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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1828 Carta de Vicente Rocafuerte y petición de  Robert Owen para que se le ceda Coahuila y Texas.

Londres, 15 de octubre de 1828.

 

 

Legación de los Estados Unidos Mexicanos cerca de su Majestad Británica.

Excmo. Sor.

Mr. Owen, sujeto muy conocido por sus ideas filantrópicas, por su mérito para el establecimiento de Colonias, y su perseverancia en introducir un nuevo sistema social mejor calculado que el actual, para promover la felicidad del hombre, me ha presentado la solicitud que tengo el honor de remitir a V.E. Como su plan es demasiado vasto, y no está suficientemente determinado ni contraído a un objeto de inmediata utilidad, no he fomentado sus esperanzas de éxito. Aunque convengo en la exactitud de sus ideas, la hermosura de su teoría, me parece impracticable en el estado actual de nuestra población. El pide que el Gobierno le ceda la Provincia de Texas para hacer sus ensayos morales que tienen por objeto abolir las rivalidades comerciales; los odios políticos y religiosos, fijar la paz por medio de la abundancia la que circulará en todos los rangos de la sociedad con la feliz aplicación del trabajo y de la industria, dirigida a las ciencias y progresos de la actual civilización. Yo le he prevenido que su solicitud es inadmisible, y que desde ahora debe contar con la negativa del Gobierno; a pesar de todo él piensa marchar por el próximo paquete. Yo sentiré que emprenda un viaje tan largo sin la menor esperanza de realizar su proyecto, que aunque es muy hermoso, muy plausible y muy filantrópico en el papel, es inverificable en la práctica.

Londres, 15 de octubre de 1828. Dios y Libertad

Vicente Rocafuerte.

Excmo. Sr. secretario de Estado
y del despacho de Relaciones Exteriores.

 

MEMORIAL A LA REPÚBLICA MEXICANA Y AL GOBIERNO DE COAHUILA Y TEXAS

Me dirijo a vosotros para hablaros de un asunto enteramente nuevo, y con el carácter de ciudadano del mundo.

Habéis establecido la República para mejorar la condición de los habitantes de México.

Habéis tropezado ya con obstáculos formidables que retardarán, ya que no impedirán, la realización de vuestros deseos hasta donde la anheláis.

Todos los pueblos tienen dificultades para alcanzar el progreso y para mejorar su condición, y aspiran a vencerlas.

Voy a someter a vuestra consideración algunos medios que os proporcionarán el modo de hacer desaparecer las dificultades de que estáis rodeados y de ayudar a otros para que desaparezcan las suyas.

En una época temprana de mi vida, descubrí que el fundamento de todas las instituciones humanas es el error y que ningún beneficio duradero puede haber para la raza humana hasta que ese fundamento deja de existir para ser reemplazado por otro mejor.

Que las preocupaciones de todos los pueblos vienen de su educación  o          de las circunstancias generales o particulares que atravesaron desde la infancia a la virilidad.

Que para acabar con esas preocupaciones debe adoptarse una nueva línea de conducta, a fin de que la población del mundo pueda conocer los errores que la rodean y el alcance de los males que continuamente esta alimentando con daño suyo y de su posteridad.

Después de leer y meditar mucho sobre estos puntos, hice numerosas experiencias para distinguir por medio de los hechos, la verdad del error.

Estas experiencias han continuado sin interrupción durante cerca de cuarenta años y me han revelado la causa de la inquietud y de los desengaños de todos los pueblos. Ellas demuestran que la verdadera naturaleza de hombre no se ha comprendido, y que, en consecuencia, ha sido educado desde la infancia para pensar y obrar erróneamente y para producir el mal en lugar del bien.

Que el hombre no es un ser capaz de conocer por sí mismo la verdad  o la mentira, o de amar u odiar a las personas o las cosas, sin tener en cuenta las sensaciones que producen en su organización individual.

Que hasta ahora se ha supuesto que tiene esa facultad, y bajo ese supuesto, se le ha creado, educado y gobernado.

Que se le ha hecho creer que él mismo ha formado su carácter, cuando los hechos demuestran, que en todos los casos el carácter se forma para cada individuo de la raza humana, sea chino, turco, europeo, americano o de cualquier otra parte.

Que debido a este error se ha formado en todos los tiempos y en todos los países de una manera defectuosa el carácter del hombre.

