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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1814 Memoria sobre la población del reino de Nueva España

Fernando Navarro y Noriega

No sería fácil persuadirse de la poca atención que ha merecido la estadística de este reino si la experiencia no lo tuviese comprobado en los repetidos casos que se lamenta la falta de sus luces. Tan reparable descuido no puede dejar de atribuirse, ya a la poca energía con que el Gobierno había promovido los adelantamientos de una ciencia tan útil, o ya a la dolencia, o escasos conocimientos de las personas que debían haberse ocupado en esta importante materia. Lo que no tiene duda es, que mientras la Nueva España ignoraba aun el número en globo de sushabitantes, se publicaban con desdoro suyo en Lima, La Habana y Goatemala noticias estadísticas bastante luminosas, así para las medidas del Gobierno, como para la instrucción de los políticos.

La numeración efectiva de la población, que es la primera de aquellas luces, sólo se había ejecutado y repetía en este reino por lo relativo a los individuos de calidad tributaria, pero aún en esta parte no tenían púntuales noticias, porque muchos de ellos no eran comprendidos en los padrones cuando su sexo o edad los hacía inútiles al objeto del alistamiento. No puede negarse que varios párrocos celosos en el cumplimiento de sus deberes han tomado anualmente razón de sus feligreses, pero no han conseguido hacer unos padrones exactos aunque lo hayan intentado, porque no es fácil practicarlos si se atiende a los grandes territorios que abrazan los curatos, a la falta de subalternos que pueden emplearse en esta prolija operación y a otros inconvenientes no menos notorios que estos. Y aun cuando en obsequio de la verdad deba confesarse que de pocos años a esta parte, una u otra provincia que ha tenido la suerte de ser gobernada por jefes activos e ilustrados ha podido formar su peculiar estadística, siempre ha sido de extrañar que el zelo de aquellos magistrados no haya tenido los muchos imitadores que eran de esperarse.

Si por fortuna el virrey conde segundo de Revilla Gigedo hubiera continuado en el gobierno de este reino, cuando con su genial eficacia emprendió el censo como preliminar de sus ideas estadísticas, deberíamos a este jefe exclusivamente una obra de esta clase; pero ni aun llegó a ver el fin de la numeración intentada, por haber sido relevado del virreinato al tiempo mismo que esforzaba sus providencias para finalizarla, quedando sepultado en el archivo de la secretaría de Cámara todo el material que pudo recoger y de que sólo se dio al público el censo de esta capital impreso el año de 1790.

Tal era el cuadro que ofrecía a los políticos la estadística de Nueva España hasta el 3 de enero de 1804 en que el Barón de Humboldt presentó al virrey don José de Iturrigaray las primeras nociones de esta especie relativas a este reino, fruto apreciable de las luces y observaciones de aquel sabio viajero, de que se hizo en París el año de 811 la última edición, más amplia y correcta de cuantas se habían publicado anteriormente.

Sin embargo de lo que se recomiendan estas memorias de Humboldt, es preciso conocer que en algunos puntos, especialmente el de población, no dan una idea tan exacta como pide la instrucción pública; falta que los empeños de aquel autor no alcanzaron a remediar, porque difícilmente puede hacerse en este reino una copiosa reunión de esta clase de noticias, pues se requiere duplicado tiempo y trabajo que en otros países en que los objetos políticos son más atendidos [...]

Humboldt, mejorando últimamente sus antiguas observaciones, calculó en 5.837,100 el número de asistentes en esta Nueva España en el año de 1803 dando al Padrón hecho en el gobierno del conde de Revilla Gigedo, el aumento de un 30%, 10 por la ocultación de individuos que supuso, y 20 por el progreso de la población en los diez años corridos desde el de 1793, a que por lo general es referente aquel alistamiento, hasta el año de 1803, en que Humboldt viajó por este reino. Avanzando yo más sus observaciones, he examinado las matrículas de tributarios corrientes en el año de 1807, y a expensas de un prolijo trabajo hallé en treinta y un partidos de diversas intendencias en que aquellas fueron menos defectuosas y se llevaron con algún cuidado los libros parroquiales, el acrecentamiento anual de la población era en 1.061 mil individuos matriculados 1/82/100 por %; pero confrontando este resultado con otros respectivos a las demás clases de habitantes menos prolíficos que en la indígena, deduje que el aumento que correspondía dar indistintamente a toda la población era sólo 11/2 por %; cuota que parece admisible si también se atiende a las causas notorios que minoran periódicamente la especie humana.

