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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1826 El general Guadalupe Victoria, al cerrarse las sesiones ordinarias.

23 de Mayo de 1826

CONCIUDADANOS DEL SENADO Y CÁMARA DE REPRESENTANTES:

La Providencia del cielo, en los meses que han pasado de este año, ha continuado sus bendiciones á la República. La suma felicidad del año de 1825, se menoscabó en parte por las tristes consecuencias de la peste, y ahora reina la salud más completa. El año se adelanta satisfaciendo todas las esperanzas del labrador. Las riquezas, independientes de la vicisitud de las estaciones, obedecen al imperio del cálculo y halagan visiblemente las esperanzas. En el seno de la paz más profunda se gozan los bienes que el Ser Supremo nos ha dado. Yo le tributo el tierno homenaje de la gratitud nacional.

En este breve período, nuestras relaciones exteriores no se han alterado de un modo sensible.

El Gobierno de España, sordo á los consejos de la razón y á los de su propia utilidad, no ha cesado de manifestar la torpeza de su política, verdaderamente obstinada. A pesar de la escasez de la Península y del descrédito en que ha caído el Gabinete de Madrid por la falencia de sus compromisos, le hemos visto preparar expediciones, que han arribado á las Islas de Cuba y Puerto Rico, reparar sus buques de mayor porte y construir otros nuevos en los astilleros de España. El Consejo de Estado, recientemente instalado, se deb6rá ocupar de los negocios de América y en excogitar arbitrios para reintegrar á la Metrópoli en la posesión de sus soñados derechos. Asombra la energía que desarrolla el gobierno de Fernando VII siempre que se versan los intereses de las que fueron sus Colonias, cuando él apenas logra sostenerse en un trono que sacuden revoluciones continuas. La idea de un acomodamiento es remota, ni puede esperarse por ahora que España abandone los principios que arreglan su conducta. La rendición de la importante fortaleza del Callao y el triunfo de las armas de una República amiga en el archipiélago de Chilpe, han consumado la derrota de España; pero ella, en la agonía de su dominio sobre América, apurará los recursos que la desesperación alcance á poner en sus manos. Esta consideración envuelve la de que México no disfrutará en breve tiempo del reposo exterior que ha estado francamente dispuesto á ganar, por medio de una reconciliación, honrosa para la santa causa que defiende. Las miras benéficas de los Estados Unidos Mexicanos se extienden á querer contratar la paz con los enemigos más empeñados en prolongar la guerra, fatal á ellos mismos en todos sus resultados. La República, siempre victoriosa en la lucha contra sus antiguos dominadores, jamás transigirá con su decoro ni escuchará otra proposición que no sea la del absoluto reconocimiento de sus derechos. La sabiduría y previsión del Congreso han cerrado la puerta á las sugestiones y á las demandas que pudieran entablarse, con el apoyo de un suceso famoso de nuestros días, sobre indemnización, tributo ó exacción por la pérdida de la supremacía que España ejerció de hecho sobre estos países. Las Cámaras han dado una ley sobre la introducción de los súbditos del gobierno español en el territorio de la República, y esta medida interesante de policía, contribuirá á afianzar nuestra seguridad exterior. El Gobierno, que nunca ha cesado de considerar á la Nación en guerra con España, ha aumentado ó disminuido los preparativos de defensa á proporción que ella ha desplegado sus tentativas de agresión y ofensa. El Ejecutivo está seguro de haber hecho cuanto le correspondía hacer en uso de sus atribuciones, y cuando se han rozado las del Congreso, ha ocurrido oportunamente á manifestarle las urgencias y situación de la República. La guerra se sostendrá con el honor que se ha sostenido hasta aquí. El Gobierno confiesa con el placer más vivo que el entusiasmo de la Nación frustrará en todos sus tiempos y circunstancias los proyectos de sus pertinaces enemigos. En la guerra conquistaremos la paz. La paz con todo el mundo es el primero de nuestros votos.

