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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1640 Idea de un príncipe político-Chistiano. Diego Saavedra Fajardo.

Viena 10 de Julio 1640

 

 

AL PRINCIPE NUESTRO SEÑOR.
SERENISIMO SEÑOR.

Propongo á V. A. la Idea de un Principe Politico-Christiano, representada con el buril y con la pluma, para que por los ojos y por los oidos (instrumentos del saber) quede mas informado el animo de V. A. en la ciencia de reynar, y sirvan las figuras de memoria artificiosa. Y porque en las materias politicas se suele engañar el discurso, si la experiencia de ios casos no las asegura, y ningunos exemplos mueven mas al sucesor que los de sus antepasados; me valgo de las acciones de los de V. A. y asi no lisonjeo sus memorias encubriendo sus defectos, porque no alcanzaría el fin de que en ellos aprenda V. A. á gobernar. Por esta razón nadie me podrá acusar que les pierdo el respeto, porque ninguna libertad mas importante á los Reyes, y á los Reynos, que la que sin malicia ni pasión refiere, como fueron, las acciones de los gobiernos pasados, para enmienda de los presentes. Solo este bien queda de haber tenido un Principe malo, en cuyo cadaver haga anatomía la prudencia, conociendo por él las enfermedades de un mal gobierno, para curarlas. Los Pintores y Estatuarios tienen museos con diversas pinturas y fragmentos de estatuas donde observan los aciertos ó errores de los antiguos. Con este fin refiere la historia libremente los hechos pasados, para que las virtudes queden por exemplo, y se repriman los vicios con el temor de la memoria de la infamia. Con el mismo fin señalo aqui las de los progenitores de V, A., para que unas le enciendan en gloriosa emulación, y otras le cubran el rostro de generosa vergüenza, imitando aquellas, y huyendo de estas. No menos industria han menester las artes de reynar, que son las mas difíciles y peligrosas, habiendo de pender de uno solo el gobierno y la salud de todos. Por esto trabajaron tanto los mayores ingenios en delinear al Principe una cierta y segura carta de gobernar, por donde reconociéndolos escollos y baxios, pudiese seguramente conducir al puerto el baxel de su estado. Pero no todos miraron á aquel divino Norte, eternamente inmóvil, y asi señalaron rumbos peligrosos, que dieron con muchos Principes en las rocas. Las agujas tocadas con la impiedad, el engaño y la malicia hacen erradas las demarcaciones. Toquelas siempre V.A. con la piedad, la razón y la justicia, como hicieron sus gloriosos progenitores, y arrójese animoso y confiado á las mayores borrascas del gobierno futuro, quando despues de largos y felices años del presente pusiere Dios en él á V. A. para bien de la Christian- dad. Viena 10 de Julio 1640.

Seren.mo SEÑOR,

A L. P. de V. A.

Diego Saavedra Faxardo.

 

EL IMPRESOR
AL QUE LEYERE.

El deseo de formar un Principe glorioso, y hacer feliz una Monarquía, estimuló á Don Diego Saavedra Faxardo á inventar tantas maravillas, quantas son sus Empresas. Apenas se hallará en la Europa Ministro útil, ni Cortesano discreto que no se haya cortado en esta cantera, ó no haya bebido en esta fuente. Mas politicos ha dado al mundo Saavedra en nuestros tiempos, que Grecia y Roma en sus siglos de oro. La pureza del idioma, y primoroso enlace de la profana erudición con la Moral chris- tiana, han hecho la obra tan provechosa á toda clase de gentes, que su utilidad ha pasado mucho mas allá de los limites de la esperanza de su Autor, Varias veces y en varias provincias se ha dado á la prensa, pero con la desgracia de no haber salido tan puntual y correcta como debiera. En algunas ediciones están truncadas las clausulas, en otras no guardan el sentido que les quiso dar el Autor, y en todas hay varias erratas, asi en las autoridades como en las citas: trabajo á que suelen estar expuestas por lo común las ediciones postumas.

