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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Juan María Echávarri, gobernador de Yucatán, declara su independencia y expresa el deseo de formar parte de la nación que surja del Plan de Iguala.

Septiembre 15 de 1821

Ante la Diputación Provincial y las demás autoridades civiles, militares y eclesiásticas, reunidas en las Salas Consistoriales del Ayuntamiento de Mérida, Juan María Echávarri Manrique de Lara manifiesta su adhesión a Agustín de Iturbide, quizás presionado porque sus tropas han tomado Tabasco y porque Campeche ha declarado ya su simpatía por el Plan de Iguala.

Así, sin participación popular ni derramamiento de sangre, pero con el apoyo de la élite gobernante criolla, Yucatán se gesta como una república independiente, que en principio acepta, previo pacto, federarse al Imperio Mexicano encabezado por Iturbide.

La conquista española de la península de Yucatán se inició en 1527 por Francisco Montejo y su hijo, quienes a duras penas lograron fundar los poblados de Campeche en 1540, Mérida dos años después y Valladolid en 1543. Fue hasta 1617 que se estableció el cargo de capitán general y gobernador de Yucatán, que si bien dependía en lo político del virrey de Nueva España y en lo judicial de la audiencia de la ciudad de México, en lo militar obedecía al rey de España; su designación correspondía también al rey y era un cargo sujeto a la venta con duración formal de cinco años. La provincia y capitanía se integró con el territorio de los actuales estados de Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. A finales del siglo XVIII, con las reformas borbónicas, se creó la Intendencia de Yucatán, que abarcó el mismo territorio.

Desde su llegada a la península, los españoles aprovecharon la organización indígena, basada en una especie de aristocracia hereditaria, para ejercer su dominio, de modo que los gobiernos de pueblos o repúblicas de indios, integrados exclusivamente por mayas, funcionaron como parte de la administración colonial durante siglos, hasta su abolición en 1812, cuando entró en vigor la Constitución de Cádiz.
 
Durante la colonia se desarrolló la agricultura y la ganadería mediante un sistema de grandes haciendas, propiedad de una minoría criolla que coexistía con una mayoría indígena. El comercio con Cuba y con España era la base de su economía. El henequén no se explotó en grandes extensiones sino en solares aledaños a las viviendas de los indígenas.

La mayor parte del tiempo de la colonia no existió la paz: sea por las guerras y guerrillas que se organizaban periódicamente para someter a los mayas, por las incursiones de los piratas, por las luchas entre gobernantes, franciscanos y clero secular, o por las sequías que hacían escasear los alimentos y provocaban motines populares, la península nunca disfrutó de la tranquilidad de otras regiones de Nueva España.

La guerra por la independencia tampoco se manifestó en Yucatán, pero a raíz de la convocatoria a las Cortes de Cádiz de 1810, surgió una lucha interna entre dos grupos criollos: los sanjuanistas (llamados así porque se reunían en la ermita de San Juan), partidarios del cambio y los rutineros o serviles o conservadores que propugnaban el absolutismo monárquico. Así, dentro de un ambiente de confrontación en el que se comenzaba a plantear a la independencia de la República de Yucatán o la incorporación al naciente Imperio Mexicano, el gobernador Echávarri inclina hoy la balanza en favor de esta última opción.

El 29 de mayo de 1823, en sesión extraordinaria y en respuesta a los clamores de los asistentes para que la provincia se constituya en república federada, la Diputación yucateca decretará: "Que Yucatán jura, reconoce y obedece al gobierno de México, siempre que sea liberal y representativo; pero con las condiciones que siguen: 1a.- Que la unión de Yucatán será la de una república federada, y no en otra forma, y por consiguiente tendrá derecho a formar su Constitución particular y establecer las leyes que juzgue convenientes a su felicidad...'".

Es por este reclamo que para algunos autores, se puede hablar de la creación de una primera república yucateca. Para mejor comprender su sentido, vale la pena recordar que en los casi trescientos años de la colonia, a los gobernadores de Yucatán les fue más fácil comunicarse con España, vía Cuba, que con el Virrey en México. Lo cual originó una cultura y un statu quo muy propios, al grado de que Yucatán nunca se sintió parte del virreinato de la Nueva España, sino una provincia aparte.

En agosto de este mismo año, se instalará el Congreso Constituyente del Estado en la ciudad de Mérida, que se pronunciará por el federalismo. El 21 de noviembre de 1824, se jurará la primera constitución federal de la República Mexicana y el 23 de abril de 1825, será proclamada la Constitución del Estado de Yucatán.

Doralicia Carmona. MEMORIA POLITICA DE MÉXICO.