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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1814 Informe del Virrey Calleja acerca del Estado General de la Nueva España

15 de Marzo de 1813

Con profunda gratitud he recibido el Real Despacho en que Su Majestad por efecto de su Real benignidad se digna conferirme los empleos de Virrey, Gobernador y Capitán General de estos dominios con la presidencia de su Real Audiencia, de que he tomado ya posesión; y juntamente la Real orden de 16 de septiembre último en que Vuestra Excelencia se sirve participármelo con las demás prevenciones que ha tenido a bien hacerle Su Alteza la Regencia del reino.

Al verme revestido de un cargo tan grave y delicado, y al contemplar las circunstancias en que se verifica, por el estado actual de este reino, no puedo menos de confesar ingenuamente la debilidad de mis fuerzas, y desde luego lo resignaría en manos de la suprema autoridad que me lo confiere, si no estuviese convencido de que el principal deber de un ciudadano es el servir a la patria hasta donde alcancen sus fuerzas en el lugar que ella le coloque, y prestar su obediencia rendida a los preceptos soberanos.

Con efecto, la situación de este país es tal que arredraría al hombre que pensase más ventajosamente de sí. Un país dividido en tantos partidos cuantas son las castas y provincias de que traen su origen los diferentes habitantes que lo pueblan; destrozado por treinta meses de una revolución impolítica y desastrosa que ha arruinado las principales fortunas y hecho desaparecer una gran parte de sus gentes; devorado del deseo de la independencia cualquiera que sea el camino de conseguirla; manchado de agresiones recíprocas entre europeos y americanos, que han encarnizado los ánimos hasta lo sumo, y pervertido la opinión hasta un punto inconcebible; con una población ignorante y viciosa en la mayor parte y seducida por personas a quienes miran con veneración supersticiosa; un erario exhausto y empobrecido hasta el término de haber agostado todos los depósitos y fondos públicos; debiendo crecidas sumas que han debilitado su crédito y la confianza pública; privado de sus ingresos ordinarios por la absoluta interrupción de los caminos que ha paralizado la agricultura, la industria, el comercio y las minas, fuente principal de riqueza; un ejército diseminado en la vasta extensión de centenares de leguas, repartido en multitud de pequeñas divisiones despreciables al enemigo, sin comunicación ni apoyo entre sí, y rodeadas de numerosas gavillas de insurgentes; desnudo, mal armado, con crecidos alcances que no se han satisfecho al soldado, y cuya miseria es causa de la escandalosa deserción que se advierte hasta en las tropas venidas de esa península; disgustadas éstas igualmente y disminuidas en una mitad por su larga permanencia en Veracruz: tal es el cuadro lamentable pero fiel que presenta este reino al tiempo de encargaluie de su gobierno.

Morelos por otra parte, este Sacerdote apóstata y sanguinario a quien en mayo del año último reduje a la extremidad de salir fugitivo y enfermo de Cuautla a buscar un asilo en los miserables pueblos de la Costadel Sur con unos pocos que le seguían, después de haber perdido todas sus fuerzas en aquél sitio de donde me retiré a esta capital para ver deshacer el ejército que ya había creado, ha vuelto a levantar la cabeza, y fuerte con las armas de varias divisiones de tropas del rey que abatió sucesivamente y con el saqueo de la Villa de Orizaba en noviembre próximo pasado donde recogió una gran parte de los tabacos destinados a las labores de esta capital, ha logrado reunir en ocho meses un ejército que no baja según las noticias más conformes de 14 a 16 mil hombres bien armados con más de sesenta piezas entre las que cogió a nuestras divisiones y encontró últimamente en la ciudad de Oaxaca de que se apoderó el 4 de diciembre próximo pasado, recogiendo allí inmensas fortunas en plata y frutos preciosos, manchando sus criminales manos en la sangre del respetable teniente general don Antonio González de Saravia, y de otros varios jefes que defendían aquella capital y que fueron fusilados con crueldad inaudita, poniéndose en estado de intentarlo todo al abrigo de una provincia fragosa y abundante desde la cual extiende su imperio orgulloso a ambas costas del Norte y Sur en que es reverenciado y obedecido con entusiasmo frenético.

