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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1821 Oficio y carta particular con que Iturbide dirigió su plan de independencia al virrey conde del Venadito. Respuesta.

Febrero 24 de 1821

 

 

Carta oficial dirigida desde Iguala, por el gefe del ejército trigarante, al virey de Nueva España.

Exmo. Sr.—Qué feliz es el hombre que puede evitar la desgracia de otro hombre, y hacer su fortuna. ¡Oh! y cuánto mas venturoso el que puede evitar males y establecer la felicidad, no ya de otro hombre, sino de un reino entero. Afortunadamente V. E. se halla en este caso con el de Nueva España.

La noche del 15 al 16 de Septiembre de 810 se dió el grito de independencia, entre las sombras del horror, con un sistema (si así puede llamarse) cruel, bárbaro, sanguinario, grosero é injusto por consecuencia; y á pesar de que el modo no podia ser mas contraria al génio moderado y dulce de los americanos, aun subsisten sus afectos en el año de 21. ¿Qué es subsistir? Hoy vemos reanimar de un modo bien notable, y con llama mas viva, el mismo fuego. Verdad que, no pudiendo ser desconocida á esa superioridad, convence sin equivocación el generalizado y uniforme voto de los habitantes todos de esta América. Nadie puede dudarlo.

Yo mismo he tenido la suerte de evitar hace pocos dias un rompimiento desastroso, que iba á suceder en provincia bien distante; ¿qué importa esto, yo no puedo lisonjearme de que corto el mal? Cuántos otros planes, Sr. Exmo-, se estarán formando hoy en Oajaca, en Puebla, en Valladolid, en Querétaro, en Guadalajara, en San Luis Potosí en la misma capital, alrededor de V. E.; tal vez dentro de su misma habitación! ¿Y habrá quien pueda deshacer la opinion de un reino entero? Bien ha probado la experiencia de todos los siglos, y con ejemplo muy reciente nuestra Península española el acsioma de que, es libre aquel país que quiere serlo. No nos engañemos, Sr. Exmo: la Nueva España quiere ser independiente: esto nadie lo duda, le conviene. La misma madre pátria le ha enseñado el camino: le ha franqueado la puerta, y es preciso que lo sea. Por lo ménos no dejará de emprenderlo, y en el dia, de manera muy diversa, con otra ilustración, con otros recursos, con otro séquito, que en el año de diez.

Evite V. E. pues está en su mano, la horrorosa catástrofe que amenaza. Haga inmortal su nombre y lo que es mas, contraiga V. E. al propio tiempo un verdadero mérito: ante el Supremo Sér que recompensa con la vida eterna un solo jarro de agua, que se dá en su nombre bendito, fijando en este suelo, cuya crisis se acerca, nuestra religión santa; cerrando á la impiedad las puertas en que vemos se agolpa bajo diferentísimos disfraces, ántes que se difunda con mas velocidad que el fuego eléctrico, por la vasta extensión de estas provincias.

El remedio es de gerarquía: pero la enfermedad aguda así lo exige, y es preciso que el médico obre en armonía con la constitución del enfermo, y se acerque á contentar en lo posible sus deseos y afecciones: entremos en materia.

Yo haría un notorio agravio á V. E., á su piedad cristiana y á su ilustración, si tratase de convencer la necesidad de separar la América septentrional, para conservar nuestra sagrada religión, porque los enemigos que la amagan son muy conocidos, y en cuanto á la conveniencia política, nadie duda que es violento se mendigue de otro la fortuna, por aquel que dentro de su misma casa tiene los recursos necesarios para lograrla. Asentado, pues, por principio, que es necesaria la separación de estos dominios, para conservar ilesa nuestra religión, porque la luz misma priva de la vista, al que careciendo de ella por mucho tiempo de improviso le hiere la papila, y de que la independencia es útil á la Nueva España, ó que por lo ménos todos sus habitantes así lo creen, pasemos á examinar si la senda es llana ó impracticable. Mas claro, examinemos los síntomas del enfermo.