Como la presencia de uno u otro censo moderno me hiciese advertir un exceso de población con respecto al del año 1793 que según lo expuesto, no podía provenir de la diferencia de nacidos a muertos, tuve que convenir con Humboldt, en que estaba diminuta la antigua numeración, aunque elevando casi al duplo el cómputo que formó de la ocultación de individuos, es decir como a un 20%; suposición que no se tendrá por exagerada cuando se funda en los resultados de dichos censos.

Bajo estos principios, he dado al del año de 1793 un aumento de 45% para presentar la población existente en este reino el año de 1810, así por su progreso en los diez y siete años intermedios como por dicha ocultación, contrayéndome a esta época porque del tiempo posterior no hay noticias en que pueda cimentarse un cálculo aproximado, y tal vez será menos equívoco el que intente hacerse ton.ando por base el estado en que se suponía la Nueva España antes de sus lamentables conulsiones políticas.

Este sistema tiene su excepción respecto de la provincia de Veracruz en que no se hizo el referido censo, y de otras cuyos padrones o son más exactos y modernos, o no existen en la secretaría del virreinato a saber; Mérida, San Luis Potosí, Zacatecas, Nuevo Reino de León, Nuevo Santander, Nuevo México y Californias.

En orden a los indios de Veracruz y Potosí me he ceñido a los que resultan en la contaduría general de Retazas por las matrículas que regían en 1807, y he puesto por cálculo de aproximación los españoles y castas buscando la proporción que pueden guardar estas provincias con otros países que tienen la misma analogía de circunstancias; debiendo advertir que en la población de Potosí no comprendo el distrito de Salinas del Peñol Blanco por falta de luces.

La población de la intendencia de Mérida no está calculada sobre el censo del conde de Revilla Gigedo sino por el del año de 1789 que comprende toda la provincia, pues el otro no incluye el Gobierno de Tabasco.

El número de habitantes de la provincia de Zacatecas es el que trae la descripción que hizo su intendente al Consulado de Veracruz en 15 de marzo de 1804. Esta noticia es la única auténtica y reciente que he podido conseguir, y como en ella no so distinguen castas ha sido preciso deducirlas por cómputo.

El vecindario que he dado al Nuevo Reino de León lo tomé del padrón que después de la epidemia de los años de 802 y 803 hizo el gobernador interino capitán don Pedro de Herrera, en el cual están distinguidas por cálculo las castas; y se advierte que los indios que únicamente pudieron numerarse son los sujetos á los pueblos de Guadalupe, Boca de Leones, San Miguel de Aguayo, Gualahises, Concepción y Purificación.

Por lo respectivo al Nuevo Santander me contraigo al padrón hecho en el año 1816 de los habitantes de 7 á 50 años de edad de que pude conseguir un resumen por el favor de un amigo, único fruto de los empeños con que procuré adquirir exactas noticias de esta provincia cuya población se conoce menos que otras del reino.

No está tomada la población del Nuevo México del referido censo del año de 1793, a causa de que la exactitud de los datos que me franqueó uno de los prelados de la provincia del Santo Evangelio, me decidió a preferirlos. Son referentes al año de 1810, y aunque en ellos se hallan los españoles unidos a las castas, he conocido ser siempre los más adaptables.

Para describir las Californias he tenido presentes los estados que los RR. PP. misioneros remitieron al Gobierno por fin del año de 1810, en los cuales se incluyen entre las castas los pocos españoles que hay.