Se ignora el plan que se propone en el día este caudillo de la rebelión, naturalmente activo y emprendedor; pero se sabe de cierto que ha despachado fuertes divisiones hacia el reino de Guatemala con el fin de revolucionar y de adelantar sus conquistas por aquella parte, y hacia la costa de Acapulco para estrechar aquél puerto y batir una pequeña división que aislada y ,sin apoyo existe a sus inmediaciones; y que con el grueso de su ejército se halla a la mitad de camino en dirección de Oaxaca a Puebla, habiendo obligado últimamente un destacamento de ochocientos hombres que le observaba desde Tehuacán a replegarse a Tepeaca distante ocho leguas de Puebla, quedando descubierta la avenida principal del enemigo, abandonadas las villas de Orizaba y Córdoba y expuestos a ser presa de aquél rebelde los restos del tabaco que quedó en ellas y que es el único recurso de que dispone en el día este gobierno para acudir a las inmensas necesidades que le cercan.

Esto es en cuanto a la parte sur de esta capital. En la del norte subsiste aún la junta llamada Nacional de América a cuya cabeza está Rayón el primero de los que la componen, con una fuerza respetable entre esta capital y Querétaro que dista cuarenta leguas, ocupando los dos caminos que conducen a lo interior del reino, imposibilitando los convoyes, sorprendiendo los que se aventuran a ellos, sitiando las principales ciudades hasta sus goteras y privándolas de toda clase de subsistencias cuya escasez amenaza de muy cerca los horrores del hambre y de la peste que ha empezado a manifestarse con estrago en la provincia de Puebla; mientras que los demás cabecillas Liceaga, Verduzco, Cos, Velasco y otros muchos de inferior jerarquía corren las provincias más ricas y pobladas como Valladolid, Querétaro, Celaya, Guanajuato, etc., talan los campos, incendian y saquean los pueblos, asesinan sus honrados moradores, y reunen gentes que congrega el aliciente del robo y del pillaje.

Desde el mes de julio que mi antecesor despachó una expedición a Veracruz, hasta fin de febrero último que llegó a esta capital la correspondencia de oficio y pública de esa península respectiva a varios meses cuyas últimas fechas alcanzan hasta el 11 de noviembre del año último, y que ha remitido el brigadier don Juan José Olazabal después de un viaje largo y penoso, se ha mantenido en absoluta incomunicación el camino de aquella plaza, tan inundado de gavillas de insurgentes que ni un solo correo ha podido penetrar en el intermedio. Lo mismo sucede hacia lo interior del reino de cuyas provincias hace muchos meses que solo se tiene noticia por uno u otro mozo que atraviesa con indecibles riesgos y dificultades; pero por ellos tenemos la consolatoria de que la mayor parte de las provincias de S. Luis Potosí y de Guadalajara, la de Zacatecas y todas las internas a excepción de la de Texas donde el rebelde de Bernardo Gutiérrez unido a algunos aventureros del estado de la Luisiana ha invadido el puerto fronterizo de Nacodoches y posesionados de la Bahía del Espíritu Santo, se conservan en comunicación y tranquilidad, debido principalmente a la despoblación del país, al desengaño y terror que les produjeron las victorias conseguidas sobre las grandes masas de rebeldes en 810 y 811, a la mejor índole y costumbres de sus habitantes, y a los medios que les ha proporcionado para su subsistencia y tráfico, la abundancia y riqueza de sus minerales y el establecimiento de las diferentes Casas de Moneda en Guanajuato, Zacatecas, Guadalajara, Sombrerete, Catorce, Monclova y Chihuahua, lo que ha producido un nuevo mal para esta capital, que privada de los ingresos ordinarios de plata, carece por consecuencia de numerario, sin esperanza de adquirirlo por otro medio, ni de recibir el producido de sus antiguas especulaciones. Las únicas que se ejecutan son desde Veracruz por el puerto de Tampico para surtir a lo interior del reino, y algunas pocas expediciones de buques mercantes de Guayaquil a San Blas.

