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Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1570 Introducción a la Doctrina Cristiana. Códice franciscano. (Fragmento)

 

"INTRODUCCIÓN A LA DOCTRINA CRISTIANA PARA LOS NATURALES".

Esta sobredicha Doctrina se queda imprimiendo de nuevo en México ahora en este año de mil y quinientos y setenta, y sería cosa conveniente mandar que ésta generalmente se usase en todo lo que alcanza la lengua mexicana, y que de las Doctrinas menores sólo ésta se imprimiese en la Nueva España, por evitar confusión y diversidad de Doctrinas, pues es cosa que sobre todas las otras requiere unidad y conformidad.

Esta dicha Doctrina sirve para los indios que saben leer, y para los que ya quieren hacer leer en sus casas, y para los niños que estudian en las escuelas, los cuales la dicen cada día a voces, toda o la mayor parte Bella; mas en la iglesia no se enseña, ni a los que han recibir los sanctos Sacramentos se les pide más de lo sustancial de ella, lo cual conviene que sepa todo fiel cristiano, como es el Per signum Crucis, el Pater noster, el Ave María, el Credo, la Salve Regina, los catorce artículos de la fe, los diez Mandamientos de Dios y los cinco de la Iglesia, los siete Sacramentos, y los siete pecados mortales y la Confesión general.

Esto todo se enseña, y dello se pide cuenta a todos los indios que han de recibir alguno de los Sacramentos, ahora sea el Baptismo o Confirmación o Confesión, Eucaristía y Matrimonio; y aun cada vez que se han de confesar, se les pregunta primero, para satisfacer el sacerdote que saben la doctrina y que no la han dejado olvidar, y para poner en ellos más cuidado y no dar lugar a su pereza y descuido, puesto que lo quieran tener; aunque con los viejos y rudos que han estado muchos días aprendiendo la doctrina y han hecho de su parte lo posible, y no han podido salir con ella, se contentan los Ministros con que se sepan santiguar, y digan el Pater noster y el Ave María, y que confiesen los Artículos de la fe, a lo menos para oirlos de penitencia y administrarles el sacramento del Matrimonio, porque no anden en mal estado amancebados, por falta de no los casar.

 

"INFORME REFERENTE AL COLEGIO DE SANTA CRUZ DE TLATELOLCO".

El Virrey D. Antonio de Mendoza, de buena memoria, dejó fundado un colegio cuya vocación es de Sancta Cruz, para que allí se recogiesen hasta ochenta indios mochachos traídos de los pueblos principales de la Nueva España, a los cuales se les enseñase Gramática y otras ciencias, conforme a su capacidad, con intento que estos indios, sabiendo latinidad y entendiendo los misterios de la Sagrada Escritura, se arraigasen en la fe más de veras y confirmasen en ella a los otros que no sabían tanto, y ayudasen a los Religiosos que no entendían bien la lengua, interpretando al pueblo en ella lo que les dijesen. Este colegio está edificado dentro del patio del monesterio de Santiago del pueblo de Tlatelulco, que es conjunto con la ciudad de México, en el cual monesterio residen Religiosos de la Orden de S. Francisco, y el Guardián de él tiene cargo de mirar por lo que conviene al dicho colegio y colegiales, en nombre de S.M., que es su patrón. A los principios leyeron allí latinidad a los indios y las Artes, y aun parte de la Teología Escolástica, tres personas de las eminentes que han pasado a Indias, así en letras como en religión, que fueron Fr. Juan de Gaona, Fr. Francisco de Bustamante y Fr. Juan Fucher, los cuales, como tales maestros, sacaron algunos indios buenos discípulos, que aunque en las Artes y Teología no se han mostrado más de para aprovecharse a sí mismos, a lo menos salieron tan buenos latinos, que han leído la Gramática muchos años, así en el mismo colegio a los indios como en otras partes a los Religiosos de todas las Ordenes; y a los que han deprendido su lengua, ellos son los que principalmente se la han enseñado, y les han enseñado a traducir en ellas los libros que están escritos en la dicha lengua, y han servido de intérpretes de las Audiencias, y han sido hábiles para encomendárseles los oficios de jueces y gobernadores y otros cargos de la república, mejor que a otros, de manera que no fue frustrado el intento del que fundó aquel colegio, ni el de los antiguos y santos frailes que entendieron en ello, aunque acá no le ha faltado harta contradicción y emulación a aquella obra, de parte de los seglares por quitar aquella policía y aprovechamiento a los indios, en los cuales tienen por mal empleado cualquiera beneficio que se les haga y de parte de otras personas eclesiásticas, por ser cosa que está a cargo de los frailes de S. Francisco]; y aun algunos de la misma Orden le han puesto no poca contradicción y pretendido que se deshiciese este colegio, porque el demonio, vencido y derrocado en la Nueva España en más breve tiempo y con mayor caída que lo ha sido en parte del mundo, allí, más que en otra parte, se ha esforzado y esfuerza a impedir todos los bienes que puede, viendo el grande aparéjo que hay para hacerse muy muchos; y esto enrédalo no solamente por medio de los hombres mundanos, sino también por medio de los mismos religiosos, porque el negocio tenga más autoridad, y para esto busca buenos colores y razonables intentos con que sabe, que se han de mover los de aquel hábito y profesión para seguir sus opiniones y pareceres. Lo que a estos Religiosos ha movido tratar en disfavor de este negocio, es lo uno decir que el latín en los indios sirve de que conozcan en el decir las misas y Oficios divinos cuáles sacerdotes son idiotas, y se rían de ellos o no les tengan en tanta reputación como era razón, y para que asimismo noten si alguno en la predicación o en otras pláticas echa algún gazafatón en el latín: la cual razón cuan frívola sea, bien se deja entender. Lo otro echan mano de decir que estos indios latinos salen bachilleres y son mayores bellacos que otros que no han estudiado; y esto no sería maravilla que fuesen éstos más traviesos que los que se crían rústicamente en sus aldeas, que lo mismo vemos entre españoles y otras naciones, que ordinariamente más traviesos son los estudiantes que salen a las escuelas de Salamanca y AIcalá, que los que quedan en casa de sus padres; pero juntamente con esto saben más y entienden más, y así son de mayor provecho para toda la república. La conclusión desto es, a lo que alcanzo, y a lo que siempre he oído y visto tratar a los más y que mejor sienten, que para los indios no son Artes ni Teología ni otras facultades, ni hay para qué se las enseñar, mas la Gramática sí, porque con ella aprovechan muy mucho, y ayudan a los ministros de la Iglesia en las cosas arriba dichas, y asimismo a sus repúblicas en el gobierno temporal deltas, porque demás del latín aprenden en el dicho colegio la lengua castellana y mucha policía y buenas costumbres; y así en verdad que conozco dellos algunos tan virtuosos, entendidos y bien morigerados, que no hay más que desear en cristianos viejos muy concertados. El orden que estos tienen en su colegio, en concierto de su refectorio y dormitorio, es a manera de Religiosos, y cada día van a la iglesia que la tienen allí junto, a oír misa en procesión, vestidos de sus hopas azules o moradas, y las fiestas van al sermón y misa y Vísperas, y ellos mismos las ofician.