A fin de dar idea de la extensión de cada provincia, he puesto noticia de sus respectivas áreas territoriales en leguas cuadradas, tomándola de las memorias políticas de Humboldt como única fuente a que puede ocurrirse en este caso, entendiéndose que he tenido a la vista la última edición ya citada. De ella resulta que la superficie de este reino que el mismo Humboldt calculó en esta capital asociado con D. Juan José de Oteiza está notablemente diminuta, pues habiéndose computado posteriormente por Mr. Oltmanns con la exactitud que caracteriza sus operaciones, y con arreglo a la carta general contenida en el Atlas Mexicano de Humboldt, tiene 118.478 leguas cuadradas de 25 al grado, cuando por los primeros cálculos se valuaba en 81.144, es decir en 37.334 leguas menos de las que probablemente mide. Como la área de la provincia de Tlaxcala está comprendida, a lo que parece, en el cómputo de la de Puebla, sin embargo de que no le corresponde aquel partido, no ha podido calcularse en el pian de población la superficie respectiva, ni dejar a la intendencia de Puebla la que realmente le pertenece.

El número de partidos de las intendencias es el que cada una tenía dicho año de 1810, pero la de Zacatecas no comprende a Aguascalientes y Juchipila cuyas jurisdicciones van agregadas a la provincia de Guadalajara de donde eran anteriormente y no se pudieron substraer por ignorarse su particular población; siendo de advertir que como con posterioridad se dividió en las dos comandancias de Oriente y Occidente el distrito de la general de provincias internas, he tenido por oportuno hacer uso de esta novedad por lo que pudiese importar el saberla.

Los curatos están puestos según las constancias más auténticas que he podido adquirir, no incluyendo las parroquias auxiliares o vicarías de pie fijo, porque aunque solicité saber su número no he conseguido la puntual noticia necesaria.

En cuanto a las misiones, unas se han averiguado en la Secretaría del Arzobispado y otras en la Contaduría de Cuentas por lo que allí consta pagado de sínodos, y cuando no han bastado estos conductos para tomar la instrucción competente me he valido de otros informes seguros.

El número de ciudades, villas, pueblos, haciendas, ranchos y estancias de ganados lo tomé de las matrículas de tributarios llenando sus huecos con el expresado censo del año de 1793, o con otros datos verídicos, y las constancias que tiene el Tribunal de Minería me han dado el número de reales de minas que se pone a cada intendencia.

La numeración del clero es la que se hizo en el gobierno del conde de Revilla Gigedo que adopté por no haber hallado otra noticia posterior que diese mejor luz sobre este particular, advirtiendo que los monjes Benitos, los PP. de la Congregación de San Felipe Neri y los ministros de agonizantes están comprendidos en la columna de religiosos por la cortedad de su suma, y sus casas se incorporaron entre los conventos. Los de monjas últimamente fundados van puestos en sus respectivos lugares, así como el número de religiosas de que se pudo tomar razón.

El defecto de algunos censos y el aumento que ha tenido la población desde que se formó el del año de 93, ya referido, parece inducirían a creer mul diminuto el clero que señala mi plan, mas a pesar de todo el cotejo de las actas de capítulo de varias provincias de religiosos y otras observaciones prácticas, me han hecho conocer verosímil y subsistente el total de eclesiásticos que doy. Según él corresponden a corta diferencia 11/2 por cada mil habitantes cuando en el virreinato del Perú son poco más de 5 y en España como 121/2, comparación que convence de falsa la opinión común de que los naturales de Nueva España propenden más que los de otros países al servicio de la Iglesia.

Habiendo ya informado al público de los datos que me han regido en esta memoria de la población de Nueva España para que pueda instruirse de la autenticidad de mis noticias, y de la probabilidad de mis presupuestos, descenderé á hacer algunas observaciones generales muy propias de esta materia, y que contribuyen a poner en su verdadero punto de vista las tablas estadísticas del barón de Humboldt en la parte que dicen relación con los puntos de que me he propuesto encargarme.

