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Edicion 2017

 

Selección de textos y documentos:

Doralicia Carmona Dávila

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1543 Instrucciones secretas de Carlos V a Felipe II

6 de Mayo de 1543

Lo primero que en ella os diré será, hijo, el pesar que tengo de haber puesto los Reinos y señoríos que os tengo de dejar en tan extrema necesidad, que sola ella, y por no dejaros menos de la herencia que heredé, me fuera a hacer este viaje; y aunque no ha sido por mi voluntad, mas bien forzosamente y contra ella, todavía lo siento en extremo y me pesa de ello; porque si nuestros vasallos no nos sirven, no sé cómo podremos sustentar la carga. Todas las cosas están en las manos de Dios, en Él es remediarlo todo, y con esta confianza y para ver, si por su bondad, no por mis méritos, me quisieses favorecer de arte y permitir que se hiciese cosa tal y tan grande que fuese medio por donde nuestros negocios se pudiesen remediar, me meto y hago este viaje; el cual es el más peligroso para mi honra y reputación, para mi vida y para mi hacienda que puede ser; plega a Él que no lo sea para el alma, como confío que no será, pues lo hago con buena intención para proveer los medios que pudiere para remediar lo que me tiene dado y no dejaros, hijo, pobre y desautorizado, por donde después tendrías gran razón de quejaros de mi, aunque creo que siempre tendréis consideración de pensar que lo que he hecho ha sido forzosamente para guardar mi honra, pues sin ella menos me pudiera sostener y menos os dejara.

     El peligro que en él pasó por la honra y reputación es que voy a cosa tan incierta que no sé qué fruto se seguirá de él, porque el tiempo está muy adelante y el dinero poco y el enemigo avisado y apercibido. De esto se sigue el de la vida y, por consiguiente, el de la hacienda, pues por estar las cosas en este peligro se aventura lo uno y lo otro. En lo de la vida Dios lo ordenará como Él fuere servido; a mi me quedará el contentamiento de haberla perdido por hacer lo que debía y por remediaros, y no soy obligado a más. Lo de la hacienda quedará tal que pasaréis gran trabajo, porque veréis cuan corta y cargada queda por ahora, pues cómo quedaría habiendo gastado más y perdido la reputación y autoridad. Lo del alma, Dios por su bondad tendrá misericordia de ella. Para en este caso, hijo, o si fueses preso o detenido en este viaje os escribo esta carta grande, la cual por ahora ni en ningún tiempo no habéis de abrir ni permitir que la abra nadie sino hasta que Dios hubiese permitido uno de estos dos casos en mí; y en estos en las primeras Cortes que tuviéredes (que entonces será necesario tenerlas) mandaréis abrirla y leerla públicamente, porque en ella van las disculpas que doy de mí en los negocios que se ha tratado y también lo que a vos y a nuestros Reinos y señoríos conviene, si queréis ser rey y señor de ellos, y ellos reinos y vasallos vuestros; y en estos casos usaréis de esta carta como está dicho. Y por cuanto todos somos mortales, si por caso Dios en este tiempo os llevase para sí (que por su bondad no permita), ordenad y poned desde luego un escrito de vuestra mano con ella, mandando que sea guardada y no abierta hasta que otra cosa ordenase. Mas por cuanto yo confío que Dios, por quien Él es, no hará tanto mal ni a vos ni a mí, antes nos favorecerá, también os quiero decir lo que en este caso conviene que hagáis. Y para que mejor lo entendáis, es necesario que os informe de lo que ya tenía pensado de hacer, lo cual dejé por no poder, de donde podría resultar harto inconveniente; y es que en este mi pasaje y viaje tengo fin, si el Rey de Francia me tiene anticipado y tomado la mano, de defenderme de él y porque no puedo mucho sostener el gasto podría ser que fueses forzado a pelear con él y aventurarlo todo, o si yo hallo que no me tiene ofendido, ofenderé por las partes de Flandes o Alemania; la cual ofensa ha de ser con presupuesto de pelear con él, si él quiere y la necesidad le fuerza a ello; y para disminuir sus fuerzas pensaba hacer entrar al duque de Alba por el Languedoc con los alemanes y españoles que hay en el Perpiñán y con la gente de grandes y prelados y ciudades, y por la mar con las galeras trabajar la Provenza, y con la gente de guerra que tengo en Italia, el Delfinado y Piamonte.

