Home Page Image
 

Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

El contenido de la Memoria está a disposición como apoyo didáctico para los docentes de historia. Solicítelo en el siguiente enlace:

Solicitud de Descarga

Contacto:
MemoriaPoliticadeMexico@gmail.com

 

Comentarios:
MePolMex@gmail.com

 
 
 
 


1839 El General Bustamante, al abrir las sesiones del primer período.

Enero 1º de 1839

Ciudadanos Representantes y Senadores:

En el año anterior la República ha sido teatro de grandes acontecimientos. Por la vez primera desde su gloriosa existencia como nación independiente y soberana, ha sido comprometida á sostener una guerra extranjera. Rindamos gracias á la celestial Providencia porque la justicia y el honor han estado de nuestra parte, y porque nos ha dado suficiente firmeza para desentendernos del poder y de la influencia del Gobierno agresor, y para comparar solamente los derechos y no los recursos de los beligerantes.

Cuando México se colocó en el lugar que le pertenecía entre las naciones libres, proclamó solemnemente los principios más benévolos y generosos para crear, fomentar y conservar relaciones amigables con los gobiernos de los pueblos civilizados que reconociesen nuestros títulos á la independencia, nuestra voluntad y nuestra fuerza para defenderla. Hemos celebrado tratados con las potencias de Europa y América que lo desearon, estableciendo en ellos como bases, las que desde una época feliz para el comercio del mundo sirven de regla en esta clase de transacciones. Respeto de los pueblos que no se han ligado con nosotros por negociaciones especiales, hemos guardado delicada y felizmente las máximas del derecho universal. Los gobiernos y los pueblos han correspondido con nobleza y lealtad á esta conducta, y han considerado que la República Mexicana, aun en la incertidumbre é inexperiencia de su infancia, promete la consolidación del orden público y sobradas garantías para hacerse respetar. La Francia, cuyo gobierno tardó demasiado en admitir nuestras proposiciones de franca amistad, ha sido la primera y única de todas las naciones de Europa que ha consultado á su poder más bien que á su derecho, para pretender humillar y envilecer á un pueblo nuevo, que no se ha resistido á concesiones compatibles con su decoro, y que está denodadamente resuelto á perecer ó á triunfar, sosteniendo su merecida reputación y aquellos derechos que no pueden sacrificarse sin degradación é ignominia. El gobierno de Francia ha comenzado la guerra, ha iniciado enemistades entre dos naciones cuya unión debió ser perpetua; y México, resolviéndose á repeler la fuerza con la fuerza, presentará un espectáculo de fortaleza y de constancia que no puede dejar de excitar las simpatías y quizás la admiración del universo.

Considerando á la guerra como una calamidad para las naciones que sufren sus estragos, el Gobierno procuró evitarla, satisfaciendo, en lo posible, á las exigencias del gobierno francés, no rehusándose á la discusión de sus reclamaciones, ofreciendo atender á las que fuesen equitativas, procurando conciliar, no menos los intereses que el honor de los dos pueblos desgraciadamente empeñados en estas diferencias. El ultimátum presentado en 21 del último Marzo por el plenipotenciario de S.M. el rey de los franceses, desde un buque de guerra, contenía amenazas y demandas que el Gobierno debió rechazar y rechazó, porque no le era dado menoscabar los derechos de la nación, ni manchar una página de su historia con ejemplo de vergonzosa debilidad. El bloqueo de nuestros puertos en el Atlántico fue la consecuencia de antemano prevista; y aunque desconociendo nuestro carácter, se creyó que privándonos por este medio de una parte considerable de nuestros recursos, llegaríamos á sucumbir más tarde, el gobierno francés ha recibido un desengaño, tanto acerca de nuestro poderosos elementos de conservación, como de la magnanimidad del pueblo mexicano.

La misión diplomática del Contraalmirante Baudin y los plenos poderes que lo acreditaban dieron esperanzas de un acomodamiento entre México y Francia. La negociación que iba á entablarse destruía por su propia naturaleza el ultimátum de 21 de Marzo, y cualesquiera que fuesen las pretensiones del nuevo plenipotenciario francés, el ultimátum ya no existía. El Gobierno vio consignada en este paso del Gabinete de las Tullerías la confesión de la justicia con que México había procedido, y no se negó á una nueva negociación á que se le invitaba con miras al parecer pacífica y conciliadoras. No se le ocultaba, sin embargo, que la nueva forma que tomaban las diferencias con Francia, podría ser precursora de un rompimiento inmediato; pero habiéndose anunciado el Contraalmirante como negociador de paz en sus primeras comunicaciones al Gobierno, éste, obrando en consonancia con los principios que había establecido, se prestó á las conferencias, y nombró un Ministro que se dirigió á Jalapa para tratar con el de S.M. el Rey de los franceses.