Si el número de habitantes qúe he calculado se considera relativamente a la extensión del reino en leguas cuadradas, tenemos que. en cada una de las 118.478 que se le dan de superficie resultan 52, y si se mira con alusión a las castas respectivas podrán señalarse para cada 100 individuos 18 españoles, 60 indios y 22 de las otras generaciones mixtas.

Humboldt eleva la suma general de blancos a 1.200 mil, lo que corresponde a 20 españoles por cada 100 habitantes en lugar de 18 a que yo los reduzco próximarnente; pero esta diferencia todavía no es tan reparable como la que produce el cómputo que hizo de los europeos según el cual había en el reino por el año de 1803 de 70 a 80 mil, o un blanco europeo por 14 americanos.

Para juzgar de la exageración de este presupuesto basta saber, que en el censo de 1793 resultan 7904 individuos de ambos sexos, y nadie podrá conceder que por la falta de uno u otro padrón, y por los individuos que han venido posteriormente a esta Nueva España hubiese de subir el total a tan alto punto; mas esta equivocación merece indulgencia si se reflexiona que Humboldt sólo tuvo en apoyo de sus cálculos la proporción que observó guardaban en México los españoles europeos con los americanos, antecedente que por sí solo no puede conducir a formar un cálculo aproximativo. Yo opino, que cuando comenzó la insurrección tal vez no se contarían 15 mil europeos.

El cómputo de los indios ofrece resultados enteramente contrarios y de mayor importancia, presentándonos demasiadamente disminuido su número, hasta hacerlo consistir Humboldt en dos quintas partes de la población o sean dos millones y medio. Yo regulo 3.676 mil que corresponden a 3 quintos, y este cálculo parece tanto más probable, cuanto solo las matrículas de tributarios corrientes en el año de 1807 producen 2.925.179 individuos siendo aumentable a esta suma la considerable porción que no incluyen por las razones que ya se expondrán.

No es menor el yerro de cálculo en orden a las castas mixtas, cuando Humboldt asegura que casi constituyen una masa tan considerable como la indígena, valuándola en cerca de 2.400 mil individuos; pero de mis cómputos resulta que las castas ascienden a 1.338 mil o casi tres octavas partes del número de los indios, y que con el total de habitantes se hallan en la razón de 22 a 100. Es muy importante advertir que entre estas castas las precedeníes de origen africano que estaban sujetas al tributo e igualmente excluidas de los puestos honoríficos no pueden gozar de los derechos de ciudadanos, sino cuando por su virtud y mérito se hagan acreedoras a que les sea concedida por las Cortes esta prerrogativa como lo previene la Constitución política de la Monarquía en el artículo 22. Su número probablemente se aproxima a medio millón.

Para corroborar mis expresados cálculos, y ratificar el concepto que he manifestado sobre los que hizo el barón de Humboldt, presentaré el resumen de la población que numera el censo del año de 1793 (varias veces citado) en la parte que existe en la secretaría del virreinato, y sin comprender la milicia ni el clero.

Europeos....................................   7,904

Españoles..................................   685.362

Americanos................................   677,458

Indios...........................................   2.319,731

Castas.........................................  794,458

Total: 3.799,551

Esta población que compone como 3/4 del total de habitantes que tenía esta Nueva España eo el año de 1793, da con relación a las castas que la producen casi los mismos resultados que ofrecen mis cálculos; y cuando ellos se afianzan en datos tan incontestables es menester convenir en que las suputaciones de Humboldt no fueron exactas, pero sin perder de vista el principio ya sentado de que en los yerros de este autor no tienen parte ni sus claras luces ni sus eficaces investigaciones, sino la dificultad de acoplar todo el material necesario, escollo tan notorio como inevitable en estos asuntos.

