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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Arias denuncia a los conspiradores de Querétaro

10 de Septiembre de 1810

Joaquín Arias, implicado en la conspiración de Querétaro, denuncia a los conspiradores. Puesto en libertad va con los insurgentes con el propósito de convencer a Hidalgo de que abandone la lucha; pero en Celaya se incorporará al ejército protegido por Allende.

Desde mediados del mes anterior, la Audiencia había recibido noticias de la revolución que estaba siendo preparada. El 9 de septiembre, desde San Miguel se envía otra delación y la conjura queda descubierta.

Joaquín Arias, jefe de un destacamento del regimiento de Celaya, se presenta este día ante el Alcalde de Querétaro, Juan Ochoa y al Sargento Mayor de su regimiento, José Alonso y se denuncia a sí mismo y a sus compañeros. Su información será enviada a la Audiencia; el Corregidor de Querétaro, Miguel Domínguez, fue mandado aprehender y su esposa, sin saber que la denuncia había procedido de él, le avisó que la forma de salvar a los comprometidos, sería apresurando el levantamiento y le pedía que persuadiera de ello a los conjurados, pero él contestó que estaba muy expuesto por haber confiado en personas que no lo merecían y que ya había decidido lo que creía más conveniente y entregó el recado de la Corregidora al Alcalde Ochoa.

Ochoa y Arias se pusieron de acuerdo para fingir su aprehensión el 15 de septiembre

Julio Zárate (México a Través de los Siglos) escribe: “Cesó entonces la vacilación del alcalde Ochoa, y puesto de acuerdo con Arias, dispuso la aprehensión de éste mismo, que cuidó de poner en los bolsillos de su casaca una carta de Hidalgo a Allende y una de éste a Arias, que ya había presentado al hacer su primera denuncia. La comedia convenida entre el alcalde Ochoa y el capitán Arias fue hábilmente representada: aprehendióse a este último a las nueve de la noche del día 16, haciéndole salir de la casa del rico español don Juan Lozada, y conduciéndole a la hospedería del convento de la Cruz. Los papeles que consigo llevaba fueron a dar, como era natural, a manos de sus aprehensores. En la carta de Hidalgo decía éste que el plan se había de proclamar, lo más tarde, el 1º de octubre, y Allende persuadía en la suya a Arias que no tuviese cuidado porque algunos se hubieran arrepentido, pues contando con sus amigos de Querétaro y poniéndose al frente de los suyos, estaba seguro de hacerse dueño de la ciudad. Interrogóse a Arias por qué conducto había recibido aquellas cartas y quiénes eran los amigos a que aludía Allende; contestó a lo primero, que se las había entregado don Antonio Téllez, y en cuanto a lo segundo, después de una fingida vacilación, declaró que eran el corregidor, la esposa de éste y todos los demás individuos que concurrían a las juntas revolucionarias. La farsa estaba terminada, y el alcalde Ochoa, fuerte con la declaración que acababa de recibir, pudo ya proceder contra su superior, librando mandamientos de prisión contra los comprometidos y pidiendo auxilio al comandante de brigada García Rebollo, quien puso a su disposición la fuerza necesaria y envió orden, por conducto del teniente Cabrera, al mayor del regimiento de la Reina, Camuñez, residente en San Miguel, para que arrestase desde luego á Allende y Aldama, orden que no pudo ser cumplida…”.

Hidalgo y Allende, adelantaron el levantamiento.

Arias –protegido de Allende- será liberado y en Celaya se incorporará a las filas insurgentes con el grado de mariscal.

En Acatita de Baján, en donde serán aprehendidos Hidalgo y los principales caudillos, acompañará en un coche al hijo de Allende y será herido de muerte.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.