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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1640 Relación de la llegada del virrey Diego López Pacheco, Cabrera y Bobadilla, duque de Escalona.

 

De esta ciudad de la Nueva Veracruz, acompañado de la nobleza de ella, milicia y compañías de a caballo, salió Su Excelencia a dormir a la Veracruz Vieja, jornada de cinco leguas; ya mediado el camino, salió su Alcalde Mayor, con dos compañías de a caballo, la una de españoles y la otra de indios de Atopa y Chicuantepeque, y con algunos juegos de trompetas y chirimías de los indios, hicieron su alegre recibimiento, con muchos arcos de verduras y flores, hasta llegar a las casas, donde estaba prevenido regalo y alojamiento, si los muchos mosquitos, que hay en esta tierra, dejaran gozarlo. De esta ciudad se hizo jornada de cinco leguas a la Rinconada, y, en medio del camino, topó Su Excelencia una litera y dos caballos, que con criados de librea le enviaba el Marqués de Cadereita, y el camino era tan malo, que no dejaba gozar de lo uno ni de lo otro. De la Rinconada se pasó a la Venta del Río, jurisdicción de Jalapa, camino de 4 leguas, donde estuvo prevenido el Alcalde Mayor y 8 gobernadores de la jurisdicción con bastimentos y hospedaje cuidadoso, frutas, aves y dulces con abundancia. Y más de una legua antes, era muy de ver los muchos arcos triunfales de yerbas, hechos con la curiosidad de los indios, y altares a los lados; y ocho o diez juegos de trompetas y chirimías de indios que, a trechos repartidos, hacían su recibimiento, dándole al pasar ramilletes de flores de su reconocimiento. De esta venta se fue a la del Lencero, de la misma jurisdicción, donde el mismo Alcalde Mayor tuvo la misma prevención y regalo, acompañado de seis gobernadores indios con el dicho festejo, camino de cuatro lenguas. De esta venta fueron nuestras tropas a Jalapa, distancia de 3 leguas, donde estuvieron aderezadas las Casas Reales de Cabildo con curiosidad y aseo, cuidando de todo buen alojamiento el Alcalde Mayor, con 52 gobernadores indios de su jurisdicción. Fuese Su Excelencia a aposentar en el Convento de San Francisco de este lugar y, para repararse de los muchos y destemplados calores que desde la Veracruz se habían padecido, se detuvo Su Excelencia ocho días, por ser como es su temple muy fresco, de lindas aguas y buenos mantenimientos. Dividiose la familia porque no fuese cargosa por esta detención, y se adelantaron a Tlaxcala para tener prevenido el Palacio y hospedaje de Su Excelencia, que quedó con los criados precisamente necesarios que le asistiesen. Hubo tres días toros, grande abundancia de dulces, que la liberalidad de México llevó hasta allá con próvida prevención, porque su Real Audiencia envió su Alguacil Mayor de Corte, Francisco del Castillo, Regidor, que desde la Venta del lío vino asistiendo a Su Excelencia, con orden que acudiese a todo. Aquí acudieron Provinciales, Comisarios, Superiores de las Religiones y casi todo lo noble de todo el Reino a dar el bienvenido a Su Excelencia, todos traídos de su particular afecto con particular demostración, pareciéndole a cada uno que le venía el crédito de su honor, el vínculo de su aumento y el universal remedio de sus males, con desvanecimiento común de haber alcanzado tal Virrey. De Jalapa, reparado Su Excelencia con el buen temple de la tierra y mejor salud, caminó a la Hoya, jornada de cuatro leguas, creciendo con el camino el acompañamiento, regalo y celebridad. Asistió el Alcalde Mayor con 8 gobernadores indios, y don Jerónimo Godínez, Beneficiado de Tlacolula, muy rico; y mostró bien el serlo en la magnificencia del mucho regalo y hospedaje, que en esta venta tuvo, que más parecía palacio en ciudad que venta en despoblado; ni en parte ninguna los gobernadores indios se olvidaron de hacer sus humildes reconocimientos.