Me es pues, preciso para reanimar y vivificar este cadáver político, conciliar los partidos que se despedazan extraordinariamente, restablecer la opinión pública, abrir los caminos para facilitar el tráfico, asegurar las capitales, reunir cuerpos dispersos, organizarlos, vestirlos y armarlos, y recoger fondos bastantes a llenar estos grandes objetos ¿pero encontrarlos cuando el erario público no tiene entradas, ni puede haberlas sin preparar antes una fuerza militar bien mantenida y capaz de allanar los obstáculos que se oponen a ello? Nadie presta sino cuando tiene medios de adquirir: el comerciante calcula siempre sobre sus ganancias y vende a mucho precio las anticipaciones que hace, como me lo acredita la experiencia en los primeros pasos que he dado excitando el celo y patriotismo de estos comerciantes para un préstamo voluntario, que solo ofrecen realizar poniéndose a su disposición las únicas rentas del estado que producen algo; arbitrio duro y tiránico que solo admitiré en el extremo de no encontrar otro; y acaso preferiré el ponerme a la cabeza del ejército y sostenerme como ya lo he hecho, cuando estuve mandando el de operaciones de este reino, de lo recobrado a los rebeldes, más bien que poner el gobierno a merced de la codicia mercantil; y estoy seguro de que así conservaré a la nación esta preciosa parte de sus dominios.

Ya lo habría hecho, como Vuestra Excelencia me lo insinúa de orden de Su Alteza, si no previese los inconvenientes que resultarían de mi ausencia de la capital en url tiempo en que fijándose todas las esperanzas sobre mí, se aguarda tal vez más de lo que puedo hacer; y en que los partidos, el encono y las rencillas provinciales tienen los espíritus extremamente agitados, siendo tan delicado y difícil el modo del conducirse en estas circunstancias, que el atraer a medios de conciliación a los unos, sería excitar sospechas y desconfianzas en los otros; cada cual quiere que se prefieran sus particulares intereses; el europeo bien hallado con su egoísmo y sus comodidades quisiera que el gobierno solo dictase proscripciones y decretos de sangre contra todo americano, y éste por el contrarío sin escrupulizar sobre nada, reclama una indulgencia y disimulo sin límite hacia sus excesos, no satisfecho aún de la que se le ha dispensado con benignidad poco común.

En tales circunstancias, es difícil señor excelentísimo hallar la senda que pueda guiarme al acierto. Mi única regla será una rigurosa imparcialidad y la más exacta observancia de las leyes que acaba de dictar y sancionar la sabiduría de la nación, hasta donde la experiencia me enseñe que puedo llegar sin comprometer la tranquilidad pública; y aunque mi antecesor por causas que aún no he podido purificar, tomó la extraordinaria providencia de suspender el cumplimiento de la Constitución, después de haberla mandado publicar y jurar solemnemente, yo creo que esta misma Constitución sostenida y apoyada por un ejército capaz de reprimir a los sediciosos, será el Iris que dará la paz a este desgraciado continente.

Sería mucho prometer si dijese que me lisonjeo conseguirlo pronto, en el estado ruinoso en que se hallan todos los ramos: es obra de la prudencia y del tiempo; pero una gran confianza en que la Divina Providencia auxiliará la rectitud de mis intenciones, y no desamparará en esta parte del mundo a una nación tan digna por su heroísmo de ser favorecida.

