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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1811 Representación de la diputación americana a las Cortes de España

Agosto 11 de 1811

SEÑOR= TRATÁNDOSE de la pacificación de las Américas, creemos de nuestro deber sus Diputados que subscribimos, exponer á V. M. cuanto en orden á este importantísimo punto nos dictan nuestro zelo y conocimientos de aquellos paises; lo que igualmente contribuirá á la exacta idea de unos sucesos que tan desfigurados llegan á  noticia de la Península.

El conocimiento del mal debe preceder á la inquisición de su remedio. Para apagar el fuego que abrasa á las Américas, es necesario examinar antes los principios de que procede. El orden con que se presenta á la vista debe ser el de su indagación; porque el mas conocido facilita conocer al Inmediato, y de uno en otro progresivamente se llegará al último: así como encontrada la punta del hilo, comenzando á tirar por ella y siguiendo adelante se deshace el ovillo. 

Parece convienen todos en que el deseo da independencia excitó en los Americanos el fuego de su conmoción, cuando vieron imposibilitada a la Península para valerse contra ellos de la fuerza. La remoción de este obstáculo es lo primero que se presenta. Pero á mas de ella era necesario otro incidente que ocasionase la explosión, pues de lo contrario se hubiera verificado luego que se quitó el obstáculo; y no ha sido así, efectuándose en algunos puntos con mucha anterioridad á los otros, y en ninguno inmediatamente al arribo de las primeras noticias funestas de España, como la ocupación de Madrid.

Era también muy natural se agregase á la explosión algún pretexto que excogitasen los conmovidos, como una egide que cubriese su proceder, para no aparecer á la faz del mundo con la nota de insurgentes, ó rebeldes.

Aun mas necesario es suponer algún influjo, ó á lo menos auxilio para emprehender la independencia. Porque ¿cómo podian esperar su logro, faltos de armas y disciplina, y baxo el mando de Gefes puestos por el Gobierno, si no les hubieran proporcionado medios para ello! aun cuando supongamos que para salir de la apatía en que han vivido tantos años, bastase el deseo de independencia sin que nadie los instigase [...].