El examen que tengo hecho sobre el referido censo me ha manifestado que carece de apoyo la opinión general de que en este reino hay menos hombres que mujeres, y que en esta parte fueron más exactas las observaciones de Humboldt que inclinan a formar un juicio contrario, pues en 3.809 mil individuos de todas calidades con que he comparado la preponderancia respectiva de sexos, resulta el exceso de los varones a las hembras que hay de 100 a 98 64/100 Humboldt hizo el cotejo con una población de 1.352 mil habitantes, y dedujo que los varones eran a las hembras como 100 a 95, sin que pudiese concebir, por qué en el padrón hecho por orden del conde de Revilla Gigedo habrían tenido las mujeres más interés que los hombres en substraerse del alistamiento; cosa que le pareció tanto menos probable, cuanto el mismo censo ofrece en las ciudados grandes una relación de sexos del todo diferente de la que existe en las demás poblaciones.

Este exceso de hombres procede, según lo que me han instruido varios antecedentes, de que los indios y castas se numeraron con más escrupulosidad por la utilidad que prometían sus peculiares contribuciones, de las cuales están libres las mujeres. Con tal principio he llegado a presumir que si los padrones se hubiesen ejecutado con exactitud e imparcialidad, acaso uno y otro sexo guardarían la ley del equilibrio. Sin embargo es preciso confesar que en esta materia no puede darse una opinión decisiva como se probará después.

Las memorias de Humboldt no presentan cor exactitud la idea que debe formarse sobre el estado del Marqués del Valle de Oajaca, pues dicen en el tomo 2 pág. 29 que el mayorazgo se compone de 4 villas, 49 pueblos y 17,700 almas. El territorio, pues, del marquesado del Valle comprende 7 jurisdicciones a saber: Cuernavaca, Coyoacán y Toluca, en la intendencia de México, Charo en la de Valladolid, Tuxtla en la de Veracruz, Jalapa y Cuatro Villas en la de Oajaca. En el distrito de estas 7 jurisdicciones hay 33 curatos, una ciudad, 15 villas, 157 pueblos, 89 haciendas, 119 ranchos y 5 estancias, pudiendo calcularse un vecindario de 150 mil almas, la tercera parte de españoles y castas, y el resto de indios.

Es interesante la observación de algunos curiosos sobre la anticipación de edad con que los naturales de este reino verifican sus matrimonios; en efecto confrontado el censo general existente en la secretaría con el formado en la Península el año de 1797 resulta, que el número de casados de ambos sexos antes de los 16 años de edad es en esta Nueva España 16 27/100 por cada 1 mil habitantes, cuando en España solamente llegan de 1 32/100. Esta aceleración a ponerse en estado, puede considerarse no sólo como un efecto del influjo físico del clima y de los alimentos, sino también como una consecuencia de otros principios cuales son, la educación y costumbres, especialmente de los indios, las ideas morales o tal vez interesadas de algunos curas, y las persuasiones de los gobernadores y alcaldes de las repúblicas para hacer más lucrativos sus oficios por las duplicadas gabelas que se exigen a los casados. A pesar de estas y otras particularidades que se advierten sobre la de la fecundidad notoria de las castas productivas no se halla tan poblado este reino como debiera, a excepción de una u otra provincia, porque la miseria en que generalmente vive la plebe, los vicios lamentables de su educación, las hambres y pestes hacen desaparecer un crecido número de personas: mas podemos prometernos el remedio de estos males contando con las activas y liberales providencias de nuestro actual Gobierno, y día vendrá en que la población de esta Nueva España llegue al grado de prosperidad de que es susceptible... Navarro y Noriega, Fernando.

La MEMORIA de Navarro y Noriega "ofrece, sobre la población de Nueva España, el cuadro general más correcto de los hasta entonces publicados". Navarro fue contador general de arbitrios. El corrigió los datos de las memorias de Humboldt y las llevó hasta el año de 1810.

 

 

 

 

 

 

 

*Memoria sobre la población del reino de Nueva España escrita en el año de 1814. Llanes, José Porrúa Turanzas, 1954. p. 730.