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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1832 Plan de Lerma.

Abril 27 de 1832

El general Ignacio Inclán en abril de 1832 fue más allá del Plan de Veracruz. Al interpretar que los males que aquejaban a la Nación derivaban de la ruptura con la constitucionalidad iniciada al imponer como presidente al general Vicente Guerrero en 1828. Por ello el artículo más importante insistía en no reconocer otro gobierno legítimo que el electo constitucionalmente en 1828. Fue este el primer documento que aludió a Manuel Gómez Pedraza. 27 de abril de 1832.

Todas las desgracias en que actualmente se halla envuelta la república, traen su origen de la errada dirección que en Jalapa se dió al movimiento nacional, promovido por el ejército de reserva. Allí se juró con solemnidad y universal alegría, restablecer el imperio de la Constitución, destruida por los acontecimientos que trastornaron el orden legal de la elección verificada en el general don Manuel G. Pedraza, para primer magistrado de la Nación. Nadie creyó que derribada la administración que entonces consistía, se dejaran subsistir los mismos vicios de ilegitimidad que habían ocasionado su ruina, porque al fin de la revolución no podía justificarse contra el gobierno que de hecho regía a la república, sino por la falta de títulos legales con que se había instalado; supuesto que sus aberraciones en el ejercicio del poder habían sido tan graves, que no dejasen otra esperanza de remedio, que el peligroso no recurso de las armas, ni puede admitirse el principio destructor de todo orden social, de que cualquiera falta de los gobernantes autoriza a los súbditos para substraerse de su obediencia y resistirlos con la fuerza. La ilegitimidad, pues, con que el general Guerrero subió a la presidencia de la República, fué la única razón que dió a la proclamación de Jalapa el carácter de justicia que reconoció toda la nación, y sancionó la declaración del Congreso General. En concurrencia simultánea de toda la nación, no hicieron más que sustituir una nulidad a otra, y pensando que con el prestigio del poder sería fácil deslumbrar la vista, aún dé los que más de cércalos observan, se erigieron ellos mismos en gobierno a la sombra de un general que quiso prestar su nombre a la obra de una nueva usurpación, con la cual no era posible que la Nación se conformase.

La desastrosa guerra del Sur, fué el primer efecto de los desearnos a que se dejaron conducir los proclamadores de Jalapa; como el general Guerrero, que acababa de ser sustituido, se puso al frente de los disidentes, no fué difícil al Gobierno dar a su empresa un aspecto de personalidad, como si tratara solamente del restablecimiento de un hombre cuya suerte no debía prevalecer sobre la opinión de toda la nación. A favor de este pretesto se sostuvo por dilatado tiempo la guerra; élla habría continuado, si la traición más horrible de que hay memoria en las historias, no hubiese venido a ponerle un término más funesto que la misma guerra. La Nación vio comprometidos sus más caros intereses en manos de un gobierno que se había ostentado sin embozo conculcador de todos los principios de moralidad y decencia. La indignación pública se hizo oír por todas partes, hasta que rompió en una guerra declarada, que sólo puede concluir la verdadera observancia de la Constitución. Si el caudillo de Veracruz es sincero en sus protestas, convendrá en la necesidad de legitimar al Gobierno de la República que es el único medio de volver al camino del orden; más si como suponen sus enemigos, es solo movido por miras personales, esta es la mejor ocasión de descubrirlo, y la nación ansiosa de paz y reposo, reunirá sus esfuerzos para frustrar sus planes liberticidas. Convencidas las tropas que tengo el honor de mandar, de esta verdad, han convenido en hacer las declaraciones siguientes:

1º.- Se ratifica el juramento de obediencia a la Constitución y leyes generales.

2°.- En consecuencia, no se reconoce más gobierno legítimo, que el que conforme a la misma Constitución fue electo en 1828.

3°.- Se comunicará oficialmente esta determinación al actual gobierno de México y al general Santa-Anna; y si por parte de uno u otro hubiere oposición, será combatido con las armas, hasta poner a la República en el pleno goce de sus derechos.

4º. - Mientras de común acuerdo se arreglan los términos de llevar a efecto lo indicado en el artículo 2o. esta división conservará una perfecta neutralidad, sin dar auxilio a ninguna de las partes beligerantes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Planes de la Nación Mexicana. Libro 2, pág 120.