Que hoy existen todos los medios para que se forme, en cada individuo de una manera superior a cuanto hasta ahora ha existido.

Estas experiencias y otras de que me ocupo demuestran también, que la facultad de producir riquezas o verdadera opulencia, existe hoy de modo que basta a satisfacer superabundantemente los derechos humanos; que esa facultad adquiere cada año mayores proporciones y que no pueden fijarse límites a su desarrollo.

Que sólo se requiere dirigir bien o con inteligencia esa facultad, para librar a los habitantes de todos los países de la pobreza o del temor de no obtener siempre de una manera segura todo lo que sea mejor para la especie humana, según lo acredita la experiencia.

Con los hechos desarrollados por estos experimentos puede llegarse al conocimiento de las dos ciencias más importantes a la felicidad humana.

Primero, la ciencia de formar un carácter superior en los niños en quienes se aplique esa ciencia según su educación y circunstancias.

Segundo, la ciencia que, aplicada desde la infancia a la edad madura, eduque al hombre de manera que goce de la más completa seguridad desde su nacimiento hasta su muerte.

Ninguna de estas ciencias puede aplicarse plenamente bajo las actuales formas de gobierno, sean antiguas o modernas. En consecuencia se necesita una nueva comarca en que no existan las leyes, instituciones y preocupaciones conocidas, para fundar este nuevo estado de la sociedad.

El Gobierno y el pueblo de la República Mexicana poseen esa comarca que es muy a propósito para el objeto, en la provincia o estado de Coahuila y Texas.

Su situación, su suelo y su clima, y la condición y estado actual de sus pobladores, hacen que aquel sea el punto más a propósito del globo para establecer ese gobierno modelo que hará un beneficio a todos los demás gobiernos y a todos los pueblos; pero más inmediatamente a las Repúblicas americanas del Norte y del Sur.

El que suscribe pide que se ceda libremente la provincia de Texas y Coahuila a una sociedad que se formará con el fin de realizar este cambio radical en la raza humana, garantizando la independencia de aquella provincia la República Mexicana, los Estados Unidos y la Gran Bretaña; y lo pide por las consideraciones siguientes:

1. Que es una provincia fronteriza entre la República Mexicana y los Estados Unidos, que está ahora colonizándose con circunstancias que pueden producir rivalidades y disgustos entre los ciudadanos de ambos Estados y que muy probablemente, en una época futura terminarán en una guerra entre las dos Repúblicas.

Sólo esta consideración, según opinan muchos estadísticos de experiencia, haría que fuera una medida juiciosa que México aceptara para la provincia el nuevo arreglo que se propone.

2. Que esa provincia, colocada bajo el régimen de esta sociedad, se poblaría pronto con gente de costumbres, educación e inteligencia superiores, y cuya mira principal sería no sólo conservar la paz entre las dos Repúblicas, sino demostrar los medios por los cuales las causas de guerra entre todas las naciones desaparecerían, quedando asegurados para cada uno los fines que se esperan obtener con la guerra más afortunada.

Que el progreso se iniciaría en ese nuevo Estado con la introducción en el de gran número de individuos, escogidos por su superioridad en industria, habilidad e inteligencia, contribuiría a que se hicieran también rápidos progresos en las ciencias y en el verdadero saber en todos los estados de la República de México y en las Repúblicas vecinas suyas, con lo cual se adelantaría de un modo desconocido hasta hoy en el camino de una nueva civilización tan superior a la antigua como lo es la verdad al error.

Y por último, que una población instruida y de buena índole será de más utilidad y de más importancia para la República de México que un territorio sin gente o con una población de carácter y conocimientos inferiores.

Es de esperarse también que el nuevo Gobierno modelo demostrará pronto que todos los nuevos Estados tienen más territorio del que pueden poblar u ocupar por muchos siglos.

Por estas razones y estas consideraciones, el que suscribe abriga la esperanza de que hay causa plena y suficiente para conceder la provincia de Coahuila y Texas a la Sociedad, cuya constitución y naturaleza va a explicar.

La sociedad se formará de individuos de cualquiera nacionalidad cuyo ánimo sea tan ilustrado que se haga superior a las preocupaciones de localidad, y su único objeto será mejorar la condición del hombre, demostrando prácticamente como debe de ser criado, educado, empleado y gobernado de conformidad con su naturaleza y las leyes naturales que la rigen.