El mas funesto sin duda es la complicación en que hemos visto sus humores: que los ácidos desocupando el vientre donde contribuyen á la robustez del cuerpo, han atacado el corazon y el cerebro. Tal es el espíritu de partido, la rivalidad de Europeos y Americanos, que debiendo haberse presentado solo con una emulación obvia en el centro de la sociedad, para disputarse unos á otros la práctica de las acciones nobles, de virtud, útiles y generosas, es la que degenerando y saliendo de la esfera que le señaló el sábio autor de la naturaleza, nos ha tenido mas de diez años al borde del precipicio, e impeliéndonos á la ruina y al exterminio. Cortemos de raíz el mal: hagamos ocupar aquellos ácidos el lugar que les corresponde. Allí contribuirán á la acción para que son destinados y tornará en bien, en salud, el mal que de otro, modo solo podria producir. La Union, Sr. Exmo., es el ataque directo y seguro al mal: véamos el modo de aplicarle.

Es axioma sabidísimo, que los contrarios con los contrarios se curan: la desconfianza, con estímulos de confianza: el odio con pruebas de amor: la desunión, con lazos de fraternidad.

Nada ha estado mas en el órden natural, que el que los europeos desconfíen de los americanos, porque éstos ó por lo ménos algunos, tomando el nombre general, sin razón, sin justicia, bárbaramente en todos sentidos, atentaron contra sus vidas, contra su fortuna, envolviendo ¡qué horror! á sus mujeres é hijos en tal ruina; pero por fortuna es igualmente cierto, que los americanos y la parte mas noble de ellos, sin duda han sido los que justamente indignados contra un proceder tirano é impolítico, quisieron abandonar y abandonaron en efecto con gusto su comodidad, sus intereses, las delicias de sus familias, y expusieron su propia vida á veces sin cuento, por salvar las de sus padres los europeos, porque éstos gozasen tranquilos de los placeres que sus esposas amantes les presentaban, de los halagos de sus hijos, y que se ocupasen solo en el giro de sus negocios. ¿No es esto cierto? Sí, lo es por fortuna, repito: es un hecho innegable. ¿Y no serán bastante para infundir confianza estos recuerdos? Deben bastar: y yo que me glorío de no haber vacilado un solo instante, de haberme decidido por la justicia y por la razón desde un principio, atreviéndome á salir garante del nuevo sistema, creo ya destruida con lo expuesto la desconfianza, y curado por tanto el primer indicante de nuestro mal. Pasemos á la segunda afección.

El ódio: este nunca ha sido, es, ni puede ser justo. El Criador nos pone por precepto necesario para salvarnos, el amor á nuestros enemigos. No hay autoridad comparable con esta, para que desaparezca de entre nosotros: pero si por tal razón suficentísima debe desaparecer entre europeos y americanos, ¿cuánto mas fácil no nos es esté precepto, observando que las razones políticas y las virtudes morales nos persuaden y estimulan á ello? Si unos cuantos americanos sin meditación, sin ideas, y metidos en el error, acaso por un plan abortado, procedieron contra una porcion tan noble de nuestra sociedad, y á la que debemos la ilustración con otros mil bienes, y el que es mayor sobre todos, el de la creencia que profesamos, el de la santa religión, ¿no es otra porcion de americanos, ya que los salvó, aventurando cuanto tenían que aventurar, como he indicado ántes? ¿Quiénes dieron las importantes y decisivas batallas en su época de Carrozas, Cruces, Aculco, Guanajuato, Calderon, Yuriria, Salvatierra, Valladolid, Puruarán, etc, etc., etc? ¿Y quiénes son los que en el feliz gobierno de V. E. han hecho mas y mas, al propio intento? Si hubiera quién lo dudase, fácil me seria hacer un manifiesto histórico; pero las verdades que son conocidas por sí mismas, no necesitan de pruebas... Me distraía del asunto: vuelvo á él. El recuerdo de estos hechos, ¿cómo podrá dejar de excitar en los ánimos de los europeos generosos y grandes, la gratitud y de sobreponer esta al resentimiento por las ofensas? Así lo creo: y esto deja curada la según la afección. Pasemos á la tercera.