El tratado de amistad, navegación y comercio con la Gran Bretaña, aunque hasta ahora ha ofrecido algunas dificultades que han retardado el fin apetecido de la negociación, es de esperar que se concluya pronto de un modo conveniente y ventajoso á las partes, y que ponga el sello á las relaciones que felizmente existen ya, y que se cultivan por una y otra, en el seno de la amistad más sincera. Cuando la buena fe y la franqueza presiden estas negociaciones, es fácil aproximar entre sí aun los intereses que parezcan más distantes. Otro tanto es de creer que se obrará por estos principios para poner en contacto y arreglar los de los Estados Unidos del Norte con los de este suelo. Siguiendo aquel Gobierno su sistema de comercio neutral bajo la base de una perfecta igualdad, ha resistido en el curso de las negociaciones la excepción que México deseaba establecer y ver generalizada en las Américas que dependieron de una misma Metrópoli, y que por su identidad de principios, de origen y necesidades hicieron causa común para auxiliarse mutuamente contra su propio enemigo. Aquellos Estados, aunque americanos en sus opiniones é intereses, tienen compromisos que respetar hasta cierto punto con las Potencias de Europa, compromisos que no existen para los Nuevos Estados que necesitan de auxiliarse en todos sentidos. Un documento oficial que acaba de aparecer á la faz de las naciones, ha esclarecido la política del gabinete de Washington en orden á la gran contienda de las Américas. La memorable promesa del Presidente Monroe contenida en su mensaje de 2 de Diciembre de 1823, no se sostiene por el actual Gobierno de los Estados Unidos del Norte, que paladinamente ha declarado no haber contraído ningún empeño ni hecho promesa alguna ú los Gobiernos de México y de la América del Sur de que los Estados Unidos no permitirán la intervención de ninguna potencia extrae jera en la independencia y forma de gobierno de estas naciones. Es cierto que Mr. Clay, Secretario de Estado y autor de la nota, apela á las simpatías del pueblo de los Estados Unidos y á la comunidad de intereses con las nuevas Repúblicas, pero no es menos cierto que desaparece la garantía de un compromiso por parte de aquel Gobierno, de empeñarse con nosotros en la lucha que provocase alguna potencia auxiliar de la España. La República Mexicana, al pronunciar su independencia de todas las naciones del globo, se apoyó en la santidad de los principios que invocaba, en los recursos inagotables de su suelo y en el valor tan denodado de sus hijos. Ella proclamó máximas de justicia universal y sus deseos de unirse á todos los pueblos por los vínculos de la amistad más íntima y de la reciprocidad de derechos y obligaciones. Ningún pabellón ha excluido de sus puertos, y su rico mercado permanece constantemente franco á las especulaciones de los súbditos de todos los países. Esta conducta filantrópica ha conciliado á los Estados Unidos Mexicanos la estimación y aprecio de las naciones, al paso que la tranquilidad del interior, y la libre circulación de sus riquezas, han robustecido sus elementos de defensa. El Gobierno de la República contempla fuera del círculo de las probabilidades que una potencia distinta de la España, acometa la empresa de turbar la pacífica posesión de una existencia que alcanzó el valor y resguarda una moderación sin límiles. Pero si contra toda expectación fuese profanado el suelo clásico de la libertad, México, por sí solo, bastaría á defender y á conservar sus títulos y sus derechos.

