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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1790 Informe del conde de Revillagigedo

14 de Enero de 1790

Muy reservada. Al Sr. Valdés:

Por el muy reservado oficio de Vuestra Excelencia con fecha 23 de septiembre del año próximo pasado, y el que se inserta en el del excelentísimo señor Conde de Floridablanca, quedo enterado del depravado designio de algunos individuos de la Asamblea Nacional de Francia, de esparcir en estos dominios una memoria que conmueva los ánimos a la sublevación; de que debo estorbar su introducción, asegurando los sujetos que descubriesen ser sospechosos, y remitiéndolos a España; y finalmente, de que he de recoger los ejemplares que se hallen, dando cuenta en todas las ocasiones que se proporcionen, de lo que se vaya descubriendo.

Advirtiendo el cuidado que ha merecido a Su Majestad esta noticia, y sin pretender yo salir garante de una invariable fidelidad de estos vasallos, debo asegurar a Vuestra Excelencia por lo que puede contribuir a la importante tranquilidad de Su Majestad, que vistas de cerca las circunstancias de este país, no se deben tener en él, como en los de Europa, consecuencias funestas del expendio de semejantes papeles.

Los miserables indios, por naturaleza, por falta de educación y por la suma pobreza y decadencia en que se hallan, no respiran más que humillaciones y abatimiento, y se reputan como felices cuando tienen con qué satisfacer escasamente la primera necesidad de su alimento, sin cuidarse del vestir, ni tener cama en qué descansar.

En tal situación, sólo una carestía de maíz extraordinaria, o unas imposiciones que no pudiesen absolutamente pagar, serían capaces de ponerlos en un estado de desesperación que les obligase a emprender algún atentado.

Casi todos los mineros y hacendados, los empleados y comerciantes, son europeos o se hallan entroncados con ellos, y todos conservan regularmente una relación y dependencia estrecha con sus casas en España, y son muy pocos los que no tienen el designio único de adquirir algún caudal con qué retirarse a su país nativo. Todas sus miras y operaciones se dirigen a este fin, y así no suelen cuidarse de otras noticias que las que su instrucción (bien limitada por lo común), conoce que pueden influir inmediatamente en el precio de los efectos de que deben disponer, o en los ascensos de la carrera en que sirven.

Tampoco hay en esta ciudad, cafés en que se lean gacetas y se junten los ociosos a hablar de noticias, ni hay casas extranjeras de importancia y concurrencia, ni otras juntas en que se siembre y fomente la semilla de la sublevación, pues aun en las casas de españoles es casi ninguna la sociedad que se encuentra.

No obstante, en punto de tanta importancia y consecuencia, nada omitiré de cuanto pueda contribuir a la mayor seguridad. He dado orden a la administración de correos, para que, con el secreto y reserva que corresponde, me dé noticia circunstanciada de todos los extranjeros que reciban canas, de dónde vienen y el número y tamaño de ellas, y en este correo no ha resultado motivo de sospecha.

La falta de conocimientos y circunstancias recomendables es casi general en las justicias y gobernadores de estos reinos, y por esto he creído que al comunicarles una orden de esta naturaleza, les excitaría ideas y haría formar conceptos en que de otro modo nunca pensarían, y que revelando el secreto con sus hechos y disposiciones, cuando no con sus palabras, causarían mayor trastorno e inconvenientes que los que pudiera ocasionar la misma memoria que se trata, de que no se extienda.

Su introducción ha de ser precisamente por Veracruz, por Nueva Orleans o por Campeche, y así escribo a sus gobernadores y al interino de Texas, para que no omitan cuidado ni diligencia, a fin de cortar el daño en su origen, con la importante reserva que conviene, y que por Vuestra Excelencia se me advierte.

En esta ciudad, que es en donde pudiera fermentar con mayor facilidad cualquier especie, me he valido de personas introducidas y de mi mayor satisfacción, para que apuren el origen de las noticias que oigan sobre el particular, y me den pronto aviso de ellas.

Si fuere conveniente, según se vaya presentando el aspecto de este asunto, tomaré igual providencia en Puebla, Guadalajara y Valladolid, y cualquiera otro pueblo que, por la calidad o número de sus habitantes, pueda dar motivo de recelo, y siendo necesario me valdré del auxilio del clero, que es el más a propósito y poderoso en este país, para una empresa de esta clase, por el gran predominio que tiene en los ánimos de las gentes.

En descubrimiento algún extranjero o nacional que sea sospechoso, tomaré la disposición que me dice Vuestra Excelencia, y me persuado que en el caso de que sea necesario dar otras más arriesgadas y eficaces, me hallo bastante bien recibido para que no faltase considerable número de personas de todas clases, con cuyo auxilio no quedarían desairadas cuantas órdenes diese en nombre y servicio de Su Majestad.

Inmediatamente que llegué a estos reinos, determiné no limitarme a los correos, sino escribir a Vuestra Excelencia por cuantas embarcaciones saliesen, cuyo pensamiento logró la satisfacción de ver aprobado con este motivo en la carta de Vuestra Excelencia.

Con otras noticias (que supongo sabrá Vuestra Excelencia), me escriben de La Habana, que el gobernador y el intendente de la Martinica se han retirado de aquella plaza. Los vasallos franceses, labradores, artesanos, o de otra clase útil, que se pasen en esta ocasión a nuestro reino, pueden ser una adquisición de la mayor importancia para él. Si llegase el caso de acogerse algunos a estos dominios, los admitiré, siguiendo las leyes de la humanidad; pero haré observar su conducta muy de cerca.

Con esta ocasión, repito a Vuestra Excelencia lo que en varias cartas le tengo manifestado acerca de que conviene infinito poner el mayor cuidado en la elección de los jefes y oficiales que se destinen a servir en América, para que sean los mejores que tenga el ejército, sin cuyo auxilio no podrán estar los cuerpos bien disciplinados, y, por consiguiente, en el estado que se requiere para ocasiones en que sea preciso valerse de ellos; y aseguro a Vuestra Excelencia, igualmente, que los que he hallado en este Reino, ya por su edad, calidades que siempre tuvieron o por las que han adquirido en el mucho tiempo que hace están aquí, son raros los que prometen buen desempeño en sus respectivas obligaciones, o para alguna comisión que se les dé.

Mi honor, el amor a mi soberano, mi gratitud y mi religión, me obligan al mayor esmero y desvelo en el desempeño de las obligaciones a que me ligan mi empleo y los preceptos de Su Majestad. Ni creo necesitar otro estímulo, ni que pueda haber razón que aumente en mí la persuasión en que vivo, de que el mayor esfuerzo y sacrificio en servicio del Rey, no es en mí más que una correspondencia, muy inferior, a los beneficios que tengo recibidos de la augusta beneficencia de Su Majestad.

Todo lo cual pido a Vuestra Excelencia que si lo tiene a bien lo traslade a su Real consideración, cuya aprobación me promete con el apoyo de la recomendación de Vuestra Excelencia, si se la merecen mis exposiciones.