Lo que me parece convernía proveerse por mandado de S.M. para la conservación y aprovechamiento de este colegio, que resulta, según por lo dicho parece, en utilidad de toda esta república, es lo primero, encargar al Provincial que es o fuere desta Provincia del Santo Evangelio, que él mismo y el Guardián que fuere en aquel monesterio de Santiago de Tlatelulco tenga particular cuidado de mirar por aquel colegio y por los indios que en él estudian, de manera que ellos sean aprovechados, y lo que allí se gasta (aunque todo sea poco) se emplee fructuosamente, porque no obstante que el dicho colegio suele tener su mayordomo por cuya mano se gasta y dispensa lo que tiene de renta, si los Religiosos no mirasen por él sería todo cosa perdida y se acabaría en dos días, como se ha visto por experiencia; y que para esto tengan recurso al Virrey y le cien aviso de lo que conviniere remediar, al cual asimismo se le ha de mandar que tenga especial cargo de proveer lo que fuere necesario. Lo segundo, conviene encargar a los dichos Provincial y Guardián que tengan cuenta con que los indios que allí entraren por colegiales no sean grandes sino niños de ocho hasta doce años, cuando mucho, y que en llegando a los quince años los envíen a sus casas y no queden en el colegio, salvo los que fueren menester para enseñar a los menores, y que no haya muchos de su pueblo, sino que se reparta por todos el beneficio que allí se les hace, y haya sólo dos o tres, cuando mucho, de cada pueblo. Lo tercero, sería grande obra de misericordia que S.M. fuese servido de dar favor a aquel colegio, de manera que tuviese con qué sustentar buenamente hasta ciento y cinquenta o doscientos niños, porque pudiesen traerse dos de cada pueblo, a lo menos de los principales pueblos, que son muchos en la Nueva España, y así sería grande y general el fructo que allí se haría, y S.M. descargaría con esto en algo su real conciencia, de lo mucho que sus Oficiales le han encargado en esta tierra agraviando a los indios;. y podríase hacer con harto poco, porque con hacer merced al colegio de mili hanegas de maíz en cada un año en los tributos de los pueblosmás cercanos a México, o con que comprarlas, si el maíz faltase, y de otros quinientos pesos de la caja de S.M. con otro poco que tienen, que es casi nada, podrían pasar la vida, teniéndose cuenta con ello. Esto pongo aquí,. aunque no paresce su lugar, por ser cosa importante.