El Emperador Alejandro, en los últimos días de su vida, cuando descendía al sepulcro agobiado por el peso del dominio de la Europa, proclamó solemnemente sus principios, sus miras y sus intenciones respecto de la revolución americana. Mr. Clay anunció al gabinete de San Petersburgo las profundas consideraciones que comprometían á éste á intervenir en tan grave negocio. El Secretario de los Estados Unidos insiste en la idea de que la paz del inundo no será irrevocablemente asegurada mientras permanezcan las convulsiones y la lucha incierta de las Américas. Los designios del Gabinete de Washington le honrarán siempre, porque han sido dignos de su previsión, de su cálculo y de su filosofía. Los fundamentos de la Independencia americana se analizan con singular acierto, se difunde la luz sobre los hechos y se vaticina el desenlace final que se toca ya después de sucesos tan varios. Se esfuerza con valentía la necesidad de atemperarse á las circunstancias y al poder irresistible de una revolución triunfante. Se ostentan los recursos de los nuevos Estados y el temor de que la continuación de la guerra, de una guerra funesta á la misma España, pueda dar un giro pernicioso á ciertos intereses, á las fuerzas unidas de veinte millones de hombres comprometidos y vencedores. Nada se omitió de cuanto conducía á rodear los acontecimientos de una evidencia palpable. Debe confesarse, obsequiando á la justicia, que el Emperador de las Rusias no ha desoído una invitación que empeñaba su carácter generoso como regulador de los destinos de Europa. El Conde de Nesselrode, en nota de 20 de Agosto del año anterior, se limita á exponer, que las opiniones de S. M. no permiten que en este raso importante se preocupen ó anticipen las determinaciones de la madre patria; y que Rusia no podía dar una respuesta definitiva sobre la proposición. de los Estados Unidos, hasta que recibiese noticias positivas de las ideas ulteriores de España y de las intenciones de sus aliados. No se ignoran las máximas favoritas de un Gabinete que marchaba á la cabeza de las potencias ligadas, ni se ocultará, al que medite las frases de este célebre documento, que ellas no envuelven proyectos hostiles de la Rusia contra las modernas Repúblicas.

Ha ocurrido la presentación de un Agente superior para el comercio francés, autorizado por un oficial general de la marina de S. M. Cristianísima; y atendiendo á que falta á sus despachos la formalidad esencial de la sanción inmediata del Rey de Francia, y hasta ahora no ha sido admitido públicamente en París el Agente mexicano, ni se le reconoce en el carácter que representa por nombramiento de nuestro Encargado de Negocios en Inglaterra, he debido, por. el decoro y dignidad de la República, conformarme á los usos recibidos entre las naciones. Pero como la más exacta reciprocidad es la base de las operaciones del Gobierno americano, he mandado admitir al señor Alejandro Martín en la clase de Agente confidencial, que es la misma en que se considera al C. Tomás Murphi en la Corte de Francia. Dispuesto, además, á todo lo que pueda contribuir al sostenimiento y consolidación de la amistad con aquella potencia, he permitido por ahora á su Agente desempeñar sus encargos en cuanto á los intereses del comercio, mientras se le acredita en debida forma, según exigen los. intereses de dos naciones felizmente dispuestas á conservar y aumentar sus relaciones amistosas y pacíficas.

La patente expedida á favor del Sr. Luis Súlcer por el Ministro de Estado de las fábricas y comercio de S. M. Prusiana, en que se le nombra Agente de Comercio en la Capital de la República, se ordenaba á que promoviese los derechos é intereses de los

súbditos prusianos ante las autoridades superiores y subalternas de México, sin haberse dirigido al Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos, que es la Autoridad Suprema de que deben emanar exclusivamente las órdenes para el reconocimiento de los Agentes extranjeros y el ejercicio de sus funciones. Con sentimiento mío no ha llegado el caso de que reciba el Exequátur el nombramiento del Agente prusiano, y 1 uego que sea modelado por la práctica de todas las naciones, se firmará con esta solemnidad la buena inteligencia que hoy nada altera entre ambos países. Entretanto, la individualidad del Sr. Súlcer será considerada en los asuntos que puedan. ocurrir con respecto á los súbditos del Rey de Prusia.