Desunión. De la confianza y del amor resulta por necesidad la Union: porque si yo tengo confianza de V. E., si yo amo á V. E., ¿cómo podrán ser diversos y mucho ménos opuestos sus intereses y los míos? ¿Que importa que V. E. haya nacido en las Andalucías, Aguirrevengoa en Vizcaya, Cortina en las montañas, Agreda en la Rioja; este en la Mancha, aquel en Galicia, el otro en Castilla, Rayas en Guanajuato, Azcárate en México, Iturbide en Michoacan, etc? Si todos vivimos en Nueva España, si los intereses de esta son los mismos, si es un acaso despreciable en un sentido justo, liberal, que uno deba su origen á Castilla, y haya nacido en Guadalajara, que otro como yo lo deba á la Navarra y sea su cuna Valladolid de Michoacan, ¿qué hombre de razón, qué hombre de crítica, que hombre ilustrado se ocuparía de tales accidentes, dejando la importancia del asunto? Seria hacer mucho agravio á las luces de nuestra época, á las provincias de la Península, á los de esta América, y á los mismos individuos, creer por solo un instante, que entre la paja y el grano, dejando este, se hiciese elección de aquella. Léjos de nosotros idea tan miserable y ofensiva. Los intereses de comercio, las relaciones de sangre, de familia y cuanto en la naturaleza y en la sociedad estrecha mas los vínculos, obligan mas á los europeos residentes en Nueva España con los americanos, que con sus paisanos mismos existentes en Ultramar. Son mas interesados, si, lo repito, en la felicidad de la América que en la de la Península. Aquí disfrutan los placeres del amor conyugal. Aquí se ven reproducidos. Aquí viven ¿Qué razones mas poderosas para destruir la injusta desunión de americanos y europeos, y para estrechar los brazos entre aquellos que han recibido y han dado el sér relativamente? Debe desaparecer la desunión; nuestros intereses son unos, el lazo debe ser cordial, íntimo, fírme, indisoluble.

Están demostradas en mi juicio las tres proposiciones. Resta únicamente buscar diestros facultativos, que disuelvan el veneno ó emboten su acción, por medio del antídoto mas eficaz, de la triaca mas pura, y persuadiendo al enfermo al mismo tiempo la necesidad de tomarla, para que éste la acepte con una buena fé y á ojo cerrado (por valerme de esta frase vulgar), y seguro en la confianza del acierto de aquellos, por su juicio, su ciencia, su destreza y por todas las virtudes del los tres subsecuentes, se formará una junta gubernativa, que pueda reunir, como he indicado, la opinion general, y llamar velozmente á los diputados. de córtes, que existan en el reino de último nombramiento y anteriores; pues ellos podrán con una representación suficiente, y con los conocimientos necesarios, promover lo que convenga, para el fin que he propuesto á V. E. en el principio. Entretanto la junta, como depositaría de la confianza y opinion de todos, paralizará cualesquiera proyecto de las sublevaciones tumultuarias, que amenazan por todas partes.

Muy grande y árdua le parecerá á V. E. mi proposicion y llena de inconvenientes; pero siendo cierto, como lo es inconcusamente, que la opinion general está decidida por la independencia, ¿qué partido mas prudente queda que tomar, que aquel que conociendo un paso de necesidad, con una sábia previsión, evita los escollos mas funestos y trascendentales? La opinion está decidida; no puedo dejar de referirlo á V. E., ni V. E., ni yo, ni otra persona alguna puede variarla; ni tampoco tiene V. E. fuerza que oponerle. La tropa toda del país siente del mismo modo, y entre la europea (dígolo por la gloria suya) no tiene V. E. un cuerpo solo completo que poder oponer. Es público cómo piensan estos dignos militares. En ellos reinan las ideas filantrópicas de ilustracion y liberalidad, esparcidas en nuestra Península. Casi todos están íntimamente adheridos al sistema del país. Algunos pocos buscarán el camino solo de volver para su patria; y raro, rarísimo será, no el cuerpo, sino el individuo que por estupidez ó falta de ideas, ó por capricho, tenga la resolución necesaria para intentar oposicion, y ésta ciertamente seria nula Sé demasiado, Sr. Exmo., en el particular; y así como creo, que por el plan que le propongo se evitará sin duda la efusión de sangre, creo también que esto país seria feliz, y lo poseería el Sr. D. Fernando VII, si se acomodase á venir á México; ó en su defecto alguno de los Serenísimos Señores Infantes D. Carlos ó D. Francisco de Paula; y que de otra manera, sin entrar en cálculos de resultados, el mes de Marzo próximo, México será el teatro de la sangre y del horror.

