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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1836 Informe del presidente de los Estados Unidos Andrew Jackson (Fragmento)

Diciembre 5 de 1836

En la contienda entre el gobierno de México y la provincia de Texas, los Estados Unidos están siguiendo la misma norma de conducta que habían seguido antes de reconocer como independientes de España a las repúblicas latinoamericanas. No debe de sorprendemos que los habitantes de los Estados Unidos puedan sentir una fuerte predisposición hacia una de las partes en conflicto. Sin embargo, este hecho nos obliga a conducirnos con mayor cautela y a no caer en el error de que la política pública sea regulada con parcialidad y perjuicio. También, dado que el resultado de la contienda tendrá un importante impacto entre nosotros, nos debemos cuidar de anticipar lo que pasará y debemos evitar controlarlo. A pesar de que el conocido deseo de Texas de formar parte de nuestro sistema político es altamente gratificante, es indispensable primero conciliar varios intereses en conflicto para no exponerse a una mala interpretación ante los ojos del mundo. Hay personas que, no obstante sus principios, están siempre prontas a endilgar sus ambiciones a otros, y nos acusan de designios perversos, así como de profesar una conducta insidiosa. Ustedes podrán percatarse, por los documentos anexos, que he dado por terminada la misión diplomática en México, con fundamento únicamente en las obligaciones de este gobierno hacia sí mismo y hacia México y de conformidad con lo que disponen nuestros tratados. Tomando en cuenta lo anterior, me he vista obligado a confiar en la facultad discrecional de un alto oficial de nuestro ejército, para avanzar en caso de necesidad en el territorio reclamado como parte de Texas, para proteger las poblaciones fronterizas de las depredaciones de los indios. En opinión de un funcionario mexicano, que recientemente abandonó Washington, el honor de su país se vería lastimado con la entrada de soldados norteamericanos en territorio mexicano, aun cuando éstos tengan propósitos venerables. La partida de este ministro es muy significativa, puesto que se le informó que los motivos que tuvo el general en jefe de Nacagdoches fueron puestos seriamente en duda por mi persona y que habría tiempo para determinar la falsedad o la veracidad de lo ocurrido, constatando que lo que se hizo estuvo en perfecto acuerdo con los principios aceptados en conferencia del secretario de Estado con el ministro Gorostiza. Esperamos que el gobierno de México se forme una opinión más desapasionada de este hecho y que no lo interprete como una usurpación de sus derechos o una mancilla en su honor.

Es mi deber recordarles que no se han tomado las disposiciones para poner en ejecución nuestro Tratado con México en lo que toca al trazado de la línea divisoria entre ambos países. Cualesquiera que sean las perspectivas de que México pueda pronto ejecutar su parte del Tratado, lo oportuno es que, en lo que a nosotros respecta, estemos preparados en forma anticipada y en todo momento para cumplir con nuestras obligaciones, sin importar la condición de aquellos con los que las hemos contraído.