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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

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ISBN 970-95193

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Batalla de Chapultepec: después de la derrota, el camino será expedito para los invasores que tomarán la ciudad de México.

13 de Septiembre de 1847

 

Más de siete mil soldados estadounidenses al mando del general Winfield Scott,  asaltan el Castillo de Chapultepec, defendido por Nicolás Bravo,  por Mariano Monterde como segundo mando y Santiago Felipe Xicotécantl, jefe del Batallón de San Blas, al que se agregan los alumnos del Colegio Militar, entre ellos: Juan de la Barrera, Agustín Melgar, Vicente Suárez, Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca y Juan Escutia; esto es, suman sólo 832 efectivos los mexicanos defensores del castillo.

Desde las tres de la mañana del día anterior, Chapultepec comenzó a ser bombardeado intensamente provocando gran número de muertos y heridos. El general Nicolás Bravo pedía insistentemente refuerzos. A las siete de la noche, cesó el cañoneo y la guarnición trató de reponer los blindajes. Antonio López de Santa Anna envió al batallón de San Blas al mando del general Felipe Santiago Xicoténcatl, mismo que fue retirado. Bravo volvió a pedir refuerzos a Santa Anna quien respondió que si al amanecer era atacado, lo reforzaría.

A las seis de la mañana este día 13, Bravo notificó al ministro Alcorta que la tropa desertaba y pidió más tropas -que no llegaron-. Temprano, inició el bombardeo. A las ocho de la mañana, las columna de Pillow y Quitman cercaron el cerro y dirigió su ataque a la zona oeste; en su parte de guerra, Bravo refiere: “ …el crecido número de los enemigos… y la falta de todo auxilio y del repliegue de las tropas que defendían los puntos avanzados, sembró el desaliento en los artilleros que no habían sido muertos o heridos, y abandonadas las piezas, la confusión y el desorden se comunicaron a los muy pocos soldados que aun quedaban, sin bastar ningún esfuerzo para contenerlos y para hacer más costoso el triunfo al enemigo”.

El ejército norteamericano inicia el asalto y se lucha cuerpo a cuerpo; continúa avanzando hasta que llega al edificio del Colegio Militar; para entonces ha hecho quinientos cincuenta prisioneros, cien de ellos oficiales, y entre estos un general –Nicolás Bravo- y diez coroneles... pronto la bandera de México es abatida y los invasores enarbolan la suya.

Santa Anna envía al batallón de auxiliares de San Blas pero ya no puede llegar al castillo y en la lucha mueren casi todos sus integrantes.

Durante la batalla, acribillado por treinta balas y casi al borde de la muerte, Xicoténcatl alcanza la bandera de su Batallón de San Blas para protegerla de que no caiga en manos del enemigo y muere con el lienzo patrio en su poder, pero su batallón es casi aniquilado por las fuerzas enemigas.

Los últimos que se baten son los alumnos del Colegio Militar que resultan muertos: el teniente Juan de la Barrera y los subtenientes Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, Agustín Melgar, Vicente Suárez y Juan Escutia.
           

En los Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos, se consignan los hechos de la toma del castillo por el ejército norteamericano:

 “El día 13, al amanecer, las baterías enemigas volvieron a romper el fuego sobre Chapultepec, mucho mas vivo que, del día antecedente.

El general Santa-Anna, que en la noche anterior había, hecho entrar a México toda la reserva, dejando solo cosa de ochocientos hombres en Chapultepec, y de los cuales, escalando las cercas se desertaron muchos, se presentó cosa de las de la mañana en la calzada de Belén, con la brigada de Lombardini y el batallón de Hidalgo, de Guardia Nacional. El general Bravo en cuanto observó el movimiento de las tropas enemigas, mandó avisar al general Santa-Anna que iba a ser inmediatamente atacado, pidiéndole parque y refuerzos; poniendo también que el teniente Alemán estuviese listo para prender las fogatas. Desgraciadamente el general S Anna, que en todos los acontecimientos de esta guerra no ha comprendido ni el punto vulnerable del enemigo, ni el suyo, ni la ocasión en que ha debido darse un ataque decisivo, juzgó que Chapultepec no sería asaltado, y por tanto no lo reforzó, contentándose con defender el desemboque de las calzadas de Anzures y la Condesa.