Andando de venta en venta, el Marqués mi señor fue desde aquí a la Venta de Perote, cinco leguas, donde hay un Hospital Real para curar enfermos cachupines, que más parece que fue fundación para regalo de personas reales, debido todo, no a la finca de sus rentas que es muy pobre, sino al afectuosísimo cuidado, tanto como liberal, del Alcalde Mayor de Jalazingo, que asistiendo por muchos días y con él su Beneficiado y diez gobernadores indios, de quince leguas alrededor, de su jurisdicción, estuvo con abundancia de todo prevenido. Tuvo seis piezas grandes, vestidas de ricas colgaduras, grandes aparadores de plata, abundancia de camas, no menos costosas que aseadas, y el cuarto de Su Excelencia con particulares ventajas. Era su cámara una pieza grande con dos camas, una para de noche y otra para de día, tan ricas y aseadas telas y holandas, que sólo podía ser empleo para tal persona. El testero de esta sala ocupaban cuatro fuentes ocultas con ingenio y arte, haciendo fachada repartimiento de diversas flores, que más. parecía muestra de los primores de la primavera, que cuidado del aseo. Eran las fuentes, una de agua de olor, otra de vino precioso, otra de leche, otra de miel y todas corrieron sobre bateas grandes, vestidas de flores; y al lado de ellas, se descubrió un risco, de dos varas y media de alto en proporción, todo fabricado de todo género de dulces, que parecía un epílogo de todo el regalo dulce de Valencia y Castilla. Estuvo este risco cubierto con un rico pabellón de China, hasta que entró Su Excelencia y, con ingenio oculto, se soltaron las fuentes y se descubrió aquella montaña de dulzura. La despensa y mesa fue tal y tan abundante, que a todas las tropas que pasaron del Marqués mi señor, con lo lucido de la nobleza de este Reino que le seguía, se le sirvió con 24 platos, uno mejor que otro, viéndose junto en aquel lugar sólo, todo el regalo de carne y de pescado, que está repartido en todos los lugares de este Reino, quedando tanto sobrado, que pudo ser regalo cumplido para el resto del camino. Aquí tomó Su Excelencia sus carrozas ricas, que trajo embarcadas tres, y por la fragosidad del camino no pudo entrar en ellas hasta este lugar, desde donde le acompañaron muchas de la ciudad de México y la Puebla. De este Hospital Real (que lo mostró ser) fue a dormir Su Excelencia a la Ermita de San Pedro y Venta de Martínez, jurisdicción de San Juan de los Llanos, donde asistieron 6 gobernadores indios de aquel partido, con reconocido apercibimiento; y a otro día, fue Su Excelencia a la casa que llaman de los Virreyes, junto a la Venta de los dos caminos, jurisdicción de Tlaxcala, con la misma prevención de su Alcalde Mayor; y otro día a dormir a Huamantla, en el Convento de San Francisco, porque el afecto y devoción de Su Excelencia a esta sagrada religión nunca le dejó perder sus hospedajes, enviando su familia a las Casas Reales de aquel lugar, y porque el Padre Comisario General y Provincial de este Reino, que venían acompañando a Su Excelencia, tenían prevenidas sus casas y hospedaje con particulares demostraciones de afectuosos deseos. Aquí vino el Gobernador y principales de Tlaxcala a hacer su recibimiento reconocido, acompañándole otro día hasta su ciudad, y teniéndole prevenido en el monte, lugar decente y comida abundante para toda la familia y acompañamiento [...]