Yo no soy europeo ni americano, soy cristiano, soy hombre, soy partidario de la razón, conozco el tamaño de los males que nos amenazan. Me persuado que no hay otro medio de evitarlos, que el que he propuesto á V. E.; y veo con sobresalto que en sus superiores manos está la pluma que debe escribir: Religión, paz, felicidad; ó confusion, sangre, desolación, á la América Septentrional.

He cumplido, Sr. Exmo., con trasladar á V. E. mis sentimientos y mis ideas. Sobre V. E. vendrá la bendición ó la execración de muchas generaciones. La verdad, la justicia, la sensibilidad, forma mi carácter, no conozco otro idioma.

El Señor Dios de los Ejércitos, á quien pido ilumine á V. E., guarde su importante vida muchos años. Iguala 24 de Febrero de 1821.—Agustín de Iturbide.

 

 

 

Plan ó indicaciones para él gobierno que debe instalarse provisionalmente, con el objeto de asegurar nuestra sagrada religión, y establecer la independencia del imperio mexicano: tendrá el título de junta gubernativa de la América Septentrional, propuesto por el Sr. coronel D. Agustín de Iturbide, al Exmo. Sr. virey de Nueva España, Conde del Venadito.

1. La religión de la N. E. es y será católica, apostólica, romana, sin tolerancia de otra alguna.

2. La N. E. es independiente de la antigua y de toda otra potencia aun de nuestro continente.

3. Su gobierno será monarquía moderada, con arreglo á la constitución peculiar y adaptable del reino.

4. Será su emperador el Sr. D. Fernando VII; y no presentándose personalmente en México dentro del término que las cortes señalaren á prestar el juramento, serán llamados en su caso, el serenísimo Sr. Infante D. Cárlos; el Sr. D. Francisco de Paula, el archiduque Cárlos, ú otro individuo de casa reinante, que estime por conveniente el congreso.

5. Interin las, córtes se reúnen habrá una junta que tendrá por objeto tal reunión, y hacer se cumpla con el plan en toda su extensión.

6. Dicha junta, que se denominará gubernativa, debe componerse de los vocales que habla la carta oficial del Exmo. Sr. Virey.

7. Interin el Sr. D. Fernando VII se presenta en México y hace el juramento, gobernará la junta á nombre de S. M,, en virtud del juramento de fidelidad que le tiene prertado la nación, sin embargo de que se suspenderán todas las órdenes que diere, ínterin no haya prestado dicho juramento.

8. Si el Sr. D. Fernando VII no se dignare venir á México, ínterin se resuelve el emperador que deba coronarle, la junta ó la regencia mandará en nombre de la nacion.

9. Este gobierno será sostenido por el ejército, de las tres garantías, de que se hablará despues.

10. Las córtes resolverán la continuación de la junta: ó si debe sustituirla una regencia, interin llega la persona que deba coronarse.

11. Las córtes establecerán en seguida la constitucion del imperio Mexicano.

12. Todos los habitantes de la Nueva España sin distinción alguna de europeos, africanos, ni indios, son ciudadanos de esta monarquía, con opcion á todo empleo, según su mérito y virtudes.

13. Las personas de todo ciudadano y sus propiedades, serán respetadas y protegidas por el gobierno.

14. El clero secular y regular será conservado en todos sus fueros y preminencias.

15. La junta cuidará de que todos los ramos del Estado queden sin alteración alguna, y todos los empleados políticos, eclesiásticos, civiles y militares, en el estado mismo en que existen en el dia. Solo serán removidos los que manifiesten no entrar en el plan, sustituyendo en su lugar los que mas se distingan en virtud y mérito.

16. Se formará un ejército protector, que se denominará de las tres garantías, porque bajo su protección toma lo primero, la conservación de la religión católica, apostólica, romana, cooperando de todos los modos que estén á su alcance, para que no haya mezcla alguna de otra secta y se ataquen oportunamente los enemigos que puedan dañarla. lo segundo, la independencia, bajo el sistema manifestado: lo tercero, la unión íntima de americanos y europeos; pues garantizando bases tan fundamentales de la felicidad de N. E., ántes que consentir la infraccion de ellas, se sacrificará, dando la vida del primero al último de sus individuos.

