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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1833 El General D. Antonio de Santa-Anna al tomar posesión del gobierno

Mayo 16 de 1833

Ciudadanos Representantes de la Nación:

Elegido por los Estados Unidos Mexicanos, depositario del Supremo Poder Ejecutivo, he jurado ante Dios y el pueblo el exacto y leal cumplimiento de mis obligaciones. Este voto sincero de mi corazón no será cumplido sin los auxilios de la benévola Providencia, que gobierna la suerte de las sociedades. Ella nos ha asistido en la lucha que precedió á la conquista de la independencia; nos favoreció en el recobro de la libertad perdida, y hoy nos concede que mi administración comience bajo los auspicios halagüeños de la paz, reinando la concordia entre una mayoría inmensa de ciudadanos. Imploro sumiso la continuación de sus favores sobre esta nación que me distingue con su mayor confianza, y que me sea permitido cooperar cuanto deseo á su prosperidad y engrandecimiento.

Necesario me es también el apoyo constante de los mexicanos. Su voluntad irresistible me confiere un puesto de sublime honor, en la ardua empresa de regir los destinos de más de siete millones de hombres libres, me faltan los talentos y experiencia que supone. Ocurriendo al pueblo, única fuente de autoridad y de poder, doy un testimonio franco y solemne de obediencia á sus mandatos.

¡Representantes, magistrados, soldados, ciudadanos! El único y sagrado objeto de toda mi vida ha sido, yo os lo juro, afianzar á los mexicanos el pleno goce de los derechos que constituyen la felicidad pública, romper el triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio. Mi alma se ha colmado de júbilo en los triunfos de la libertad, que nadie podrá arrancamos, y á cuya benigna sombra progresan y se consolidan los principios eminentemente sociales.

Mi promesa de guardar y hacer guardar la Constitución de la República, es una garantía más de su inviolabilidad. La considero como el título auténtico del mando supremo, como el principio de organización, fundamento de estabilidad, como lo fue de esperanza en nuestros naufragios políticos. No sucumbiría, sin contradecirme á mí mismo, á las ilusiones de la ambición. Amante de la verdadera gloria, la cifro en mantener al pueblo en la tranquila posesión del Código que quiso darse para su dicha.

El genio tutelar de México inspiró á sus legisladores la prudencia y acierto de preferir el sistema de Gobierno en que subdividiéndose el ejercicio del poder, son vanas todas las pretensiones de la tiranía. El interés general se sostiene en él por la sabia combinación de los intereses locales: abunda en elementos propios para contentar las pasiones políticas sin producir desorden, porque multiplicando funcionarios ensancha la esfera al mérito y al talento, al paso que aumenta los agentes de la administración y los defensores de los derechos establecidos. Vuelvan la cara á Tampico y presencien la humillación del General español, los que temieron la falta de toda energía en un sistema que no menoscaba la fuerza y la acción. Los que veían en su adopción el reinado perpetuo de la anarquía, confiesen que le somos deudores de la prodigiosa facilidad con que se restablece la calma en nuestras deshechas tormentas. Resuelto ya el problema de su conveniencia, no consentiré que se repitan peligrosos ensayos, ni que se atreva alguno á presentamos como esperanza de salud el cetro de un tirano doméstico ó extranjero, ú otra forma de Gobierno que la aclamada espontáneamente por la Nación.

El momento de asegurar el reposo llegó, y nunca cesaré de procurar este resultado que la humanidad y la filosofía se prometieron de la última revolución. La libertad política sin los excesos de la anarquía, la libertad civil sin menoscabo de los derechos individuales, la libertad de prensa sin la difamación, la igualdad ante la ley sin la confusión del virtuoso con el criminal, son los frutos de doce años de penosa experiencia y los beneficios que procuraremos transmitir á nuestra remota posteridad.

Mi administración será dulce, tanto como es mi carácter suave y tolerante. Protesto que el ejercicio del Poder público, no será en mis manos un instrumento de venganza y opresión. Pero elevado un muro invencible contra los abusos de autoridad, yo sabré mantener elevado otro, contra los que aspiren á la subversión de la sociedad.

El convenio de la Hacienda de Zavaleta, formado en la mayor angustia de la Patria, puso término á los horrores de la guerra civil, reconcilió voluntades que se creyeron enajenadas para siempre, restituyó su marcha al sistema constitucional, frustró las miras perversas de los enemigos de la Independencia, que se gozaban en los males de la anarquía; Remitido á la sanción de las Cámaras, como era deber hacerlo, la resolución que dictaren, y cuya urgencia recomiendo á su sabiduría, será sostenida fiel y puntualmente.

La religión, dada por su autor para el bien de los hombres, el mejor legado de nuestros padres, freno de las pasiones antisociales, apoyo y sostén de la libertad del hombre, de los derechos del ciudadano y de la independencia de las naciones, será respetada por deber y por convencimiento.

El Ejército, compuesto de tropas permanentes, activas y nacionales, continuará siendo un firme sostén de las instituciones, y mi Gobierno, recordando su mérito y su antigua gloria, impetrará de los legisladores su reorganización, conforme á nuestras necesidades, y la recompensa á que sea merecedor.

La educación, elemento vital de la prosperidad de las naciones, merecerá el primer cuidado de mi Gobierno, para que sea digna la Nación de su elevado rango, y se prepare la existencia de un pueblo que pueda gozarse con la memoria de sus benefactores.

Mi política para con las naciones que viven en paz y armonía con nosotros, está bajo de la base de la más estricta reciprocidad, justa, imparcial é inalterable. La paz es un beneficio del género humano y será conservada mientras lo permita la dignidad nacional.

¡Representantes de la soberanía de la Nación! Mi fe política es sencilla, y rectas mis intenciones. Amparadme con vuestras luces y el favor del pueblo, de que sois la porción escogida, en el empeño de promover á costa de la misma vida, su libertad y su ventura. -Dije.