Por ahora, y en el momento de tomar en mis manos las riendas del gobierno, mi primera determinación ha sido dar orden para que las diferentes divisiones que se hallan en la Provincia de Puebla, teatro principal de la guerra, se reunan al mando de un solo jefe a quien reconozcan inmediatamente los gobernadores y comandantes militares de la parte Sur, a fin de que haya la debida unidad en las operaciones militares, formando de todas un ejército que al paso que por su fuerza y opinión sea capaz de contener a Morelos y de batirle si se presentase, asegure los restos del tabaco existentes en las villas de Orizaba y Córdoba, y auxilie y proteja los convoyes de Veracruz a esta capital, dejando expedita la comunicación con aquella plaza y esa península; y he encargado el mando de este ejército al Mariscal de Campo Conde de Castro Terreño en quien reconozco las calidades de acendrado patriotismo y amor al soberano que prometen un buen desempeño, dándole al efecto las instrucciones necesarias; y por su 29 he nombrado al brigadier don Juan José Olazabal ayudante general del Estado Mayor a quien mi antecesor tenía confiado el mando de una división hacia el mismo rumbo.

Igual plan me propongo seguir hacia la parte del norte formando otro ejército que estableciendo su Cuartel General en las inmediaciones de Guanajuato o Querétaro, uno de los territorios más ricos y poblados de este reino, reuna el mando de todas las divisiones y tropas dispersas, extendiéndolas o replegándolas según lo exijan los casos; mantenga libre la comunicación con la Nueva Galicia, San Luis Potosí y las provincias internas; proteja el envío de platas, ganados y semillas a esta capital; disipe las fuerzas de Rayón y demás cabecillas y de impulso al tráfico interior que es el único medio de encontrar recursos independientes de la voluntad siempre mezquina de los particulares, para sostener las tropas y recoger caudales con qué auxiliar esa metrópoli, objeto digno de mi preferente atención que cuidaré de llenar tan pronto como me lo permitan las urgencias extremas que me cercan.

De este plan, cuyas dificultades conozco por lo avanzado de la estación, insalubridad del clima especialmente en los parajes inmediatos a las costas y falta de subsistencias por la devastación de estos países, resultará necesariamente el haber de abandonar puntos de menos importancia que ahora están mal defendidos con cortas porciones de tropas, aprovechándose el enemigo de sus armas para continuar la cruel guerra que nos hace; y de aquí las quejas y reclamaciones de muchos que quisieran se sacrificase todo a su conveniencia privada; pero yo me defenderé de lo que no conduzca al bien general, y en la imposibilidad de resguardartodos los puntos, cubriré únicamente aquellos de que sacamos los principales recursos, reconcentrando las fuerzas lv poniéndolas en estado de destruir las de la insurrección, en cuyo caso "vertiré mi atención a los parajes más distantes.

Daré partes sucesivos a Vuestra Excelencia del éxito de mis providencias; y entretanto ruego a Vuestra Excelencia se sirva elevar al conocimiento de su Alteza la Regencia del reino esta exposición del estado en que se halla este país y medidas que me propongo tomar, con la expresión más sincera de mi debida gratitud y ardiente deseo de corresponder a su confianza sacrificándome en servicio del Soberano y de la Patria. Dios, etc. México 15 de marzo de 1813. Excelentísimo Señor. Excelentísimo Señor Ministro de la Guerra.

Reservada.

Excelentísimo Señor:

Entre los miserables despojos cogidos a los insurgentes de este reino en las diferentes acciones ganadas por las tropas de Su Majestad he hecho separar el retrato del apóstata cura Morelos, la gran Cruz con que se condecoraba, las insignias con que alzaron los pueblos al principio de la insurrección y los demás muebles que expresa la adjunta nota; y habiéndolo todo reducido a un cajón rotulado a Vuestra Excelencia lo remito con ésta fecha al gobernador de Veracruz para que lo dirija en primera ocasión a esa península a disposición de Vuestra Majestad con el objeto de que si los creyere dignos de presentarlos a Su Alteza, se sirva verificarlo con la expresión más sincera de la lealtad y entusiasmo con que las tropas de este reino están dispuestas a sacrificarse en defensa de los justos derechos de Nuestro adorado soberano el Sr. Don Fernando VII y de los sagrados intereses de la heroica nación a que pertenecen. D. Abril 30814. (Rúbrica del Virrey). Excelentísimo Señor

Ministro de la Guerra.