17. Las tropas del ejército observarán la mas exacta disciplina á la letra de las órdenanzas, y los gefes y oficialidad continuarán bajo el pié en que están hoy; es decir, en sus respectivas clases, con opcion á los empleos vacantes, y que varen, por los que no quisieren seguir sus banderas ó cualquiera otra causa, y con opcion á los que se consideren de necesidad ó conveniencia.

18. Las tropas de dicho ejército se consideran como de línea.

19. Lo mismo sucederá con las que sigan luego este plan. Las que no lo difieran, las del anterior sistema de la independencia que se unan inmediatamente á dicho ejército y los paisanos que intenten alistarse, se considerarán como tropas de milicia nacional, y la forma de todas para la seguridad interior y exterior del reino la dictarán las córtes.

20. Los empleos se concederán al verdadero mérito, á virtud de informes de los respectivos gefes, y en nombre de la nación provisionalmente.

21. Interin las córtes se establecen se procederá en los delitos con total arreglo á la constitución española.

22. En el de conspiración contra la independencia, se procederá á prisión sin pasar á otra cosa, basta que las córtes decidan la pena al mayor de los delitos del de lesa magestad divina.

23. Se vigilará sobre los que intenten fomentar la desunión, y se reputan como conspiradores contra la independencia.

24. Como las cortes que van á instalarse han de ser constituyentes, se hace necesario que reciban los diputados los poderes bastantes para el efecto; y como á mayor abundamiento es de mucha importancia, que los electores sepan que sus representantes han de ser para el congreso de México y no de Madrid, la junta prescribirá las reglas justas para las elecciones, y señalará el tiempo necesario para ellas y para la apertura del congreso. Ya que no puedan verificarse las elecciones en Marzo se estrechará cuanto sea posible el término.

Iguala, 24 de Febrero de 1821.—Es copia.—

Iturbide.

 

 

 

Carta particular con que acompañó Iturbide al anterior de oficio, en la misma fecha.

Mi carísimo y muy respetado general. En la mayor y más tierna efusión de mi corazón tomo la pluma, y con una mano trémula escribo á V. E. en un mismo día como comandante, como ciudadano, y en otra parte como hombre, y hombre agradecido á las finezas de V. E., y al mismo tiempo muy adicto por simpatía á su persona.

Pongo á la Eterna Verdad por testigo de que cuanto espreso á V. E. es conforme á mis sentimientos: que me mueve solo el deseo de que se conserve pura nuestra santa religión, y que se eviten los males que amenazan por todas partes á este país privilegiado por la naturaleza.

Al mismo Ser Supremo pongo por testigo también, de que no me ocupan ideas de ambición ni engrandecimiento individual. Si V. E. creyendo justo y razonable el plan que le propongo hoy en carta oficial, tiene á bien adoptarlo, y su écsito es completo, como me lo persuado, yo me tendré por venturoso: volveré en alas del viento á mi familia, y continuando con la vida inocente del campo que he abrazado, y que se conforma tanto con mis ideas, mi corazón quedará lleno sin buscar oropeles, porque los falsos brillos nunca deslumbraron mis ojos filosóficos.

En aquella carta manifesté á V- E. cuanto me parece más importante y cuanto por necesidad debe salir á la faz del mundo, ya sea aceptado, ya negado por V. E., mi pensamiento; pero no puedo contentarme con esto solo; necesito dar á V. E., una idea más segura de los agentes que mueven mi espíritu. Yo no he creído ni creerá V. E. sin duda, que nuestro amado y desgraciado rey haya adoptado voluntariamente un sistema que no solo es contrario á las prerrogativas que fueron anecsas á la corona que heredó de sus augustos predecesores, sino que destruye los sentimientos piadosos de que sobreabunda su corazón, y de que tan constantes, repetidas é innumerables pruebas nos tiene dadas. ¿No se persuade V. E., que si México le llamase para que reinara pacíficamente dejando al clero secular y regular en el mismo goce de sus fueros por una constitución moderada, y al mismo tiempo le dejase en el goce de muchas preeminencias justas y razonables de que ha sido despojado, vendría volando á disfrutar en tranquilidad de su cetro, á ser feliz, y á hacer la felicidad del Anáhuac? Sí, sí, no puede dudarse. Sea, pues, V. E., quien haga el mejor servicio al mejor de los reyes. Adóptese el plan que debe paralizar los proyectos de revolución desastrosa que se anuncia por todas partes.