El Gobierno había protestado el 30 de Marzo, que no se tomaría en consideración el ultimátum mientras no se retirasen de nuestras costas las fuerzas navales francesas. Claros son los motivos en que se apoyó tan honrosa como inevitable resolución, y están, además, bien explicados en la respuesta que dio entonces el Ministro de Relaciones Exteriores, al Encargado de los negocios-de Francia. La misión del Plenipotenciario francés y la negociación que promovía, eran de muy diferente naturaleza que la primera intimación que contenía la amenaza de bloquear los puertos mexicanos y autorizaba al Gobierno para no insistir en el retiro de las fuerzas francesas: manifestó, no obstante, la conveniencia de que cesase este obstáculo para que las conferencias adquiriesen un carácter completamente conciliatorio; mas el Contraalmirante Baudin contestó que no le era posible retirarlas conforme sus instrucciones. El Gobierno, para evitar que la Nación tomase sobre sí la inmensa responsabilidad de los mayores males que la guerra debía causar á los demás países, no hizo de este preliminar una condición sine qua non, privando así de pretextos á los que pretendieran calificar desfavorablemente su conducta. Podía decirse que la Francia había cedido en no llevar adelante sus protestas, y fue prudente modificar en un punto no substancial la resolución del Gobierno Mexicano. Es incuestionable que México, lejos de oponerse á los medios de conciliación, los ha procurado sin mengua de sus derechos; y las memorables conferencias de Jalapa, presentan de esto un brillante testimonio.

El Pleniponteciario mexicano, animado de este espíritu, se prestó á las concesiones que el carácter franco y generoso de la Nación permitía, y resistió enérgicamente las propuestas inadmisibles del Ministro de Francia. El corto término que éste fijó para la conclusión de las conferencias, las pretensiones exageradas en que insistió, y la forma que daba al convenio, injuriosa en alto grado para la República, manifestaron que ni su misión diplomática, ni sus primeras protestas al Gobierno Mexicano estaban en armonía con las intenciones que aparentaba al tratarse por parte de México de una transacción decorosa. Evidentes han sido los testimonios de nuestra sinceridad y de nuestra buena fe, para llegar á un arreglo, aun á costa de sacrificios que no se debían ni al derecho ni á la justicia, pero que eran conciliables con la dignidad de la Nación. Por parte de Francia se advertían sensiblemente ataques á las prerrogativas y soberanía de la República, y que estaba decidida á no corresponder francamente á los sentimientos pacíficos y benévolos de un pueblo que admitió una negociación que se decía honrosa, y que se sobrepondrá siempre á las amenazas á las exigencias del orgullo y del poder enemigo.

Concluidas las conferencias de jalapa y declarado por el Plenipotenciario francés el rompimiento de las hostilidades si no se accedía á sus demandas, el de la República le acompañó la convención en que se consignaron aún nuevos esfuerzos de la Nación en obsequio de la paz. Las conferencias de jalapa han realzado las intenciones del Gobierno, y su Plenipotenciario recibió una completa y señalada aprobación.

No aceptadas las propuestas de México, y rotas las hostilidades por las fuerzas francesas contra la fortaleza de Ulúa y plaza de Veracruz, ha comenzado la guerra de mayor escándalo de que hará mención la historia de 1m; tiempos modernos. San Juan de Ulúa, cuya defensa se confió á jefes y tropas valientes, capituló honrosamente después de una vigorosa resistencia. Un revés tan común entre los azares de la guerra, no priva de un solo derecho, y será reparado por triunfos sucesivos. El obtenido en Veracruz el día 5 de Diciembre ha manifestado hasta dónde alcanza el arrojo y entusiasmo de nuestros valientes. Un General, tan distinguido por sus servicios á la causa gloriosa de la Independencia, rechazó vigorosamente al enemigo que asaltó á la plaza, violando el compromiso que se hallaba pendiente. Los franceses, cuyo número era notablemente superior al de nuestras tropas, fueron derrotados y sufrieron el castigo de su temeridad. La victoria coronó las sienes de los ilustres defensores de la emancipación; y si las heridas que recibió el Benemérito de la Patria, General Santa-Anna, no hubieran puesto en riesgo su existencia, la noticia del suceso hubiera difundido por todas partes el regocijo más puro, con un elevado sentimiento de cuanto vale un pueblo que es libre y quiere serIo.

