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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1812 Orden del virey Venegas para que sea atacado el Sr. D. José M. Morelos

8 de Febrero de 1812

La capital de México se halla rodeada de las gavillas de bandidos que tienen interceptadas las comunicaciones por todos rumbos, tanto de correos como de provisiones; siendo notable la actual escasez que se experimenta de las últimas, y temible que lleguen á obstruir completamente los últimos canales de Texcoco y Toluca, que verdaderamente no han estado ni están en una completa franquicia.

La gran reunión compuesta de las gavillas de los Villagranes y cura de Nopala Correa, después de haber tomado por un largo bloqueo, en que se han portado heroicamente aquellos moradores del Real de Zimapán, amenaza á Ixmiquilpan, se extiende por todas las ramilicaciones de aquel rumbo hasta comunicarse y unir sus operaciones de robos y demás excesos con las gavillas de Cañas y de otros cabecillas situados ó residentes en las inmediaciones del camino de Querétaro, por cuya ocupación tienen aniquilado el comercio de tierra adentro, con absoluta imposibilidad de remitir azogues, pólvora y demás efectos indispensables para la elaboración de minas y plata, como otros géneros de comercio, así de real Hacienda como de particulares, de que carecen absolutamente, y con sensibilísima privación, las provincias de Guanajuato, San Luis, Zacatecas, la Nueva Galicia, y las Internas. La encadenación de aquellos rebeldes con los de la villa del Carbón, Tepeji, Chapa de Mota, Jilotepee, Santa María, Tixmadage, y demás pueblos y ranchos, hace extensivas sus correrías por el Montealto, Cuauhtitlán, cuesta de Barrientos, Tlalnepantla, Atzcapotzalco, los Remedios, Tacuba y hasta las garitas de esta capital.

Los de Santa María Tixmadage y algunos otros pueblos de la dirección de Valladolid, interceptan la correspondencia y giro de aquélla con esta ciudad, y después que el ejército se ha retirado de Toluca, vuelven á aparecer gavillas de Tenancingo y de aquel rumbo, permaneciendo siempre en rebelión los ranchos ó sierras inmediatas á aquella ciudad, el Real de Temascaltepec, Sultepec y países confinantes.

Peor aspecto presenta todavía el camino viejo de Puebla y toda aquella provincia. Los rebeldes ocuparon con fuerzas considerables los pueblos de Teotihuacán, Otumba, Calpulalpan, Apan y todas las haciendas del territorio, talándolo y destruyéndolo todo, é insultando incesantemente á los infelices moralores adictos á la buena causa que viven en la inquietud doméstica.

Tlaxcala ha sido invadida repetidas veces, viéndose obligalos sus habitantes á vivir con toda la inquietud, sobresalto y tigilancia que se tendría en una plaza sitiada. La provincia de Tepeaca está perseguida y dominada en general: todos los puedos y haciendas padecen extorsiones y desafueros, cuyos males menazan con el hambre en el año venidero, pues privados sus abradores del ganado vacuno hasta en el número de dos mil bueyes, es imposible que puedan preparar y sembrar sus tierras altos de aquellos indispensables animales.

De este estado de trastorno público se sigue la dificultad ó absoluta imposibilidad de la precisa correspondencia con Oaxaca su provincia, y lo que es más, con la plaza y puerto de Veraruz, último golpe que puede darse al comercio de este reino, y lusa que ha de motivar un sensible desaliento en la Península, una opinión en toda la Europa de nuestro estado de decadenia; juzgando por la falta de noticias que los rebeldes hayan conseguido triunfar de las tropas reales, sufriéndose desde luego el estanco de capitales, habiendo en esta ciudad más de e dos millones de pesos en poder del conductor para trasladarse á aquella plaza, sin que la haya podido verificar en el espacio de algunos meses por la dificultad que ofrecen los caminos, y la falta de tropas para superarla.

Todos estos males, el perjuicio de estar interceptado el comercio de Acapulco, imposibilitada la descarga de la Nao, y la traslación de sus efectos á lo interior del reino, privándose el real Erario en medio de su penuria de un millón de pesos que debería reportar de los derechos de aquel cargamento, y la inminencia de que aquella plaza y su puerto puedan sucumbir á las fuerzas de la insurrección, están apoyados en el cuerpo de Morelos, principal corifeo de la insurrección en la actualidad, y podemos decir que ha sido en ella el genio de mayor firmeza, de recursos y astucias, habiendo ciertas circunstancias favorables á sus designios, prestádole mayor osadía y confianza en llevarlos á cabo, principalmente el ataque de Tixtla, en que derrotó aquella división, que aunque debiera haber sido respetable por su número, perdió todas las ventajas en la disciplina, en la relajación y en el desorden, y sobre todo en la incapacidad de su comandante para conducirla.

Es, pues, indispensable combinar un plan que asegure dar á Morelos y á su gavilla un golpe de escarmiento que los aterrorice, hasta el grado de que abandonen á su infame caudillo, si no se logra aprehenderlo.

