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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1810 La revolución de independencia y la transformación del discurso histórico. Enrique Florescano. (Fragmento)

Independencia y surgimiento de una historia nacional.

 

5. La revolución de Independencia y la transformación del discurso histórico

La revolución de Independencia, el hecho político que puso en acto la construcción de una nación mexicana, fue también el acontecimiento que modificó de raíz la concepción y el sentido de la historia. Por virtud de la acción política el presente y el futuro dejaron de ser un destino colonial y se transformaron en un horizonte nacional. Instantáneamente el acto político liberador creó una perspectiva histórica nacional, encauzó todos los recursos del presente a levantar los cimientos de la nueva nación, imaginó para ella un porvenir grandioso y demandó un pasado fincado en raíces propias. En los años convulsos de la guerra de independencia, y a través de los primeros años de vida independiente, el proceso de forjar una nación independiente creó primero una memoria histórica anticolonial e hizo emerger una historiografía elaborada por mexicanos, imbuida de un sentimiento vehementemente nacional y dedicada a explicar el pasado desde la perspectiva de los grupos sociales que vivían y combatían por un destino nacional.

La historia de las luchas por la independencia muestra que simultáneamente a la posibilidad de forjar un destino propio y de construir una nación independiente, los mexicanos comenzaron a rechazar y a revalorar las interpretaciones que habían forjado los españoles del pasado, al mismo tiempo que iniciaron la búsqueda de raíces propias y de nuevas interpretaciones que le dieron fundamento al naciente proyecto nacional. Pero esta revalorización del pasado inducida por la profunda transformación política que había experimentado el país, ocurrió en un clima de divisiones políticas extremas y dentro de una situación en la que en contraste con el virreinato, durante largos años no hubo un centro político e ideológico único y estable, del que emanaran directrices uniformes. Este clima político e ideológico antagónico y cambiante produjo no una, sino múltiples interpretaciones del pasado.

Los principales cambios que produjo la independencia política de España en la concepción del pasado y del devenir histórico de los mexicanos pueden resumirse en los siguientes puntos:

Primero: De una historia dominada por un destino colonial cerrado, cuya perspectiva era un desarrollo subordinado y dirigido por los intereses de la Corona española, la revolución de independencia inauguró un horizonte histórico abierto. Por primera vez los mexicanos conocieron en carne propia la libertad histórica, las varias alternativas que se le abrían a la nación para orientar su destino. El horizonte histórico colonial se transformó de pronto en un horizonte abierto, y este horizonte cargado de esperanzas y posibilidades inéditas fue el que alimentó diversos proyectos históricos que surgieron para encauzar el porvenir de la nación.

Segundo: De una historia exógena, recuperada y explicada desde el exterior y dirigida por intereses ajenos a la población nativa, se pasó a la construcción de una historia centrada en la dimensión política de la nación. La nación mexicana, el conjunto territorial, étnico y social que surgió de la Independencia es el nuevo centro que cataliza y le da sentido a la recuperación histórica que inaugura la independencia política. A partir de la Independencia el sujeto del relato histórico es la nación, los hechos políticos, económicos, sociales y culturales que afectan el trayecto de la nación. La etnia, el grupo, la corporación y hasta la clase se subordinan a este sujeto histórico mayor.

Tercero: Las fuerzas revolucionarias que desbarataron los centros del poder español destruyeron también los centros ideológicos que antes uniformaban el contenido del discurso histórico. Así, súbitamente, este discurso dejó de ser colonial, providencialista y teológico, y comenzó a ser un discurso cada vez más centrado en el hombre "como agente de la transformación efectiva de su destino". No es un azar que la mayoría de las obras históricas de esa época, y entre ellas las más importantes, lleven título de México y sus revoluciones. Ensayo histórico de las revoluciones de México, y otros semejantes. El discurso histórico se convirtió así en un discurso fundamentalmente secular, en un relato que narraba acciones humanas acaecidas en un escenario terreno. El tiempo y el espacio de los acontecimientos históricos se volvieron un tiempo y un espacio seculares, y en ese escenario profano y terreno el principal agente de la transformación histórica fue el hombre, la acción transformadora de las revoluciones. Es decir, los intereses políticos, económicos e ideológicos pasaron a ser los motores de la historia, los asuntos sobre los cuales giraba relato del historiador.

 

 

 


Enrique Florescano, "Independencia y surgimiento de una historia nacional". En: Independencia y Revolución mexicanas. UNAM, México, 1985. pp. 137-138.