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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1644 Informe de Juan de Palafox y Mendoza sobre la defensa militar del Reino

 

Materias de guerra exterior de estas provincias

Supuesto que en la guerra exterior, por ahora no hay que hacer caso de los indios que confinan con los de paz, contenidos fácilmente dentro del nuestro y de sus términos con no hacerles daño y una moderada correspondencia de los alcaldes confinantes con ellos, todo el cuidado viene a consistir en el que gobierna estos Reinos, en las invasiones e infestaciones de los holandeses, franceses y otros enemigos de la Corona. Y en este punto se puede considerar la guerra, o por el Mar del Sur o por el Mar del Norte y porque puede dar menos cuidado por el del Sur, hablaremos primero de ella.

Como quiera que el Mar Pacífico que llaman del Sur, es dilatadísimo, que toda la costa que corre, desde el estrecho de Mágallanes. hasta la California la poseen por la misericordia divina las armas y vasallos de Su Majestad, no pueden los holandeses por esta parte infestarla, que no sea o pasando del Mar del Norte por el estrecho de Magallanes o el de Nodales al del Sur, corriendo toda la costa, cosa de grande riesgo y dificultades por la variedad de los vientos temporales y prolijidad de esta navegación, o viniendo desde Filipinas por las plazas y fuerzas que tienen en aquel archipiélago, que es también navegación de ocho meses o por el imaginado estrecho de Anian, hasta ahora nunca reconocido y poco verosímil a los más prácticos y entendidos geógrafos. En cualquiera de estos casos, encuentran los enemigos de mala sanidad y de fácil defensa, fuera de que con cortar árboles, retirar frutos y embarazar los caminos, les ha de echar de la tierra la misma necesidad.

El puerto de Acapulco está bastante defendido con las fortificaciones y artillería que tiene de un castillo y sus soldados y valiéndose de la poca gente que tiene la costa, podrá bien tolerar el tiempo necesario a que llegue el auxilio y así con las órdenes generales que se dan a los alcaldes mayores que avisen de cualquiera vela que vean, cosa de que ellos tienen harto cuidado, la misma ocasión irá dictando las resoluciones que sobre ello se deban tomar o no y con avisar a la Audiencia de Guadalajara y a los alcaldes mayores que estén apercibidos y hagan lo que he referido.

Las invasiones del Mar del Norte pueden dar mucho mayor cuidado, sin comparación, porque si cuando la codicia traía a los holandeses desde las islas rebeldes a infestar estos mares, nos tenían en continuas fatigas, bien se deja hoy ver, cuando sobre poseer las islas de San Cristóbal, las Nieves, Curazao, la Tortuga, San Andrés y otras de Barlovento, han acabado ya con la guerra del Brasil, habiéndose conformado los rebeldes de Portugal a echar de aquellas provincias a los castellanos y las banderas del Rey, ¡ cuánto cuidado pueden dar a las armas de Su Majestad y seguridad de estas Provincias!

Por esta causa es precisamente necesario, no sólo que se tenga gran cuidado con la fuerza de la Vera Cruz, llave única de la Nueva España y que esté siempre bien guardada de municiones y bastimentos, sino reparar sus lienzos en este invierno de manera que se excuse el riesgo que han causado los embates continuos del mar, que han ido robando los fundamentos y corren grave riesgo señaladamente al golpe de la artillería.

También hay algunos prácticos que dicen se podrá disponer mejor la defensa de aquel puerto o fortificando a Sacrificios o haciendo en la costa alguna plataforma que quite la disposición a los enemigos de desembarcar, como lo han hecho otras veces. De este parecer es el señor Marqués de Cadereyta, porque desembarcando no pueden valerse de los médanos y de nuestras fortificaciones para defenderse de la fuerza y ganar con menos daño la ciudad. Otros tienen la opinión contraria: Vuestra Excelencia, como tan gran soldado, hará juicio sobre esto.

Para que tenga más pronto socorro este puerto, en caso de invasión de enemigos, tendría por conveniente conservar la milicia en el Obispado de la Puebla y todas las compañías de caballos que se reformaron en tiempo del señor Marqués de Cerralvo; y por esto y por el riesgo de los portugueses, conviene mucho continuar la de México, porque verdaderamente estas Provincias se hallan en tal estado con el ocio y paz en que han vivido tantos años, que si llegasen los enemigos y echasen cuatro mil mosquetes en tierra, fácilmente tomarían sitio donde nos pusiesen en gran cuidado y confusión.

Para asegurar que los socorros sean prontos y por buenas cabezas, será muy advertida atención dar las alcaldías mayores principales de aquel Obispado a beneméritos y caballeros que sean soldados, señaladamente los puestos de la Puebla, Tlaxcala, Jalapa y Vera Cruz y otros de este género; porque con eso podrían ejercitar a los soldados de milicia y conducirlos con mayor brevedad y disciplina.