El enemigo, que había formado tres fuertes columnas a las órdenes de los generales Pillow, Quitman y Worth, ocupó el bosque con sus rifleros que, saliendo del Molino, arrollaron a los pocos tiradores nuestros que lo defendían hasta el pie. La columna del general Worth volteól a posición, y figurando un ataque por la calzada de Anzures, llamó la atención del general Santa-Anna. Una nube de tiradores, avanzando rápidamente sobre el puente de la calzada de la Condesa, se abrigó en los troncos de los magueyes que habían sido talados y en las desigualdades y chozas inmediatas. Este ataque también se juzgó verdadero por el general en gefe, que alternativamente atendía a los tres puntos dichos, y tenía la mayor parte de sus tropas en inacción, formadas en toda la calzada. Los enemigos, viendo que su plan surtía efecto, y que se resistían con vigor sus falsos ataques, dirigieron el grueso de sus columnas, que entraron por el Molino al asalto del cerro, las que flanquedas y precedidas de sus tiradores, comenzaron a subir, la una por la rampa, y la otra por la parte accesible del Noroeste, entretanto que por el Norte y Oeste una nube de tiradores trepaba, y aprovechándose de las peñas, arbustos, ángulos muertos y mala aplicación al terreno de nuestras fortificaciones, apagaba con sus tiros certeros los de nuestros defensores, o los distraía de atender a las columnas de asalto, que no encontraron más resistencia formal que la que les opuso en la rampa y al pie del cerro el valiente y denodado teniente coronel. D. Santiago Xicoténcal con su batallón de San BIas; pero flanqueado, envuelto y muerto este gefe, y la mayor parte de sus oficiales y soldados, los enemigos avanzaron por el segundo tramo de la calzada con bandera desplegada, cayendo ésta algunas veces por la muerte del que la llevaba, y retrocediendo algunos pasos las columnas; pero tomando otro la bandera, y continuando el avance hasta el terraplén, donde nuestros pocos defensores, aturdidos por el bombardeo, fatigados, desvelados y hambrientos, fueron arrojados a la bayoneta sobre las rocas ó hechos prisioneros, subiendo una compañía del regimiento de Nueva-York a lo alto del edificio, desde donde algunos alumnos hacían fuego, y eran los últimos defensores del pabellón mexicano, que muy pronto fue reemplazado por el americano.

Las fogatas no llegaron a prenderse por el teniente Alemán porque cuando llegó al lugar donde estaban las mechas, lo encontró invadido por los enemigos, circunstancia que mencionan en sus partes oficiales, y que nosotros asentamos en obsequio de este joven, que sin duda ha sido acusado injustamente

Los enemigos, que habían hecho los ataques falsos con las calzadas, permanecieron quietos, sin molestar sino con algunos tiros la retirada que se hacía por los dos lados de los arcos, con dirección a Belén, en el mejor orden posible, y que vinieron a turbar un tanto las balas de una pieza de a 12, situada en el cerro al lado del mirador. EI enemigo se ocupó un momento en reconocerse, y solo destacó en observación algunos tiradores.

EI general Pérez murió al principio del ataque del Chapultepec: el teniente coronel Cano, cumpliendo con su deber fue traspasado por una bala de rifle, y espiró a las nueve la noche de ese día. La perdida de este joven es muy sensible para las ciencias y para la patria. EI general Dosamantes, que peleó con mucho denuedo, fue herido y el general Bravo hecho prisionero por el teniente Charles Brower, no habiendo desmentido en toda la acción el carácter histórico con que es ventajosamente conocido en la República y fuera de ella; no siendo, por consecuencia, cierto, que se Ie encontrara hundido en un foso hasta el pescuezo, como asentó en su parte oficial el general Santa-Anna. También fueron hechos prisioneros algunos otros gefes, oficiales y alumnos que cumplieron hasta el ultimo momento con sus deberes, y cuyos nombres tendríamos mucho gusto de mencionar, si pudiéramos esactamente recordarlos a todos.-En la defensa de la calzada de Condesa y hornabeque se distinguió especialmente la compañía de cazadores de San BIas y el batallón Matamoros de Morelia, resultando heridos el capitán Traconis y mayor de brigada D. José Barreiro.

EI enemigo en toda esta refriega tuvo perdidas muy considerables, aunque mucho menores que las que sufrió en el Molino del Rey. Uno de los oficiales que conducía la columna de asalto, fue muerto, así como otros varios ingenieros. EI general Pillow fue herido gravemente en una pierna.”

La caída de Chapultepec tiene un gran impacto en el común de la gente que la consideraba inexpugnable, aunque en realidad era una construcción insignificante y mal defendida, por lo que al caer en manos del enemigo se considerará perdida la capital de México, pese a que el ánimo no decaía y estaban intactos varios cuerpos nacionales del ejército.

Tras ocupar Chapultepec, los norteamericanos toman las garitas de Belem y San Cosme. El general Santa Anna –que no había fortificado el interior de la ciudad-, no juzga conveniente continuar la defensa de la capital mexicana y con un ejército compuesto de cinco mil hombres de infantería y una caballería casi intacta de cuatro mil efectivos, dispone la evacuación inmediata de la ciudad de México. Nombra general en gefe a Lombardini y entre ocho y nueve de la noche, sale en coche de la Ciudadela rumbo a la villa de Guadalupe.

Este mismo día, las fuerzas norteamericanas de invasión ahorcan a treinta soldados irlandeses del Batallón de San Patricio.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.