Nuestro Enviado á Roma se halla detenido en Bruselas, desde donde dirigió al Sumo Pontífice una exposición sobre el contenido de la Encíclica de 24 de Septiembre de 1824. Allí procura indagar y conocer el ánimo de la Curia respecto de nuestras relaciones con la Silla Apostólica, según lo que obrare con el Ministro de Colombia, más avanzado en sus contestaciones; y por su parte suspende todo paso directo en su misión hasta que se le remitan las instrucciones, pendientes todavía en las Cámaras.

A principios de este año se completó la libertad del territorio de la República del Perú.

La República de Chile desalojó á los españoles de unas islas vecinas, incorporadas á aquel Estado por el triunfo de sus armas. Nuestras relaciones con su U obierno, fundadas en tantas simpatías, se han aumentado considerablemente.

Del fondo del sepulcro de los Incas ha nacido una República, que ha adoptado el nombre del primer Presidente de Colombia. Para presagiar la firmeza y estabilidad de su constitución, esperemos á que se marquen los pasos de su infancia. Es muy satisfactorio que las provincias del Alto Perú hayan aplicado á favor de su independencia de España, el mismo glorioso entusiasmo que todas las Repúblicas, sus hermanas.

El reconocimiento de la Independencia del Brasil por el Rey de Portugal, es un suceso de inmenso valor en la historia de nuestros tiempos. Juan VI se ha despojado, en substancia, de los llamados derechos y prerrogativas de su trono; y este ejemplo de sumisión al imperio de los acontecimientos y, aun puede decirse, de cordura y filantropía, contribuirá á borrar las impresiones de las máximas que forman el Código de la legitimidad. La distancia á que se halla situado de la República el nuevo imperio y el remoto contacto de los intereses de los dos países, son las causas de que no existan comunicaciones entre sus gobiernos bajo ningún respecto. Los amigos de la libertad lamentan la triste ocurrencia de la guerra que desgraciadamente ha roto el Brasil contra las Provincias Unidas del Río de la Plata. Si la guerra es en todos aspectos un azote de las naciones, las que comienzan á fungir en este rango de las sociedades están obligadas á consultar los consejos de la prudencia y á sacrificar todos sus resentimientos antes de empeñarse en la destrucción de sí mismas.

Los Ministros mexicanos nombrados para la Asamblea de Panamá, se hicieron á la vela en el bergantín de guerra "Constante." La demora que ha sufrido su marcha, ha nacido de la naturaleza y circunstancias complicadas de su importantísima misión. Las instrucciones del Gobierno se han pesado y discutido con suma delicadeza, y cuando llegue el caso de obrar y hacerlas conocer, México será colocado en el lugar que tiene merecido por el ejercicio de la mayor franqueza y de la sublime filantropía de sus principios. Afianzar la Independencia ganada por los más heroicos esfuerzos; estrechar de un modo sólido y permanente las relaciones de la gran familia americana; proclamar las intenciones amistosas y pacíficas de los nuevos Estados, esas son las bases; y sus resultados, la creación del derecho público, del derecho magnánimo de las Américas.

Y volviendo la consideración al estado interior de la República, recibamos los plácemes de los que observan el curso majestuoso de nuestra imperturbable felicidad. La Constitución es amada y respetada de los libres mexicanos. Las controversias que necesariamente han debido ofrecerse acerca de algunos puntos cardinales, lejos de suponer extravíos de la sana razón, han dado el más brillante testimonio del espíritu de vida y de calma, de serenidad y de energía que reina en nuestra venturosa asociación. Abandonemos á los Gobiernos despóticos el silencio sepulcral de que hacen depender la obediencia y sumisión á sus mandatos. El Gobierno ha robustecido su fuerza moral, cuando se han sometido sus operaciones á la discusión y al análisis. Nuestro sistema es el de la luz meridiana.

El Ejecutivo ha continuado impulsando los adelantos de la Hacienda, que tuvieron su origen del sabio sistema adoptado por las Cámaras.

