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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 
 
2017
 


1844 José Joaquín de Herrera al recibir el poder ejecutivo

7 de Diciembre de 1844

El Ciudadano José Joaquín de Herrera, Presidente Constitucional del Consejo de Gobierno, Encargado del Poder Ejecutivo de la República, y General de División, á la gran Nación Mexicana.

Compatriotas: Os habréis llenado de pasmo al saber que el anterior Gobierno Constitucional, faltando á la gran confianza que en él se había depositado, decretó la muerte de las leyes, y que el capricho de un hombre fuese tenido en adelante por la soberanía nacional.

Parecía que las instituciones sociales habían desaparecido en un momento á pesar del voto unánime de toda clase de personas, y de que la experiencia política ha llenado de luz delante de todos, las verdades más útiles, desconocidas antes de muchas ocasiones. Sin embargo, aunque la sociedad sufre mucho por amor á la Paz, es invencible cuando la sabiduría y la dignidad la determinan á hacerse obedecer. Ayer se ha verificado en esta capital el más hermoso acontecimiento que conocieran sus ilustres anales. La guarnición se ha puesto á mis órdenes, hostigada de que se le hiciese sostenedora y cómplice de tantos crímenes: los ciudadanos de todas clases me han cercado, ofreciéndome su sangre y sus recursos; y el espíritu universal me ha secundado en la gloriosa empresa de restablecer la Constitución. Esta me señalaba como el punto céntrico de todos los esfuerzos legales, y he tenido el más dulce placer, dirigiendo con la ley en la mano, y en medio del voto público, y del más acendrado patriotismo, la empresa felicísima de un cambio absoluto consumado en tres horas, sin que una sola lágrima, un solo acto, vergozoso la hayan mancillado.

Las augustas Cámaras, reunidas conmigo en los momentos de peligro en el convento de San Francisco, volvieron al Palacio Nacional enmedio del júbilo y aplauso público, y comenzaron á ocuparse, con su acostumbrada dignidad, del presente estado del país. Sabéis cuán sabia, cuán firme, cuán patriótica fué su anterior conducta: esperad hoy que en esta época que puede ser de prosperidad, evidencien el dominio y superioridad que tienen sobre todas las pasiones reprobadas por la religión y la sabiduría. Las hemos admirado capaces de dirigir la razón pública enmedio de una borrasca que con-turbaba á los más fuertes; en adelante tendremos que aplaudir, no lo dudo, la serenidad de su juicio en una época que se anuncia próspera; la severidad de sus virtudes, en una de las raras ocasiones en que se puede restaurar á una República y levantar un monumento indestructible de honor para el género humano.

¿Pero sabéis, mexicanos, á qué son debidos estos hermosísimos acontecimientos, que puede decirse que casi nadie, ni aquí ni en el extranjero, esperaba que fuesen por ahora uno de vuestros timbres? ¿Sabéis por qué es tan admirable el seso y dignidad de los representantes, la destreza de los funcionarios, la moralidad de los ciudadanos y el republicanismo de las tropas? Todos estos milagros se deben al sacrificio heroico que enmedio de la adversidad se supo hacer de las antiguas divisiones, de los antiguos odios, de los antiguos errores que á tantos hombres sabios y buenos habían arrastrado por nuestra inexperiencia, del modo más pernicioso y lamentable. Ciertamente no es de extrañarse este gran desvío, porque los gobiernos no nacen perfectos: lo que me ad-mira y me enajena de contento, es ver que habéis dado en tan corto tiempo la prueba más sólida de vuestra comprensión y docilidad, no atendiendo á otra cosa que á la urgentísima salvación de la República. ¡Honor y gloria sempiternos á tan sabia conducta, y que ella sea el fundamento solidísimo de los aciertos y prosperidades que han de dar á la patria! Os conjuro, pues, mexicanos, por lo más santo, por lo más serio y por lo más digno, á que no os separéis de este camino. Mirad que la adversidad es poca prueba, mirad que el gozo pasa muchas veces, corrompiendo rápido las virtudes, sembrando pérfido la ponzoña que vuelve á destrozar el corazón. Discutid en buena hora todas las opiniones; examinad todos los intereses sociales; pero no perdáis la calma y la imparcialidad: no neguéis á nadie el tributo que merezca buena fe: reflexionad constantemente que la unión es siempre el mayor bien; que nadie está seguro de que sus ideas no son errores; y, finalmente, que vale más que cada uno asegure en la concordia general, lo más importante de sus principios é intereses, que el que busque triunfos exclusivos que el tiempo y el esfuerzo ajeno le han de convertir en pesadumbre y en oprobio. La patria, sobre todo, mexicanos, y la seguridad de sus pasos, aunque lentos.

Patriotas de todas las opiniones: altísimos ejemplos tenéis en vuestros representantes y aun en vosotros mismos, durante la época que acaba de pasar. Seguidlos muchos años, y entended compendiados aquí todos los consejos saludables, todas las súplicas fervientes que en favor vuestro quisiera expresares el hombre que sólo os puede gobernar un certísimo tiempo, y que no es capaz por sus enfermedades, de sostener las tareas que hoy exige la responsabilidad de vuestra suerte. Confío, por último, en que siempre tendréis ante los ojos vuestra dignidad, y que ninguno aspirará sino á la salud de la República.

México, Diciembre 7 de 1844. José Joaquín de Herrera.