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Un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter sacude a la Ciudad de México. La pasividad del gobierno hace surgir la organización civil.

19 de septiembre de 1985

Se inicia a las 07:19 de la mañana y su duración aproximada es de poco más de dos minutos. Se trata de un sismo combinado de movimiento trepidatorio y oscilatorio a la vez. Su intensidad y los daños provocados superan al terremoto registrado el 28 de julio de 1957. A las 07:38 de la noche del día siguiente, se sentirá la réplica principal con una magnitud de 7.9 grados en la escala de Richter, que echará a tierra otras construcciones.

Las delegaciones Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, dos de las demarcaciones más densamente pobladas, son las más afectadas. Se derrumban la torre Nuevo León del Conjunto Urbano Nonoalco-Tlatelolco; tres edificios del Multifamiliar Juárez; Televicentro (hoy Televisa Chapultepec) y Televiteatros (hoy Centro Cultural Telmex); una torre del Conjunto Pino Suárez; los Hoteles Regis, D´Carlo y del Prado; diversas alas del Hospital Juárez, del Hospital General y del Centro Médico Nacional; la sede de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; y varias fabricas de costura de San Antonio Abad. Son miles los edificios que se desploman y otros que están a punto de caer también.

La ciudad se paraliza, se suspende el tránsito en más de un centenar de calles y avenidas; el suministro de energía eléctrica queda cortado con decenas de postes derribados y cables rotos; buena parte de la red telefónica nacional e internacional queda fuera de servicio, lo mismo que una docena de estaciones del metro; se restringe el tránsito aéreo. También el servicio de agua potable queda suspendido en muchas colonias. Las numerosas fugas de agua potable y de gas ponen en riesgo a la ciudad.

Pero ni Ramón Aguirre, regente de la capital, ni Miguel de la Madrid, presidente de la República reaccionan con la rapidez y en la escala debida en auxilio de la gente. Incluso en las primeras horas, el Ejército y la policía permanecen a la expectativa, después realizarán sólo labores de vigilancia; asimismo, se rechaza la ayuda internacional que después se verán obligados a aceptar.

Ante la actitud pasiva, titubeante y escasa ayuda gubernamental, la misma población toma la iniciativa en el rescate de los sobrevivientes y la remoción de escombros. Así, libre, voluntaria y espontáneamente, la gente acude a las zonas de desastre con artículos que considera de utilidad para los damnificados; los más fuertes aportan directamente su mano de obra removiendo escombros para liberar víctimas; los más activos y audaces (como los Topos, que después auxiliarán en desastres del extranjero) se abren paso entre las ruinas para rescatar muertos y heridos; otros convierten sus coches en vehículos de auxilio. La radio, (la televisión resulta dañada), especialmente el periodista Jacobo Zabludovsky, crea conciencia de la magnitud del desastre, lo cual anima la participación popular. Poco a poco la gente se organiza en brigadas, reforzadas por estudiantes de las carreras de medicina, ingeniería y ciencias; la UNAM suspende clases para que los universitarios puedan integrarse a las brigadas de rescate y ayuda.

Las cifras oficiales registrarán alrededor de 10 mil personas fallecidas; otros estimarán el triple. Habrá más de 4 mil rescatados, algunos hasta diez días después del terremoto. Los inmuebles destruidos serán unos 30 mil y los dañados parcialmente 68 mil. Las banquetas afectadas equivaldrán a más de 80 kilómetros de carretera de un carril. Se recogerán más de 2 millones 388 mil metros cúbicos de escombros. La red de agua potable y drenaje sufrirá decenas de fracturas y miles de fugas. Se perderán 4 mil 387 camas censables, es decir, una de cada cuatro disponibles en el área metropolitana. Habrá miles de personas que al haber perdido sus viviendas tendrán que ser alojadas en campamentos ubicados en diversos puntos de la ciudad. Se perderán cerca de doscientos mil empleos. Cientos de miles de personas se mudarán a los estados vecinos del Distrito Federal.

El terremoto pondrá al descubierto la corrupción pública y privada, pues los peritajes mostrarán que la mayoría de los edificios caídos (escuelas, hospitales, edificios y hoteles) tenían especificaciones inferiores a las exigidas en los contratos y muchos de ellos eran de reciente construcción. Sin embargo, ningún funcionario ni empresario será enjuiciado. Asimismo, descubrirá la explotación y las inhumanas condiciones de trabajo de miles de costureras que resultaron afectadas al derrumbarse sus talleres y quedar desempleadas y muchas muertas.


Desde el punto de vista político, el terremoto mostrará el fracaso de la autoridad para hacer frente a la tragedia y dejará claro en las conciencias el poder de la sociedad civil organizada. En los meses siguientes, así como lo hicieron para rescatar victimas y atender damnificados, se organizarán diversas asociaciones populares para proceder a reconstruir lo derrumbado, así como para presionar a las autoridades en demanda de ayuda; después desplazarán sus propósitos a la democratización. En adelante, proliferarán las organizaciones civiles, que además de demandar sus derechos, en el Distrito Federal exigirán un gobierno de elección popular vigilado por la ciudadanía, ya no más regentes designados a voluntad por los presidentes. Una década más tarde, la participación ciudadana fructificará en la reforma política del Distrito Federal y explicará la pérdida de hegemonía del PRI y finalmente su derrota en la capital del país.

Para Carlos Monsiváis (Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza): "la experiencia del terremoto le dio al término sociedad civil una credibilidad inesperada (...) el avance de la sociedad civil ha continuado y entre sus logros cuenta la democratización como estado de ánimo y cambio de mentalidades...Mucho se avanza cuando los ciudadanos en vías de serlo dejan de esperarlo todo del Presidente, cuya estatua abstracta de dispensador de bienes se erosiona a diario al democratizarse el trato cultural con los poderes".

El mismo autor publicará en 2005, a veinte años del sismo, el libro titulado “No Sin Nosotros. Los días del terremoto 1985-2005”, en donde analiza en detalle  “los efectos en la vida política nacional de la organización civil que espontáneamente emergió de entre los escombros para ayudar a los atrapados y damnificados”.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.