Deseando yo pues que una Obra tan util volviese á salir á luz con la primitiva perfección, despues de haber registrado varias Bibliotecas, tuve la fortuna de encontrar en la de D. Antonio Mayáns y Sisear, Canónigo de esta Metropolitana Iglesia, un exemplar de la segunda Impresión hecha en Paris año 1642, y corregida por el mismo Autor. Este insigne Prebendado, no menos hermano en la erudición que en la naturaleza del difunto D. Gregorio Mayáns, de feliz memoria, á quien tanto debe la República literaria por su vasta erudición, profunda inteligencia, y singular cuidado en recoger las primeras ediciones de los principales autores de todas ciencias, especialmente Españoles, me franqueó el expresado Original, de que me he valido para la presente Edición.

Sí merece la aprobación de los sabios, me lisonjearé de haber hecho un gran obsequio al Autor, y un gran beneficio al Publico, sino me contentaré con haberlo intentado. VALE.

 

AL LECTOR

En la trabajosa ociosidad de mis continuos viages por Alemania, y por otras provincias, pensé en esas cien Empresas, que forman la Idea de un Principe Politico-Christiano, escribiendo en las posadas lo que habia discurrido entre mí por el camino, quando la correspondencia ordinaria de despachos con el Rey nuestro Señor, y con sus Ministros, y los demas negocios públicos que estaban á mi cargo, daban algún espacio de tiempo. Creció la obra, y aunque reconocí que no podía tener la perfección que convenía, por no haberse hecho con aquel sosiego de animo, y continuado calor del discurso, que habría menester para que sus partes tuviesen mas trabazón y correspondencia entre sí, y que era soberbia presumir que podía yo dar preceptos á los Príncipes (1), me obligaron las instancias de amigos (en mí muy poderosas) á sacarla á luz, en que también tuvo alguna parte el amor propio, porque no menos desvanecen los partos del entendimiento, que los de la naturaleza. No escribo esto, ó Lector, para disculpa de errores, porque qualquiera sería flaca, sino para grangear alguna piedad de ellos en quien considerare mí zelo de haber, en medio de tantas ocupaciones, trabajos y peligros, procurado cultivar este libro, por si acaso entre sus hojas pudiese nacer algún fruto, que cogiese mi Principe y señor natural, y no se perdiesen conmigo las experiencias adquiridas en treinta y quatro años, que despues de cinco en los estudios de la Universidad de Salamanca he empleado en las Cortes mas principales de Europa siempre ocupado en los negocios publicos, habiendo asistido en Roma á dos Conclaves : en Ratisbona á un Convento Electoral, en que fue elegido Rey de Romanos el presente Emperador : en los Cantones Esguizaros á ocho Dietas; y últimamente en Ratisbona á la Dieta general del Imperio, siendo Plenipotenciario de la Serenísima Casa y Circulo de Borgoña. Pues quando uno de los advertimientos politicos de este libro aproveche á quien nació para gobernar dos mundos, que- dará disculpado mi atrevimiento.

Á nadie podrá parecer poco grave el asunto de las Empresas, pues fue Dios autor de ellas. La sierpe de metal (2), la zarza encendida (3), el vellocino de Gedeon (4), el león de Sansón (5), las vestiduras del Sacerdote (5), los requiebros del Esposo (7), qué son sino Empresas?

He procurado que sea nueva la invención, y no sé si lo habré conseguido, siendo muchos los ingenios que han pensado en este estudio, y fácil encontrarse los pensamientos, como me ha sucedido inventando algunas Empresas, que des-, pues hallé ser agenas, y las dexé no sin daño del intento, porque nuestros antecesores se valieron de los cuerpos y motes mas nobles, y huyendo ahora de ellos, es fuerza dar en otros no tales.

También á algunos pensamientos y preceptos políticos, que sino en el tiempo, en la invención fueron hijos propios, les hallé despues padres, y los señalé á la margen, respetando lo venerable de la antigüedad. Felices los ingenios pasados, que hurtaron á los futuros la gloria de lo que habían de inventar; sí bien con particular estudio y desvelo he procurado texer esta tela con los estambres politicos de Cornelio Tacito, por ser gran Maestro de Principes, y quien con mas buen juicio penetra sus naturales, y descubre las costumbres de los palacios y cortes, y los errores ó aciertos del gobierno. Por sus documentos y sentencias llevo de la mano al Principe que forman estas Empresas, para que sin ofensa del pie coja sus flores, trasplantadas aquí, y preservadas del veneno y espinas que tienen algunas en su terreno nativo, y les añadió la malicia de estos tiempos. Pero las maximas principales de estado confirmo en esta impresión con testimonios de las sagradas Letras, porque la política que ha pasado por su crisol, es plata siete veces purgada y refinada al fuego de la verdad (8). Para qué tener por maestro á un Etnico? ó á un impío, si se puede al Espíritu Santo?