El arreglo de las oficinas de las aduanas marítimas, el refuerzo de los resguardos, el método establecido para simplificar los trabajos, las continuas órdenes, prevenciones, y las más minuciosas advertencias á sus jefes, todo presenta la lisonjera esperanza de minorar fraudes y precisar al especulador á reconocer los conductos legales. El resultado de estas providencias será una recaudación más abundante, fundada en los desahogos y aumentos que preparan al comercio las útiles tareas del Congreso para la reforma de aranceles, que reclaman con imperiosa necesidad los intereses de la República, y los de las naciones que frecuentan nuestros puertos.

La pingüe renta del tabaco prosperará indudablemente á merced de los esfuerzos combinados de los Poderes Generales y de los Estados que dirigen sus conatos al crece de sus productos. En las Administraciones de Salinas, Pólvora y de todas las rentas de la Federación, se han encaminado las providencias con tan buen éxito, que cubiertos los gastos nacionales y todos los empeños extranjeros, se prometen en el orden progresivo de cosas, sobrantes á la República. Al mediar el año de 1826, observo con singular satisfacción, que mis pronósticos del mes de Enero se van realizando. Me acompaña la de poder anunciar á las Cámaras que las obligaciones contraídas en los mercados extranjeros por préstamos, están religiosamente cumplidas hasta el día.

A principios de Enero del año que corre fué ya necesario situar en Londres sumas para cubrir los pagos de intereses del préstamo celebrado con la Casa de B. A. Golsschmitd y Compañía: un residuo en ella ocurrió á este saldo: van navegando los caudales destinados al dividendo de amortización é intereses en Abril: se hallan sobradamente reunidos en Veracruz los que vencen en 1? de Julio próximo: saldrán al mar, sin pérdida de instante, y mi placer se duplica cuando puedo asegurar al Congreso General que las sumas que deben ingresar en el Tesoro público por los buques entrados ya en nuestros puertos hasta el día, podrán llenar el gran fondo para los dos últimos trimestres de 1826.

Los fondos nacionales mexicanos habían seguido en su baja el orden de los más acreditados en Inglaterra; en los últimos meses la baja de todo crédito, sin exceptuar los europeos, fué progresiva hasta el grado más ínfimo: consecuencia de este movimiento ha sido que varias casas suspendiesen sus giros, y, entre ellas, la de Goldschmitd comprendió al Gobierno mexicano en algún balance á su favor; pero se ha cuidado de asegurarlo por los trámites de la ley. Esta revolución mercantil se ha atribuído por algunos, sin la menor apariencia de razón, á principios de alta política: las ondulaciones de aquel gran mercado, no admiten en esta vez otro origen que la extensión inmensa de las especulaciones y la escasez del numerario que ellas han producido. Noticias que alcanzan hasta el 31 de Marzo anuncian la cesación de aquella borrasca comercial: los fondos mexicanos subieron hasta 63, y se mantenían en aquella fecha en 62 y medio.

El Ejecutivo ha disfrutado el placer de que reviviese el crédito de la República con notable privilegio, por el solo anuncio recibido en Londres oportunamente de haberse ya dispuesto el depósito, en nuestras aduanas marítimas, de las sumas destinadas al religioso pago de los empréstitos. Conservar esta reputación será la obra del Gobierno, por la invariable buena fe con que dará cumplimiento á sus deberes y á sus promesas. Este punto, identificado con el honor de los Supremos Poderes, no será perdido de vista por el Ejecutivo, como ni tampoco el economizar, hasta donde sea dable, los valiosos sacrificios con que ha conservado la Nación su Libertad y su Independencia.

A objetos tan sagrados han mirado las consultas del Gobierno no resueltas aún, sobre sorteo de milicias, arreglo urgentísimo de la cívica, creación de ocho regimientos activos de caballería y un escuadrón de Mazatláu, concesión del fuero á los útiles auxiliares del Estado de Guanajuato, contingente para completar nuestra marina, y otras de igual entidad que demandan la expedición de leyes oportunas.