Resulta por el gobierno francés la cuestión de la paz ó de la guerra, á esta debemos prepararnos después de rotas las hostilidades, poniendo en acción todos los elementos con que la República cuenta felizmente para su defensa. El terreno en que hemos nacido se sostendrá palmo á palmo, y ni un solo mexicano, digno de este nombre, dejará de tomar las armas ahora que se ven comprometidos derechos que no se pueden renunciar y deberes que es indispensable cumplir. El Gobierno, señores, con vuestro apoyo y con el de la Nación entera, esta firmemente resuelto á que sea grande é imponente el esfuerzo en esta lucha, de honor ahora y de gloria futura para la Patria. Si 1 a Francia adoptase una política conciliadora para con la República mexicana, el Gobierno ocurrirá á vosotros, legisladores, á manifestaros lo que sea justo conceder en su opinión, y lo que sea justo negar. La confianza del Ejecutivo en vuestras resoluciones, es igual á la que habéis merecido de los pueblos.

Me complazco al aseguraros que las naciones amigas de la República continúan manifestando el interés más vivo y cordial por su prosperidad, y que otras no unidas todavía por tratados con ella, desean celebrados para estrechar más y más las relaciones de benevolencia que felizmente existen.

El Gabinete de San James ofreció su mediación al de Tullerías para terminar las diferencias con México, y esta mediación desgraciadamente no ha sido aceptada. El presidente de los Estados Unidos de América no ha brindado con su mediación al gobierno francés, solamente por guardar consideración al de S. M. B. que se había anticipado; pero también explicó su eficaz deseo de que por medios honrosos para ambos países, se llegue á un acomodamiento definitivo. México estima y agradece estas demostraciones de simpatía que le son dadas por dos naciones que tan noblemente figuran en el catálogo de los pueblos civilizados.

Las Ciudades Anseáticas han empleado igualmente sus buenos oficios cerca de los gabinetes de San James y de las Tullerías para que sea admitida la mediación del primero: han sostenido, además, la ilegalidad del bloqueo de Veracruz, en una manifestación que han circulado al Cuerpo Diplomático, residente en Hamburgo. En correspondencia á esta conducta tan favorable á México, el Gobierno recomienda al Congreso Nacional la aprobación del tratado, tiempo ha pendiente, y que fue celebrado con el Senado de aquellas ciudades. Así se afianzan las buenas relaciones ya existentes con ellas.

En 10 de Septiembre del año anterior, se firmó en Washington una convención entre el gobierno de aquella República y el Plenipotenciario de la nuestra, para arreglar el modo de calificar y satisfacer las indemnizaciones que puedan ser debidas á ciudadanos de los Estados Unidos, por medio de Comisarios nombrados por cada gobierno, y de un arbitrador en caso de disidencia, que podrá sedo, según se ha estipulado, S.M. el Rey de Prusia.

Nuestras relaciones con Inglaterra continúan, como siempre, francas y amistosas. El Gobierno de la República, por su parte, ha tenido el placer de haber satisfecho en estos últimos tiempos á las reclamaciones de algunos súbditos ingleses, cuya legitimidad había reconocido de antemano. En opinión decisiva del Gobierno, formada después del más serio y detenido examen, el convenio celebrado en Londres por el Encargado de Negocios de la República, con los tenedores de Bonos, á consecuencia de la ley de 4 de Abril ge 1837, d.ebe ser aprobado, y es urgente que lo sea por las funestas trascendencias que producirá su anulación, y por exigido también la gratitud debida á la nación inglesa por lo intereses que ha invertido en nuestro país, y por su constante decisión á favor de nuestra prosperidad y engrandecimiento.

El Gobierno considera como una fatalidad que se hubiera abandonado el proyecto de reunir una asamblea de Plenipotenciarios de las Repúblicas del Continente Americano para arreglar el derecho Internacional de éstas, y adquirir por su unión la fuerza que pudiera faltarles aislando el poder y los recursos de cada una de ellas. La guerra en que se han empeñado algunas naciones del Sur, pudiera haberse evitado, del mismo modo que el escándalo que produce, si los derechos é interese se hubieran debatido en una asamblea que era por su naturaleza un arbitrador permanente y amigo. Preciso es reparar lo perdido, é insistir en la reunión de la grande Asamblea Americana, para lo que el Gobierno empelará sus más prontos oficios con la cooperación del Poder Legislativo.