     Por ahora esto no se puede hacer, así por no haber las vituallas necesarias como por falta de dineros y poco aparejo y harta flojedad que habría en sacar esta gente del Reino, y también porque hasta saber qué hará el Turco no tengo mis galeras libres. He dicho todo esto, hijo, para que si Dios fuese servido de favorecerme, en uno de estos dos casos arriba dichos, de defención y ofención y de darme victoria, sería menester proseguirla y saber usar y gozar bien de ella; lo cual no se podría hacer sin ser muy servido y socorrido de nuestros Reinos, y señoríos y vasallos. Para lo cual de la parte de allá donde me hallase haría todo lo que en mí fuese; de la de acá, por la vuestra sería menester que hiciésedes todo lo posible para hacer algún buen efecto. Y luego convendría, principalmente si la armada del Turco diese libertad a la mía, hacer esta entrada y ofención así de la parte de acá como por mar y por Italia, para lo cual no faltarían las vituallas, pues la cosecha estará hecha. La gente sería menester que fuese la que está dicha y apercibida poniendo en ejecución el llamamiento que tengo hecho. En lo del dinero, sería menester juntar Cortes, o por otra manera que mejor pareciese, para haber lo que conviniese. Yo no quiero hablar en lo de la sisa, porque tengo jurado de nunca pedirla, bien sé que vos ni yo no tenemos otra mejor forma que esa para remedio de nuestras necesidades, o sea por este efecto o por remediarnos y sostenernos en tiempo de paz y sosiego, y fuese dándole el nombre que quisiesen. Digo esto, porque en tal caso os escribiré luego en general lo que convendrá y de mi mano una palabra, diciéndoos que entonces es el tiempo a que habéis de mostrar cuanto valéis, así por lo que debéis ayudar a vuestro padre como por lo que os conviene para sacarnos de necesidad; y sobre esto podríades poner pies en pared y hablar, así en particular como en general, a todos, amonestándoles que sirvan. Y porque no se hallará otro medio bastante que la sisa, que aunque yo no propongo ésta ni otro, que queréis que sea ésta, y que no han de contradecir nadie de los que quisieren ser tenidos por buenos vasallos y criados nuestros. Con esto por acá y con lo de las Indias, si viene, con que me socorran, porque ella y lo que los de allá harán podía ser medio con que metiésemos tan bajo nuestros enemigos, que después nos diesen lugar a rehacernos y a quitarnos de los gastos en que cada día nos ponen.

     Y esto es, hijo, lo que en estos casos sabría decir. En lo que me queda que acordaros de lo que os dije en Madrid (demás de lo que está contenido en mi otra carta) y que conviene que sea para vos solo y lo tengas muy secreto, es lo dicho y lo siguiente.

     Ya se os acordará de lo que os dije de las pasiones, parcialidades y casi bandos que se hacían o están hechos entre mis criados, lo cual es mucho desasosiego para ellos y mucho deservicio nuestro; por lo cual es muy necesario, que a todos deis a entender que no queréis ni os tenéis por servido de ello y que el que usara de ellos no se lo permitieres. Y porque en público se harán mil regalos y amores y en secreto lo contrario, es menester que seáis muy sobre aviso de cómo lo hicieren. Por esta causa he nombrado al cardenal de Toledo, Presidente y Cobos para que os aconsejéis de ellos en las cosas del gobierno. Y aunque ellos son las cabezas del bando, todavía los quise juntar porque no quedásedes sólo en manos del uno de ellos, cada uno ha de trabajar de haberos en manos y de necesitaros a serviros de él. El cardenal de Toledo entrará con humildad y santidad; honradle, creedle en cosas de virtud, que él os aconsejará bien en ellas; encargadle que os aconseje bien y sin pasión en los negocios que tratare con vos y en escoger buenas personas desapasionadas en los cargos; y en lo demás no os pongáis en sus manos solas ni ahora ni en ningún tiempo ni de ningún otro, antes tratad los negocios con muchos y no os atéis ni obliguéis a uno solo, porque aunque es más descansado no conviene, principalmente a estos vuestros principios, porque luego dirían que sois gobernado y por ventura que sería verdad, y que el a quien tal crédito cayeses en las manos se ensoberbecería y se levantaría de arte que después haría mil hierros; y en fin todos los otros quedarían quejosos.

     El duque de Alba quisiera entrar con ellos, y creo no fuera de bando sino del que le conviniera. Y por ser cosa del gobierno del Reino donde no es bien que entren grandes no lo quise admitir, de que no quedó poco agraviado. Yo he conocido en él, después que le he allegado a mí, que él pretende grandes cosas y crecer todo lo que él pudiere, aunque entró santiguándose muy humilde y recogido. Mirad, hijo, qué hará cabe vos que sois más mozo. De ponerle a él ni a otros grandes muy adentro en la gobernación os habéis de guardar, porque por todas vías que él y ellos susurren os ganarán la voluntad, que después os costará caro; y aunque sea por vía de mujeres creo que no lo dejará de tentar, de lo cual os ruego guardaros mucho. En lo demás, yo le empleo en lo del Estado y de la guerra [...]