En la declaración de los cuerpos de las Empresas no me detengo, porque el Lector no pierda el gusto de entenderlas por sí mismo. Y si en los discursos sobre ellas mezclo alguna erudición, no es por ostentar estudios, sino para ilustrar el ingenio del Principe, y hacer suave la enseñanza.

Toda la obra está compuesta de sentencias y maximas de estado, porque estas son las piedras con que se levantan los edificios políticos. No van sueltas, sino atadas al discurso, y aplicadas al caso, por huir del peligro de los preceptos universales.

Con estudio particular he procurado que el estilo sea levantado sin afectación, y breve sin obscuridad: empresa que á Horacio pareció dificultosa (9), y que no la he visto intentada en nuestra lengua Castellana. Yo me atreví á ella, porque en lo que se escribe á los Principes, ni ha de haber clausula ociosa, ni palabra sobrada. En ellos es preciso el tiempo, y peca contra el publico bien el que vanamente los entretiene.

No me ocupo tanto en la institución y gobierno del Principe, que no me divierta al de las Repúblicas, á sus crecimientos, conservación y caidas, y á formar un Ministro de Estado, y un Cortesano advertido.

Si alguna vez me alargo en las alabanzas, es por animar la emulación, no por lisonjear, de que estoy muy lejos; porque sería gran delito tomar el buril para abrir adulaciones en el bronce, ó incurrir en lo mismo que reprehendo ó advierto.

Si en las verdades soy libre, atribuyase á los achaques de la dominación, cuya ambición se arrayga tanto en el corazón humano, que no se puede curar sin el hierro y el fuego. Las doctrinas son generales; pero si alguno por la semejanza de los vicios entendiere en su persona lo que noto generalmente, ó juzgare que se acusa en él lo que se alaba en los demas, no será mia la culpa.

Quando repruebo las acciones de los Principes, ó hablo de los Tiranos, ó solamente de la naturaleza del Principado, siendo asi que muchas veces es bueno el Principe, y obra mal; porque le encubren la verdad, ó porque es mal aconsejado.

Lo mismo se ha de entender en lo que se afea de las Repúblicas; porque, ó es documento de lo que ordinariamente sucede á las comunidades, ó no comprehende á aquellas Repúblicas coronadas, ó bien instituidas, cuyo proceder es generoso y real.

Me he valido de exemplos antiguos y modernos : de aquellos, por la autoridad; y de estos, porque persuaden mas eficazmente, y también, porque habiendo pasado poco tiempo, está menos alterado el estado de las cosas, y con menor peligro se pueden imitar, ó con mayor acierto formar por ellos un juicio politico y advertido, siendo este el mas seguro aprovechamiento de la historia: fuera de que no es tan asterii de virtudes y heroycos hechos nuestra edad, que no dé al siglo presente y á los futuros insignes exemplos, y seria una especie de envidia engrandecer las cosas antiguas, y olvidarnos de la- presentes.

Bien sé, ó Lector, que semejantes libros, de razón de estado, son como los Estafermos, que todos se ensayan en ellos, y todos los hieren; y que quien saca á luz sus obras, ha de pasar por el humo y prensa de la murmuración (que es lo que significa la Empresa antecedente, cuyo cuerpo es la Imprenta); pero también sé, que quanto es mas obscuro el humo que baña las letras, y mas rigurosa la prensa que las oprime, salen á luz mas claras y resplandecientes. VALE.

 

Notas:

(1) Praecipere qualis debeat esse Princeps, pulchrum quidem y sed onerosum, ac prope superbam, Plin. Jun. lib, 3. epist. 18.

(2) Num. cap. 21,

(3) Exod. cap. 3.

(4) Judic, cap 6.

(5) Judie, cap. 14.

(6) Exod. cap. 18.

(7) Cant. Cantic. 

(8) Eloquia Damini, eloquia casta: argentum igne examinatum, probatum terra, purgatum septuplum, Psalm. 11. 7.

(9) Dum brevis esse laboro, obscurus fio. Horat. Art.Poet.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

T I                         T II