá sin cambios. Se presentan nuevamente para su favorable consideración las modificaciones a algunos de los pormenores de esta medida, sin que intervenga ninguno de sus principios esenciales recomendados hasta el presente.

En mi informe del 6 de julio último, en el que transmití al Congreso el tratado de paz con México ya ratificado, recomendé la adopción de determinadas medidas para el pronto pago de a deuda pública. AI reiterar dicha recomendación hago referencia a las consideraciones presentadas en dicho informe en su favor. La deuda pública, incluida la autorizada para negociarse de conformidad con las leyes vigentes e incluidos también los pagarés del Tesoro, ascendía en ese momento a 65 778 450.41 dólares.

Desde ese periodo, se han adquirido acciones consolidadas de los Estados Unidos por un monto de medio millón de dólares, en la forma autorizada por la ley y, como consecuencia de ello, se ha reducido la deuda pública. En su informe anual, el secretario del Tesoro presentará los detalles relacionados con lo anterior.

Se cree que las estimaciones correspondientes a los gastos del próximo año fiscal, presentadas por el secretario del Tesoro, serán lo suficientemente amplias para todos los fines que se requieran. Sí las asignaciones realizadas por el Congreso no exceden el monto estimado, los medios de que dispone el Tesoro serán suficientes para sufragar todos los gastos del gobierno y para liquidar el próximo pago parcial de tres millones de dólares a México, que vencerá el próximo 30 de mayo, y quedará aun un superávit considerable, que deberá aplicarse a la compra de más acciones públicas consolidadas y a la reducción de la deuda. En caso de que se realicen mayores asignaciones, la consecuencia necesaria será la postergación del pago de la deuda. Si bien nuestra deuda es pequeña, a diferencia de la mayoría de las demás naciones, nuestra verdadera política, consocia con el genio de nuestras instituciones, es que debemos presentar al mundo el raro espectáculo de una gran república, poseedora de vastos recursos y riquezas, totalmente exenta de endeudamiento público. Esto nos conferiría aun más fortaleza y nos procuraría una posición de mayor liderazgo entre las naciones del mundo.

Los gastos públicos deben ser módicos y estar limitados a los fines que estén claramente al alcance de las facultades del Congreso. Todos los que no sean absolutamente necesarios deberán postergarse, y el pago de la deuda pública al plazo más corto posible deberá ser el principio cardinal de nuestra política pública.

Por los motivos señalados en mi último informe anual, reitero la recomendación de que se establezca una sucursal de la Casa de Moneda de los Estados Unidos en la ciudad de Nueva York. La importancia de esta medida es todavía mayor ahora en virtud de la adquisición de las ricas minas de metales preciosos de Nuevo México y California, especialmente de esta última.

La condición y operaciones del ejército, así como el estado de otras dependencias del servicio público bajo la supervisión del Departamento de Guerra, se presentan como corresponde en el informe adjunto del secretario de Guerra.

AI regresar la paz, nuestras fuerzas se retiraron de México y se licenció a los voluntarios y a los integrantes del ejército regular que fueron alistados para la guerra. Se han expedido órdenes para destacar las fuerzas de nuestro ejército permanente en las diversas posiciones de nuestro extenso país donde puedan requerirse tropas. En virtud de la lejanía de algunas de estas posiciones, los destacamentos no han arribado aun a su destino. Pese a la extensión de los límites de nuestro país y al número de las fuerzas requeridas en los nuevos territorios, confiamos en que nuestro ejército permanente actual sea suficientemente grande para todas las exigencias, siempre y cuando nuestras relaciones pacíficas permanezcan sin cambios.

Del monto de las asignaciones militares cobradas en México, se aplicaron 769650 dólares al pago de la primera parcialidad de la deuda con ese país, de conformidad con el tratado celebrado con él. El otro importe, de 346 369.30 dólares, ha sido entregada al Tesoro y los saldos no aplicados permanecen aun en manos de oficiales pagadores y de aquellas personas que se contrataron para el cobro de nuestros dineros. Tras la proclamación de la paz, no se han hecho más desembolsos de dineros no aplicados derivados de esta fuente. Se dieron instrucciones para que los saldos en nuestro poder se entreguen al Tesoro, y las diferentes reclamaciones sobre el fondo seguirán sin resolverse hasta que el Congreso autorice su arreglo y posterior pago. Estas reclamaciones no son considerables ni en su número y ni en su monto.

Recomiendo a su favorable consideración las sugerencias del secretario de Guerra y del secretario de la Marina respecto a la legislación susceptible de promulgarse sobre este asunto.