Los indios no civilizados han repetido sus violentas incursiones; pero la reforma de las compañías presidiales y la colocación de otras quince en los lugares que designa la ley de la materia, con el nombramiento de comandantes generales inspectores, hacen esperar la pronta pacificación de aquellas tribus y el escarmiento de sus ataques. (13)

Los puertos del Norte se han resguardado con goletas y cañoneras de crucero, que han apresado varios buques de ilícito comercio. Se han suministrado todos los auxilios de guerra á la Península de Yucatán, y se ha recomendado á las Cámaras la aprobación de gastos para la fortificación de las costas y puertos del mar Norte.

La conveniencia de elegir definitivamente el punto más aparente para el establecimiento de nuestro arsenal de marina, impulsó al Gobierno á despachar una comisión científica para comparar la situación y ventajas de la Isla de Lobos con las circunstancias ya conocidas de la Isla del Carmen.

Al paso que se acumulan datos y noticias que sirven para entender en el arreglo definitivo de límites, se ocupa en estos importantes trabajos la comisión que he empleado para el efecto.

En el desagüe de Huehuetoca, confiado á la administración del Gobierno, no se ha emprendido obra alguna, como se trataba eficazmente de hacerlo antes de la venida de las aguas, para la seguridad de la grao Capital de la República, por habérsele informado que tomadas preventivamente las corrientes del lago, desaparecía el temor de próximas inundaciones.

Convencido de lo que importa á la decencia, á la moral pública y al honor de ciertas familias el fomento de las casas destinadas á recoger y educar los niños expósitos, he dictado las providencias conducentes para poner en corriente los fondos, réditos y rentas del establecimiento de la Capital, y he excitado á los Gobernadores de los Estados para que multipliquen estos auxilios de la inocencia y se corrijan en parte los funestos resultados de las pasiones y de la debilidad humana.

Las Cámaras están penetradas de la justicia con que el Ejecutivo ha instado por una resolución sobre caminos y el Congreso ha considerado este negocio.

La organización de la Contaduría del Crédito Público, es un paso que nos llevará al final arreglo de un establecimiento que piden la buena fe y la dignidad nacional.

La ley de 14 de Febrero último determinó el modo y grados en que debe conocer la Suprema Corte de Justicia en los casos que comprende la Sección 3R, título 5o, de la Constitución Federal; y las Cámaras han aprobado interinamente el reglamento formado por la misma Corte de Justicia con las reformas que se creyeron convenientes, expeditando así las altas funciones del tercer Poder Supremo de la Federación.

Hubiera sido de desear que quedase arreglado de una vez todo el sistema de tribunales de segunda y tercera instancia en el Distrito y Territorios de la Federación; pero al menos se ha ocurrido á la necesidad con la habilitación que se concede á la Suprema Corte de Justicia por la ley últimamente sancionada, para conocer de las segundas y terceras instancias en las causas civiles y criminales, pertenecientes al Distrito y Territorios, mientras se arreglan definitivamente estos puntos.

La falta de Juzgados y Tribunales de Circuito y de Distrito dejaba un vacío muy perjudicial en la administración de los intereses de la Unión, porque teniendo que ocurrir los comisarios á los Jueces de los Estados, no siempre conseguían que se diese á estos negocios el preferente y pronto giro que conviene á su naturaleza y objeto. El Ejecutivo, no satisfecho con haber excitado á los Gobiernos de los Estados para que invitasen á sus Jueces á no demorar la substanciación y resolución de los asuntos en que se interesaba el Erario Federal, manifestó á las Cámaras que, permaneciendo imperfecta la Administración de Justicia en este respecto, resultaban males incalculables; y el Congreso, arreglando este punto fundamental, se ha hecho altamente acreedor á la gratitud de la Patria.

Deseoso el Gobierno de expeditar la Administración de Justicia, ha prevenido á los Jueces del Distrito que remitan cada mes lista de las causas que existieren en sus respectivos Juzgados, con expresión de las fechas en que comenzaron y estado que tuvieren.