Volviendo la vista a la situación interior de la República, no es por desgracia tan halagüeña como exigen imperiosamente sus compromisos en una guerra extranjera. Afortunadamente no aparece diferencia de opiniones acerca del punto vital de nuestra defensa; y es de esperar que el llamamiento de la Patria en su gran conflicto, correspondan los hombres de todos los partidos con las renuncias de sus pretensiones, dejando su arreglo para el día del triunfo. La unión es necesaria, y si para conseguida lo fuere reformar alguna de nuestras instituciones por medios constitucionales, la opinión lo dirá, el Gobierno lo propondrá, y las autoridades competentes, establecidas al efecto por la ley, podrán decirlo. Entretanto, el deber del Gobierno es hacer respetar las leyes, y esta obligación será plenamente satisfecha.

El Ejército ha merecido bien de la Nación, peleando por la integridad de su territorio y por su independencia, conservando el orden interior y sometiéndose á las duras privaciones de que sólo es capaz el heroico sufrimiento del soldado mexicano. El Gobierno ha pedido recompensas para el Ejército, é insta de nuevo al Congreso con el más ferviente anhelo para que se le concedan. Facultado el Ejecutivo para su arreglo, están al concluirse sus trabajos, yen breve esta noble institución llenará su objeto, afianzándose la suerte de los valientes que sirven á la Patria, contribuyendo á que la de ésta sea grande, prospera y feliz.

Es muy conveniente que se autorice el Ejecutivo, como ha solicitado, para expedir un reglamento de corso en el que se respeten los tratados celebrados con las naciones amigas y los principios del derecho de gentes.

Infructuosos han sido los esfuerzos empleados hasta aquí para arreglar un plan de Hacienda que asegure recursos estables y haga cesar la necesidad de solicitarlos en el día mismo en que son urgentes. El Gobierno presentará a vuestra deliberación el que ha concebido, y espera que de vuestras manos saldrá una obra que satisfaga a una necesidad y á un pensamiento que no se pueden abandonar. Inconcebible parece que la deuda interior haya sido desatendida hasta ahora, y como su arreglo es preliminar al de la Hacienda, el Gobierno presentará la correspondiente iniciativa para que el Congreso Nacional pueda disfrutar de la gloria de hacer contemporánea su existencia con la del crédito público.

Solamente un pueblo tan dócil como el mexicano ha podido conservarse sin policía. El establecimiento de ésta se halla identificado con la vida de la sociedad, y el Gobierno, al recomendarlo, desea también que los ladrones y asesinos puedan ser castigados severa y prontamente. La absoluta independencia en que hoy está el Poder Judicial del Ejecutivo, priva á este último de un gran medio de acción, y sanciona el contra principio de que la autoridad responsable del orden y seguridad interior carezca de los elementos precisos para sostenerlos.

La primera dificultad que se nos presentó al erigimos en Nación soberana é independiente, fue la de dar instituciones liberales y dignas del siglo, á un pueblo cuya educación se había descuidado. Los gobiernos que tan rápidamente se han sucedido en la República, no han podido aplicar debidamente su atención á un ramo tan esencial para el progreso de las naciones, y hoy desgraciadamente nos encontramos con pocos adelantos y sin un plan que pueda prometer, al menos para un tiempo futuro, la ilustración de todas las clases del pueblo.

La más pobre ha sido la más desatendida; y el Gobierno, que mira la educación primaria como una condición indispensable para vivir en sociedad, consultará un plan de que se ocupa para generalizarla, sin descuidar la adquisición y la perfección de las ciencias. Muy felices son las disposiciones del genio mexicano, pero no pueden desarrollarse sin eficaz empeño y protección.

Los Secretarios del Despacho os presentarán los trabajos y designios del Gobierno en todos los ramos de la administración pública.

¡Ciudadanos Representantes y Senadores! La guerra que nos hace la Francia debe ser fecunda en importantes resultados. La base de la política del Gobierno en tales circunstancias, será la firmeza que no excluye a la moderación. La base del Gobierno en la política interior, es la de que la paz y la unión de todos los mexicanos se procuren francamente y á costa de cualesquiera sacrificios. La Nación os ha confiado sus gloriosos destinos. Ella espera que logréis presentarla fuerte y noble para con sus enemigos exteriores; tranquila y dichosa en su territorio, siempre respetable en sus relaciones con los otros pueblos, por leyes y costumbres propias de la civilización del siglo. -Dije.