Otro día, fue Su Excelencia, 30 de Julio, a la Catedral; asistió a Misa que se dijo del Espíritu Santo, en hacimiento de gracias y a un sermón, tan docto como grave, con mucha música y tanta alegría y majestad, que no había cosa que no fuese indicio del mucho gozo que sentían. A la tarde, hubo toros, muchos y buenos y lanzada, y otro día, a los toros que hubo, acompañó una máscara estremada y nuevas invenciones de fuego, que corrían por cuerdas desde la Catedral a Palacio; y a la noche, hubo una célebre encamisada. Y a primero de agosto, hubo juego de cañas de 32 caballeros, repartidos en cuadrillas, con tan hermosos caballos como ricas y vistosas libreas; y mayor que todo fue la destreza con que las jugaron; y no puedo dejar de decir la particular destreza de un jinete que corrió delante de Su Excelencia dos carreras la cabeza sobre la silla y los pies en alto; y otra, en lo fuerte de la carrera, en la silla daba una vuelta redonda sobre ella y, lo que más es, en otras, en lo más veloz del curso, se apeaba una y dos. veces y volvía a subir, prosiguiendo su carrera, cosa que si no se hubiera visto, parecía increible. Jueves 2 de Agosto, hubo otra máscara lucida, con carros triunfales de música y toda la descendencia de la casa del Marqués mi señor, desde sus principios, con trajes según la usanza de los tiempos, que tuvo tanto que ver como admirar; llevando sus tarjetas elogios que explicaban sus asuntos. Viernes 3 de agosto, los estudiantes, dando muestras de sus ingenios y alegría, hicieron a loridículo un juego de cañas, con libreas tan graciosas, cuadrillas tan concertadas y su carro triunfal con música, y carreras con tanta destreza, que pudieron competir con las primeras cañas. Hubo toros y: a la noche, nuevos fuegos y siempre luminarias. Sábado 4 de agosto, hubo toros, acabándose con otra máscara, carro triunfal de música y nuevas invenciones de libreas costosas, con mucho lucimiento de hachas, que llevaban los caballeros y gran chusma de criados que con diversas libreas los acompañaba. Y a todos estos festejos, que no fueron de toros, asistió con Su Excelencia, Su Illustrisima, con mutuas demostraciones de amistad y celo, para mirar por el bien de este Reino, y la ciudad su liberalidad, con repetidas abundancias de dulces y colaciones que, a pesar de sus alcances, no faltó a lo generoso de su reconocimiento, porque, como dijo San León Papa, no hay hacienda corta para largos ánimos: Nulli parvus est census cui magnus est aninsus [...]

Este día de la entrada hubo un mitote general de cuatrocientos indios, con tilmas de gala y plumeros, que bailaron a su usanza, y alegraron el campo y la ciudad; y a la noche, hubo luminarias generales, que desde este monte, parecía México retrato del incendio de Roma. Hubo un grande castillo, en el patio, con cinco torreones, de donde salieron dos hombres armados, a pelear con una sierpe de notable grandeza, despidiendo de sí mucha artillería, cohetes sin número, bombas de fuego artificioso, multitud de buscapiés; y, para acabar esta fiesta, hubo muchos toros, hechos con mucho ingenio y cubiertos de cohetes, trayéndolos por la plaza hombres ocultos en ellos, y habiendo caballos y caballeros, hechos del mismo ingenio, que rejoneaban y daban lanzada de fuego. El día siguiente, teniendo la ciudad comedia prevenida, hecha a intento de venida tan deseada y grandeza, la modestia del Marqués mi señor no dio lugar a elogios; y esto mismo previene en los sermones, queriendo que solamente se predique a Jesucristo. Hízosele otra comedia, asistiendo a ella con la Real Audiencia; y los demás Tribunales de esta ciudad fueron a dar su repetida y generosa bienvenida. Los demás días siguientes, hasta la entrada, todo fue festejos, comedias, saraos, músicas, toros, con multitud de colaciones, que liberal el Marqués mi señor a todos repartía, siendo todo este tiempo el camino de México hormiguero de multitud de gente y de coches, y pareciendo este monte, montaña poblada de gentío; y habiendo entrado Su Excelencia oculto al Convento de Santa Ana, que está a la orilla de la ciudad, de donde acostumbran hacer la entrada en forma los Virreyes, la de Su Excelencia se hizo y dispuso de esta suerte [...]