Por todas partes en efecto se atiza la llama; y como hay pábulo abundantísimo y preparado muy de antemano, se propagará con voracidad en el momento mismo que rompa por cualquiera punto. V. E. no puede ignorar, porque no es posible que hayan dejado de comunicarle estas verdades; más si así ha sido, atribúyalo V. E. á que se ha tratado de engañarle, pero no de ninguna suerte á que éste es fuego fatuo y que carece de pábulo. Yo aseguro á V. E., la verdad de cuanto le espongo, obligado de los intereses que indiqué antes, y conociendo que de un error ó una idea esacta de V. E. en el asunto, pende acaso la suerte feliz ó infausta de muchos millones de hombres.

Pondere V. E. cuál sería el resultado de una nueva sublevación en este país, en que la heterogeneidad de sus habitantes hace encontrados los asuntos y los intereses respectivos. Tiene V. E. además partidos muy conocidos y bastante fuertes para destruirse, si una mano diestra no sabe atraerlos á un punto, y hacer uno los intereses de todos.

Por una parte, entre los europeos hay hombres sin educación y de ideas bajas, que no se contentarían sino con ver derramar la sangre á todos cuantos han nacido en este país. Hay hijos de él, por desgracia, que con ideas igualmente bárbaras, derramarían si estuviese en su mano en un solo día la sangre de todos los europeos; los primeros y los segundos sin otro móvil ni otro fin que el de satisfacer su odio funesto. Hay un partido liberal frenético que aspira y solo estaría contento con el libre goce de la licencia mas desenfrenada. Otro de liberales que con ideas justas aspiran á la moderación; otro de católicos pusilánimes que se asombran de los fantasmas que ecsisten solo en su idea; otro de hipócritas supersticiosos, que fingiendo temer todo mal, buscan simuladamente su provecho propio. Hay otros ciegos partidarios de la democracia; otros á quienes acomoda la monarquía moderada constitucional; no falta quien crea preferente á todo la absoluta soberanía de un Moctheuzuma.

Y en tan encontradas ideas, en sistema tan vario, ¿cuál sería el resultado de un rompimiento tumultuoso? Ya lo he dicho antes... la sangre, la desolación... Unos á otros nos devoraríamos como fieras: la tierra fertilizada con la sangre humana, quedaría á ser presa del primero que quisiese ocupar la tierra sola. Repito que para evitar males que a un solo imaginados llenan de horror á una alma sensible, es preciso que una mano diestra los prevenga en tiempo. Un nuevo gobierno, un nuevo sistema abrazado por V. E., disipando los principios del odio y de la confianza, se recibiría generalmente, porque cada uno de los partidos creería haber ganado mucho á poco costo, aun cuando no llenasen todo su intento.

Si como militar, deseo la gloria de V. E., como del primer gefe, en lo particular no menos deseo verle colmado de bendiciones por el complemento de benéficos designios, por premio de las virtudes de que se haya adornado. Porque logre V. E., dirijo al cielo mis votos: dígnese admitir la indicación como prueba del singular afecto que le profesa su más atento subordinado. — Escmo . Sr.—B. L. M. de V. E—- Agustín de Iturbide.—Escmo. Sr. conde del Venadito, virey de esta Nueva España.

 

Respuesta:

El padre Piedras se me ha presentado hoy á la una con pliego de V. S. cuyo sobrescrito tiene la advertencia de particular. Por ésta, y por haberme impuesto el referido padre de su contenido, no puedo abrirlo ni lo abro, manifestando á V. S. en solo este hecho, cuanto cabe sobre su anticonstitucional proyecto de independencia. Espero, pues, que V. S. lo separe inmediatamente de sí, y la prueba de esto será, seguir en su fidelidad al rey y en observar la Constitución que hemos jurado, y continuar la conducción del convoy á su destino de Acapulco, para seguir las operaciones militares que le tengo ordenadas, dirigidas á la total pacificación de ese territorio.— Dios guarde á V. S, muchos años.

México, 27 de Febrero de 1821. Del Venadito. Señor coronel don Agustín de Iturbide.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Manifiesto del general D. Agustín de Iturbide, libertador de México. Edición de la Voz de México. México. Imprenta a cargo de M. Rosello. 1871. pp. 283-293.