En consecuencia será una sociedad que prepara los medios de poner fin a las guerras, a las animosidades religiosas y a las rivalidades mercantiles entre las naciones, y a las disensiones entre los individuos; para que la actual población del mundo pueda verse libre de la pobreza o del temor de ella; para formarle un carácter enteramente nuevo a la próxima generación instruyéndola por medio de la investigación de los hechos en el conocimiento de su naturaleza y de las leyes inmutables que la rigen; dando así por resultado en la práctica "La paz en la tierra y la buena voluntad hacia los hombres".

Esta aspiración, tiempo hace anhelada por el género humano, no puede realizarse con los Gobiernos, leyes o instituciones que existen en el mundo, porque están todos y cada uno, fundados en las mismas ideas originales y erróneas sobre la naturaleza humana y la manera de gobernarla bien.

El aumento de los conocimientos humanos, el progreso de las ciencias y, más que todo, los prodigios de las invenciones mecánicas y de los descubrimientos químicos, que evitan la necesidad de mucho trabajo manual, exigen hoy en cambio, en el gobierno del mundo, una revolución moral que mejore la condición de los productores y les impida destruir, por medio de una revolución física, a los no productores.

El que suscribe podrá dar consejos sobre el modo de hacer los arreglos necesarios para realizar estos grandes objetos y contribuir a que la sociedad ejecute sus designios, porque ha consagrado mucha experiencia a esos asuntos.

Con sus experimentos en Inglaterra y Escocia, ha averiguado los principios de la ciencia, por medio de los cuales se puede formar un carácter superior a los niños que no están enfermos física o moralmente, y con los que pueden crearse grandes riquezas para todos y sin daño de nadie.

Con sus experimentos en los Estados Unidos, ha descubierto las dificultades que las instituciones y las preocupaciones que hoy existen han creado entre la población adulta para cambiar el antiguo modo de ser de la sociedad por el nuevo, con las leyes y las formas de gobierno actuales.

Así, se ha convencido de la necesidad de comenzar la regeneración del modo de ser de la raza humana, en un país nuevo en que las leyes y las instituciones se formen de acuerdo con los principios en que se funda esta gran mejora.

Todos los Gobiernos del mundo están profundamente interesados en el asunto. El gran progreso intelectual y en descubrimientos científicos hace inevitable en todos los países una revolución moral y física. El ejemplo de la República de Norteamérica ha demostrado a las personas inteligentes de los Estados de que aquella se compone, que cualquier Gobierno basado en elecciones populares, tiene en sí mismo el germen de continuas agitaciones, divisiones y corrupciones y que sólo puede tolerarse por ser el medio mejor conocido para hacer adelantar a las sociedades con la educación superior de todas las clases, enseñándolas a gozar, de la manera más racional, de las riquezas que aprenderán fácil y agradablemente a crear por procedimientos científicos sistemáticos.

En consecuencia con el establecimiento del Gobierno modelo en Texas, las revoluciones en los Estados antiguos o nuevos, serán inútiles. Es de desear para todo el mundo que nunca haya revoluciones, y que las mejoras que aumentan en la época en que vivimos, se hagan sin violencia por los Gobiernos establecidos de todos los países que deriven sus conocimientos del ejemplo de un pueblo consagrado a adelantar, sin que lo impidan los errores y las preocupaciones.

Así no sólo obtendrá la República de México incalculables ventajas Para sí misma sino que tendrá medios eficaces para impartirlas a otros Estados y a otros pueblos.

El que suscribe pide sólo que se e proporcionen los medios de emplear la experiencia que ha adquirido en beneficio de sus semejantes. Nada pide, nada quiere para sí mismo.

Septiembre de 1828.

Robert Owen.

FUENTE: Secretaría de Relaciones Exteriores. Archivo General. Año de 1828.
Exp. H/554 (73 "828").

Nota. Owen estuvo en México en noviembre porque se le prometió un terreno, pero el gobierno mexicano rehusó entregarlo en cesión y Owen rechazó poblarlo con gente de religión católica como pretendían las autoridades mexicanas. El proyecto se esfumó, pero su frase de “ocho horas de trabajo, ocho horas de recreación y ocho horas de descanso” se reflejará, menos de un siglo después, en el espíritu de la legislación laboral mexicana.