Por último, se ha hecho iniciativa para que los reos que se sentencien á presidio por los Tribunales de los Estados, sean destinados á las fortificaciones y trabajos que exige nuestra defensa para las costas y fronteras.

Decretado por las Cámaras el Cuerpo de Policía Federal que ha de vigilar la Ciudad, el Gobierno, en desempeño de lo que manda la ley, se dedica actualmente á la expedición del reglamento, para que los habitantes de la hermosa México gocen de paz y seguridad imperturbable.

Estos bienes inestimables, fruto precioso de los sacrificios, de la lenidad y de la civilización del pueblo de los Estados Unidos Mexicanos, impulsan el movimiento que lo conduce á ser un pueblo grande y digno de la admiración de los hombres. Invitemos á los que tan ciegamente combaten nuestra existencia y la pregonan como un mal de las sociedades, á que se acerquen, á que observen nuestras pacíficas instituciones, el noble y honroso empleo de nuestras riquezas, las máximas de amor y concordia para con todas las naciones, y que á la injusticia y á la obstinación, solamente oponemos verdad, generosidad y franqueza.

¡ Conciudadanos de las Cámaras del Congreso General ! El pueblo bendice vuestras tareas. Las bendiciones de la paz os siguen á vuestros hogares.

Respuesta al anterior discurso, por el Sr. Bernardo González

Pérez de Ángulo, Presidente de la Cámara de Diputados.

Cuando se goza de un sistema de libertad real y práctica; cuando reina la igualdad ante la ley y cuando están garantidos los sagrados derechos que pertenecen á la numerosa familia del género humano, los grandes intereses del Gobierno y del pueblo están identificados, como que uniformes conspiran al bien común y á la prosperidad general. De aquí es que, cuando el Gobierno, en ceremonia tan augusta, comparece ante el pueblo y sus representantes á hacer la reseña de sus actos, arrebata de una manera irresistible la atención de todos los interesados en la majestuosa regularidad de su marcha por la senda segura de la ley.

Habéis oído, amados conciudadanos, por el ameno discurso del Presidente de los Estados de la Unión, que se han organizado la Administración de Justicia, la Hacienda y el Ejército, y que sobre tan segura base se ha consolidado la Independencia Nacional, de manera que sus relaciones exteriores se multiplican, que las interiores se estrechan más y más robusteciendo el lazo feliz de la Federación, y que la República Mexicana, con asombro del mundo, en una edad prematura y cuando apenas rompiera las ominosas cadenas de la más degradante esclavitud, se presenta en el concurso de las naciones civilizadas como una matrona poderosa, sin orgullo; libre, sin desenfreno; y magnánima, sin bajeza.

¿Y qué diríamos de los impotentes esfuerzos de la descarriada España? No hay más que seguir el hilo del discurso. La Administración de Justicia, la de la Hacienda Pública, la Agricultura, el Comercio y la Minería, ofrecen un cuadro de admiración y de recreo. Caudales inmensos circulan rápidamente por toda la República: no hay un solo síntoma de debilidad y decadencia. ¡Reliquias de conquista y elementos de servilismo! ¡Ah! Nuestras antiguas habitudes y el estado de nulidad en que vivimos, os mezclaron de tal manera con las partículas de nuestra existencia social, que permanecéis aún necesariamente. Mas la calma, la prudencia y el valor genial americano os miran como al mortal hidrógeno, que esparcido generalmente en la atmósfera que respiramos uo por eso destruye su influjo vital sobre todos los seres.

