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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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De acuerdo al Plan de Iguala y a los Tratados de Córdoba, el Ejército Trigarante toma la capital e instituye la Junta Provisional Gubernativa.

27 de Septiembre de 1821

La ciudad de México es tomada pacíficamente por el Ejército Trigarante, La agonía del virreinato terminó sin gloria “trescientos años, un mes y seis días después de que Cortés plantara el pendón de Castilla y León sobre las ruinas humeantes del teocali de Tenochtitlan”. El Ejército Trigarante, dirigido por Iturbide y O'Donojú, instaló su cuartel general en la villa de Tacubaya, desde donde negoció la rendición de la Ciudad con Novella. Dirá Julio Zárate: "Hundíase la dominación española al estrépito de estos mezquinos altercados, y caía sin grandeza ese poder afirmado con trescientos años de mando absoluto".

Este día, el mismo en que Iturbide cumple treinta y ocho años, después que la Ciudad de México capituló, entra en desfile el Trigarante, en medio de una multitud frenética y jubilosa, de arcos triunfales y banderas y gallardetes con los colores de la recién adoptada insignia nacional, hasta la Plaza de la Constitución, dieciséis mil hombres del ejército libertador. Iturbide, desde el balcón principal del palacio, dirige una arenga al pueblo mexicano. Su mensaje termina con estas palabras: "Ya sabéis el modo de ser libres. A vosotros os toca el de ser felices".

Al día siguiente será instituida la Junta Provisional Gubernativa, compuesta por treinta y ocho personas, de acuerdo al Plan de Iguala y a los Tratados de Córdoba. Se integrará de personajes de diversas tendencias conservadoras: 7 eclesiásticos, 14 exfuncionarios virreinales, 9 nobles mexicanos, 5 militares, 2 comerciantes y 1 hacendado. Será encabezada  por Antonio Pérez Martínez y Robles, Obispo de Puebla de los Ángeles, como presidente y como vocales secretarios Juan José Espinosa de los Monteros y José Rafael Suárez Pereda. La Junta decretará el Acta de Independencia del Imperio Mexicano y nombrará una regencia integrada de la manera siguiente:

Primer Regente y Presidente Agustín de Iturbide
Segundo Regente Juan de O´ Donujú
Tercer Regente Manuel de la Bárcena
Cuarto Regente José Isidro Yáñez
Quinto Regente Manuel Velázquez de León.

El día 27 de octubre siguiente, todos los principales deberán prestar el siguiente juramento en la capital y durante el mes que sigue en todo el país:

“¿Reconocéis la soberanía de este imperio representada por la Junta Provisional Gubernativa? Sí reconozco. ¿Juráis obedecer sus decretos, observar las garantías proclamadas en Iguala por el ejército imperial mexicano con su primer jefe, los tratados celebrados en la villa de Córdoba, y desempeñar fielmente vuestro encargo en servicio de la nación? Sí juro. Si así lo hiciereis, Dios os ayude; y si no, os lo demande.”

El nuevo Imperio Mexicano nace con un territorio de cuatro millones, cuatrocientos mil kilómetros cuadrados y una población estimada en seis millones de habitantes, 98% analfabetas, sumida en la mayor desigualdad de América. De cada cien habitantes 60 eran indios, 22 castas y 18 españoles. Según Abad y Queipo el 68% de la población tenía un ingreso promedio anual de 50 pesos, el 22% hasta 300 pesos y el 10%% vivía con ingresos ilimitados. (Ibarra García Laura. El reclamo de justicia social en la historia de México).


Para Brian Hamnett (Historia de México) “El Plan de Iguala de Iturbide del 24 de febrero de 1821 proporcionó una plataforma para que se alineara tácticamente el amplio consenso de opinión en Nueva España favorable a la obtención de un estado mexicano distintivo dentro de la monarquía hispánica. El Ejército de las Tres Garantías de Iturbide (Independencia, Unión y Religión) entró en la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821. El nuevo régimen pretendía conservar lo más posible del antiguo. En esencia, representaba un intento de recrear el poder central desde dentro de la elite de la capital, en alianza con una parte sustancial del ejército realista. El objeto era detener la rápida transferencia de poder a las regiones y las capas más bajas de la sociedad desde el restablecimiento de la Constitución de 1812. Puesto que el impulso de este movimiento provino de la elite, la finalidad autonomista (la realidad que había tras los objetivos aparentemente contradictorios de Independencia y Unión) claramente se derivaba de 1808. Se concibió una forma limitada de constitucionalismo, que podía garantizar la perpetuación de la elite en el poder en el ámbito nacional”.

 

Pocos meses después, Iturbide se hará proclamar emperador al ser declarados nulos por las Cortes españolas los Tratados de Córdoba, los cuales  preveían un gobierno monárquico constitucional moderado que asumiría Fernando VII, o alguno de los infantes españoles o un Borbón y que si ninguno aceptara, las Cortes mexicanas designarían un emperador.


Carlos Antonio Aguirre Rojas citando al sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein, señala que “el problema es que lo que hubo a principios del Siglo XIX en México y un poco en toda América Latina, no fue una verdadera independencia [...]. No debemos llamarlo “independencia” ni “movimientos de independencia, sino que hubo una "descolonización". Se logró la independencia política formal, pues se rompió la dependencia respecto de España, pero se mantuvo la dependencia económica respecto de las potencias europeas y luego de Estados Unidos, la dependencia social, la dependencia geopolítica. [...] En el fondo somos un país muy dependiente en lo económico, en lo social, en lo político, en lo geopolítico. [...] Descolonizados más que independientes. Dependientes porque las estructuras económicas no se modifican tan fácilmente.”

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.