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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1808 Decreto de Carlos IV en que da aviso haber abdicado a favor de Napoleón Bonaparte

 

He tenido a bien dar a mis amados vasallos la última prueba de mi paternal amor. Su felicidad, la tranquilidad, prosperidad, conservación e integridad de los Dominios que la Divina Providencia tenía puestos bajo mi gobierno, han sido durante mi reinado los únicos objetos de mis constantes desvelos. Cuantas providencias y medidas se han tomado desde mi exaltación al Trono de mis augustos mayores, todas se han dirigido a tan justo fin, y no han podido dirigirse a otro. Hoy, en las extraordinarias circunstancias en que se me ha puesto y me veo, mi conciencia, mi honor, y el buen nombre que debo dejar a la posteridad, exigen imperiosamente de Mí que el último acto de mi Soberanía únicamente se encamine al expresado fin; a saber, a la tranquilidad, prosperidad, seguridad e integridad de la Monarquía de cuyo Trono me separo, a la mayor felicidad de mis vasallos de ambos hemisferios.

Así, pues, por un tratado firmado y ratificado, he cedido a mi Aliado y caro Amigo el Emperador de los Franceses todos mis derechos sobre España e Indias; habiendo pactado que la Corona de las Españas e Indias ha de ser siempre independiente e íntegra, cual ha sido y estado bajo mi Soberanía, y también que nuestra sagrada Religión ha de ser, no solamente la dominante en España, sino la única que ha de observarse en todos los Dominios de esta Monarquía.

Tendréislo entendido, y así lo comunicaréis a los demás Consejos, a los Tribunales del Reino, Jefes de las Provincias, tanto Militares como Civiles y Eclesiásticos, y a todas las Justicias de mis Pueblos, a fin de que este último acto de mi Soberanía sea notorio a todos en mis Dominios de España e Indias, y de que concurráis y concurran a que se lleven a debido efecto las disposiciones de mi caro Amigo el Emperador Napoleón, dirigidas a conservar la paz, amistad y uniónentre la Francia y España, evitando desórdenes y movimientos populares, cuyos efectos son siempre el estrago, la desolación de las familias, y la ruina de todos.

Dado en Bayona en el Palacio Imperial llamado del Gobierno a ocho de Mayo de mil ochocientos y ocho.

YO EL REY

A mi Gobernador interino de mi

Consejo de Castilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Gerald L. McGowan y Tarsicio García Díaz, Independencia Nacional, 5 vols., México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, UNAM, 1986, t. 1, Antecedentes, pp. 32-34.