Padres de la Patria, era imposible que colocados vosotros en lo más sublime del solio, no presentaseis un blanco á los infames tiros de la detracción y la maledicencia. Sus proyectos serán mirados con desprecio y desairados, como lo fueron en la época del Imperio, y la posteridad imparcial y justa calificará honrosamente vuestros trabajos para cimentar la felicidad de la Patria. El curso lento de vuestras operaciones es obra de la ley: ella marcó á las discusiones los trámites precedentes de primera y segunda lectura con intermedio de un día; ella previno que en cada artículo, en cada cuestión hablasen por lo menos doce individuos: ella propuso que toda votación fuese nominal: ella estableció dos Cámaras, para que con las mismas solemnidades, con los mismos trámites y con la misma demora revisase la una los proyectos y deliberación de la otra, dejando así á la meditación más profunda el espacio de tiempo necesario para analizarlo todo.

Sin embargo de esta lentitud, madre feliz del acierto; sin embargo de la interrupción que causan las proposiciones, las iniciativas del Gobierno, sus ocurrencias del momento y los negocios de particulares, habéis hecho mucho en favor de la felicidad de la Patria. Están marcadas las atribuciones de la Suprema Corte de Justicia y su régimen económico: se le ha atribuído en los asuntos civiles y criminales del Distrito y Territorios de la Federación: se han arreglado los Tribunales de Distrito y Circuito: se marcaron los límites del Distrito Federal: se estableció su Gobierno económico: se autorizaron sus Jueces de Letras, y se han fijado reglas justas para el desagüe. Quedaron extinguidos los grados militares: se crearon Compañías fronterizas: se ha prohibido que los ladrones pasen en condena á corromper el Ejército: quedaron extinguidas ciertas excepciones, prohibiéndose á los Generales mandar los Cuerpos, y están prevenidos los enganchamientos. Se habilitó el puerto de Tuxpam: se autorizó al Gobierno para fortificaciones importantes: se previno por ley la particular de Coatzacoalcos: se ha prohibido la entrada á los españoles y se ha aprobado el Presupuesto. Se han tomado todas las medidas de orden y seguridad, y en poco más de cien sesiones se han dado cerca de cuarenta leyes, cerca de veinte decretos, y quedan despachados ciento noventa y ocho expedientes por las Comisiones, y en revisión están pendientes y á discreción de ambas Cámaras, cuarenta; todos de la mayor importancia: Crédito público, aranceles, cuentas de Hacienda, diezmos, vacantes... pero iá dónde voy con tan minuciosa lista? La Legislatura del año de 1826 dió dos pasos directos hacia la felicidad pública, que marcan su época gloriosa. Ella quitó al Gobierno las facultades extraordinarias: restituyó con este golpe á la Constitución su vigor natural, dejó á los Poderes en su órbita respectiva y á los ciudadanos bajo la garantía de las fórmulas conservadoras de la seguridad individual. Ella quitó á los Estados la mitad del contingente, extendiendo una mano benéfica hacia los contribuyentes y dejándoles recursos para subsistir y para emprender. ¡Mexicanos! Así ha deseado hacer vuestra felicidad el Congreso General; y al descender del sublime asiento de legisladores á la clase de simples ciudadanos obedientes á las leyes, no podemos menos de exhortaros á la unión. La religión y la moral son los ejes de la felicidad pública: conservad en firme apoyo los deberes del hombre y del ciudadano.

Nuestro amor á la Patria y nuestra total decisión por la forma de Gobierno felizmente adoptada, nos tendrá en atalaya desde nuestro humilde recinto sobre los intereses de la Patria. Enemigos eternos del servilismo y amantes decididos de la Libertad, sacrificaremos en sus aras nuestra cara existencia. Cumpliremos con las leyes; seremos eternamente federados; y contando con vuestra cooperación poderosa, jamás temeremos ningún cambio. ¡Odio eterno, Mexicanos, al horroroso centralismo y al despotismo brutal! Sed libres, sed virtuosos, y todos seremos felices.

 

 

 

 

 

 

 

Castillón J. A. (Pub) Informes y manifiestos de los Poderes Ejecutivo y Legislativo de; 1821 á 1904. México. Impr. del Gobierno Federal, 1905. T. I.