Sus principales puntos ocupados son Izúcar, Cuautla y Taxco, habiendo destacado en estos últimos días una vanguardia que ocupó sucesivamente los pueblos de Totolapan, Buenavista, Juchi, Tlalmanalco y Chalco, la cual se ha replegado posteriormente á Totolapan y Cautla, teniendo avanzadas en Buenavista.

El plan que dictan las referidas posesiones del enemigo es el de un ataque simultáneo en los puntos de Izúcar y Cuautla para no darle lugar á que reuna el todo de sus fuerzas en alguno de los dos; y aunque sería más completa la operación atacando con la misma simultaneidad al real de Taxco, prestaría inconveniente la necesidad de subdividir las fuerzas, no siendo suficientes las que hay en Toluca, especialmente por la escasez que tienen de oficiales para desempeñar el ataque de aquel punto.

Limitándonos, pues, á las operaciones de Izúcar y Cuautla, y contando con que las verifiquen la división de Puebla y el ejército del Centro, es preciso proporcionar las fuerzas de la primera al objeto de encargarse.

Por el último estado de 25 del anterior constaba la fuerza de su infantería disponible de seiscientas treinta y una plazas (excluyendo la urbana que debe quedar guarneciendo la ciudad), á que agregados cuatrocientos infantes de la vanguardia situada en Atlixco, harán mil y treinta y uno. Estos podrán aumentarse hasta mil quinientos treinta y uno con las quinientas plazas de que consta el batallón de Asturias, cuyo número podrá ser suficiente para aquella operación.

Su caballería por el mismo estado, y contando con la de la vanguardia, no pasa de doscientos cuarenta dragones, siendo imposible aumentarla con trescientos caballos del ejército del Centro.

Esta división deberá llevar ocho piezas de artillería, á saber, dos obuses, dos cañones de a ocho; dos de á seis y dos de á cuatro; no siendo necesario enviarle de esta capital más de un obús por tener en Puebla las demás piezas mencionadas con un oficial y treinta artilleros de que carece.

Izúcar dista de Puebla diez y seis leguas, que deberá hacer la división en cuatro jornadas, siendo la primera á Cholula, la segunda á Atlixco, la tercera á la hacienda de San José, distante dos leguas de Izúcar.

Para atacará Cuautla deberá desde luego avanzarse la vanguardia del centro compuesta de seiscientos infantes y quinientos caballos con cuatro piezas de batalla á Chalco, donde observará ó tomará noticias de los puntos que ocupe el enemigo, y de si subsiste en Buenavista, Totolapan y el mismo Cuautla.

Bajo este supuesto emprenderá su marcha el ejército desde México por Chalco, Tenango, Ameca, Ozumba y Atlatlahuca que, según informe de persona práctica, es la ruta adaptable para la artillería; debiéndose llevar algunos indios gastadores para la habilitación de un corto trecho de camino que la necesita más allá de Ozumba, donde hay que dar una corta vuelta á los Cerritos, introducir las piezas por las tierras de labor, abriendo portillos en unas cercas débiles; pues aunque hay veredas por donde conducirlas sin aquella operación, son angostas y están cubiertos sus costados de bosque; bien que esta circunstancia no ofrecerá obstáculo, debiendo creerse que los enemigos no se aprovecharán de esta ventaja para impedir la marcha; pero en todo caso serían arrollados por partidas sueltas que se destinasen al intento.

Por noticias de dos soldados del batallón de Tula llegados ayer á Cuyoacán, y fugados de las tropas de Morelos que los hicieron prisioneros en Taxco, se sabe que aquél salió el 6 de Cuernavaca con dirección á Atlixco, y que el 8 debía entrar en la misma Cuernavaca con una división el brigadier D. Miguel Bravo. Esta relación manifiesta que las gavillas de aquellos rebeldes se mueven cíe unos á otros de los referidos puntos, pudiendo suceder que al dirigirse el ejército á Cuautla esté la mayor reunión en Cuernavaca, ó que batidos en el primer punto se retiren al segundo; cuya probabilidad deberá tenerse presente por el señor comandante de la expedición, para en los respectivos casos dirigirse en primera instancia al punto en que averigüe haber mayor reunión, ó continuar su ataque en Cuernavaca después de haberlos batido en Cuautla.

Siendo de esperar que derrotados en los principales parajes de Cuantía, Cuernavaca é Izúcar dirijan los bandidos su fuga hacia el Sur, deberá entonces perseguirlos la división de Puebla por aquel rumbo, y considerada suficiente aquella fuerza para disipar las reliquias de Morelos, el ejército del Centro se restituirá Al la capital para tomar el nuevo destino que dicten las circunstancias. México, 8 de Febrero de 1812.

Venegas.

Colección de documentos de J. E. Hernández Dávalos, tomo IV, págs. 31 y sigs.