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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Ignacio Pérez llega en la madrugada a San Miguel a avisar a Allende que la conspiración de Querétaro ha sido descubierta, en tanto el Intendente Riaño ordena la aprehensión de los capitanes Allende y Aldama.

15 de Septiembre de 1810

 

Habiendo cabalgado durante la noche, trae el encargo de doña Josefa Ortiz, a quien su esposo el corregidor Domínguez, le ha comunicado que la conjura ha sido descubierta y que tomará medidas contra sus propios compañeros conspiradores para no delatarse a sí mismo.

Las delaciones sobre la conspiración de Querétaro se han venido sucediendo. Desde mediados de agosto pasado, José Mariano Galván, dependiente de la oficina de correos de Querétaro, denunció a la audiencia, sin que se le pusiera atención, detalles de una revolución que dijo estaba a punto de estallar.

El 9 de septiembre siguiente, una denuncia anónima proveniente de San Miguel, delató los continuos viajes que realizaban Allende y Aldama  a Querétaro y Dolores como preparativos de una revuelta. Tampoco fue escuchada.

Al otro día, 10 de septiembre, el capitán Joaquín Arias, jefe de un destacamento del regimiento de Celaya y que era uno de los conjurados, se denunció a sí mismo ante los españoles Juan Ochoa, alcalde ordinario de Querétaro, y José Alonso, sargento mayor de su regimiento, quienes ordenaron la salida inmediata a la ciudad de México del capitán Manuel García Arango con una carta para el oidor Aguirre con los detalles de la conspiración.

El día 11, Ochoa y Alonso mandaron al virrey Venegas la noticia de la conspiración y la lista de los conjurados.

El día 13 siguiente, llegó otra denuncia ahora al cura y juez eclesiástico, doctor don Rafael Gil de León, la cual se atribuye lo mismo al español Francisco Bueras, que al canónigo de Valladolid, Iturriaga, quien hallándose en Querétaro en trance de muerte reveló á su confesor el secreto de la conjura; lo importante es que se avisaba que en pocas horas iniciaría la violencia con el degüello de todos los españoles, haciendo uso de las armas almacenadas en las casas de Epigmenio González y de un señor Sámano; y que el mismísimo corregidor Miguel Domínguez estaba entre los conspiradores.

Ese día también, en Guanajuato, el tambor mayor Ignacio Garrido denunció la conjura ante el capitán de su batallón Francisco Bustamante, éste lo comunicó al mayor del mismo cuerpo Diego Berzabal, quien dio parte de todo al intendente don Juan Antonio Riaño.

El mismo día 13, llegaron a Dolores rumores de las delaciones e Hidalgo llamó a Allende, quien se presentó a las nueve de la noche del día 14 sin que pudieran ser confirmadas las vagas noticias de que disponían.

En Querétaro, para denunciar a los conspiradores, el doctor Gil de León acudió a la casa del corregidor Miguel Domínguez, quien el día 14 ordenó aprehender a Epigmenio González y catear su casa, igual que la de Sámano, él mismo se puso al frente de la tropa convocada para estos menesteres y ocupó todo el día tomando declaración a los aprehendidos con gran parsimonia para que el resto de los conjurados tuviera tiempo de escapar. Pero antes comunicó la decisión tomada en contra de sus propios compañeros a su esposa, Josefa Ortiz, y la encerró bajo llave, pero la corregidora pudo avisar al alcalde de la cárcel Ignacio Pérez, también involucrado en la conspiración, de lo sucedido y le pidió comunicarlo a Allende. Fue así como Ignacio Pérez marchó a San Miguel, a donde llegó en la madrugada de hoy día 15.

Tras buscar inútilmente a Allende, quien se halla en Dolores con Hidalgo desde el día anterior, Ignacio Pérez se dirige a Aldama y, como le instruyó doña Josefa, le cuenta lo sucedido en Querétaro la noche del 13, y le comunica las recomendaciones que por su conducto hace la corregidora a los conspiradores de San Miguel.

Entretanto en Guanajuato, habiendo terminado las primeras averiguaciones, hoy, día 15, el intendente Riaño ordena al subdelegado de San Miguel, Pedro Bellojín, que de acuerdo con la autoridad militar aprehenda a los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, y que se observe a Hidalgo, tomándolo preso en caso necesario.

Sin tener noticia de las órdenes de aprehensión giradas, Allende e Ignacio Pérez deciden cabalgar a Dolores para enterar a Hidalgo y a Allende de que la conspiración ha sido descubierta antes de estallar. Llegarán al curato de Dolores a las dos de la mañana del día 16 de septiembre. Horas más tarde, Hidalgo pronunciará el grito de Independencia.

Durante el porfiriato, se inició la conmemoración del grito en la noche del día 15 para hacerla coincidir con la celebración del cumpleaños del dictador Porfirio Díaz. Pero en la realidad el grito tuvo lugar el día 16.

 

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.