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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Miguel Ángel Granados Chapa denuncia que políticos encabezados por el Dr. Jorge Jiménez Cantú, gobernador del estado de México, regalarán un rancho al presidente José López Portillo.

24 de agosto de 1981

 

En su columna “Plaza Pública” del “Unomásuno”, Granados Chapa escribe que el rancho es de una opulencia insultante y califica el hecho como "un acto de adulación cortesana contrario al espíritu de la República"; además señala que el grupo de los donantes con “recursos públicos hace caravana con sombrero ajeno". Concluye: “Nos resistimos a creer no la intención del casi ex gobernador (Jorge Jiménez Cantú), pero sí la aceptación del obsequio por parte del Ejecutivo Federal… Estamos ciertos de que, ofrecido el oneroso regalo, no será aceptado”.

Ante esta invitación a la reflexión y la rectificación que Granados Chapa le hace, López Portillo aceptará el desafío moral que implica y le responderá: “Como en un espejo, su artículo El rancho de Tenancingo, me hizo ver reflejada mi imagen en la opinión del pueblo de mi patria… Y he resuelto no caer en la tentación”.

Así concluirá este episodio, impensable en una época en la que los presidentes eran generalmente personalidades relevantes, reverenciadas y hasta brillantes, que ejercían un poder casi omnipotente; en la que la mayoría de los periodistas con mayor influencia estaban al servicio del gobierno y del PRI, el partido hegemónico, como Jacobo Zabludovsky con su noticiario “24 Horas”; y en la que los medios y los periodistas dependían del apoyo o corrupción políticos, y ejercían sobre sí mismos una férrea autocensura por la que la investidura presidencial estaba a salvo de cualquier crítica o ataque y aun sugerencia.

Sin embargo, no se trató de un acto de audacia o de ignorancia de un periodista intrépido, fue una acción de congruencia del periodismo independiente y crítico de Granados Chapa, que habiendo sufrido ya en carne propia el costo de la libertad y de la disidencia cuando junto con Julio Scherer fue expulsado del diario “Excélsior” por la mano oculta del entonces presidente Luís Echeverría, ratificó su decisión de ejercer el periodismo como una crítica constante a los excesos de los poderosos, a favor de la democracia y la legalidad, y en defensa de las causas justas, aun las perdidas de antemano. Frente a una columna periodística tan impecable en las formas y tan precisa en lo que señalaba, López Portillo, persona de amplia cultura, no pudo más que darse por derrotado, pese a que el rancho era suyo, meses antes de la publicación de Granados Chapa; y fue más allá: dispuso normas acerca de los regalos que los funcionarios públicos podían recibir sin caer en actos de corrupción o inmoralidad.

Años después, Granados Chapa contará: "López Portillo reaccionó a esta posición y lo devolvió, algo que le dolió mucho, a tal grado que todavía me lo reprochó años después, en una reunión que tuve con él, a una edad muy avanzada. Se refirió a esa propiedad como ‘el rancho aquel, del que usted me privó’. Le respondí que yo no lo privé de ese rancho, que en todo caso él mismo renunció a él".

Así triunfó el mejor periodismo sin demérito de la figura presidencial.

Lustros más tarde, Granados Chapa, con un bagaje ya de cuatro décadas de ejercicio periodístico impecable, en la ceremonia en la que recibe la Medalla Belisario Domínguez que le otorga el Senado en 2008, podrá denunciar frente al presidente Felipe Calderón: “El poder del dinero y el poder criminal de las armas sustraen ya ahora con marcas crecientes de la vida en común al imperio de la ley y la capacidad rectora del Estado. El ímpetu feroz de la delincuencia organizada parece no reconocer límites, los rompe todos; sorprende cada día con su ubicuidad y sus desplantes osados y crueles…. Los poderes fácticos, los que gobiernan sin haber sido elegidos, los que buscan y obtienen ganancia de negocios que atentan contra el interés general, gobiernan en mayor medida que los gobiernos; la lucha de unos y otros poderes ilegítimos contra la sociedad, su éxito en el propósito de dominarla es favorecida por una situación económica, material cada vez más adversa, menos propiciatoria que la prosperidad y la expansión de la potencialidad humana…No es un desenlace inexorable, podemos frenarla, hagámoslo, y con la misma fuerza reconstruyamos la casa que nos albergue a todos o erijámosla si es que nunca la hemos tenido”.

Culminará así una carrera ejemplar en el periodismo político, cuya obra, a juicio de Enrique Krauze, “será fuente de primera mano para los historiadores del futuro”, ya que buena parte de sus artículos pueden considerarse verdaderos análisis políticos de coyuntura.

En agosto de 2010, Granados Chapa expondrá en su Plaza Pública que el gobernador hidalguense, Francisco Olvera, regaló al presidente Calderón con motivo de su cumpleaños, una botella de vino con un valor de tres mil pesos, seis veces el límite de los regalos que pueden recibir los funcionarios públicos. Pero no habrá reacción alguna, el tiempo ya es otro y de otra estirpe son los gobernantes.

En enero de 2011 denunciará la fusión del Grupo Iusacel y Televisa, de consecuencias lesivas para la competencia en las telecomunicaciones y por lo tanto, para el país: “Si no puedes vender a tu enemigo, recomienda un refrán, únetele; si puedes, cómpralo”. TV Azteca y Televisa calificarán el texto como “un desafortunado artículo que no cuenta con el mínimo rigor periodístico” y sus voceros denigrarán ferozmente a Granados Chapa, hasta con cuestiones de su vida privada. Los hechos le darán la razón.

Miguel Ángel Granados Chapa nació el 10 de marzo de 1941 en el Mineral de Real del Monte, Hidalgo. Hijo de la maestra Florinda Chapa, aprendió a leer a los cuatro años de edad. Dueño de una gran inteligencia y de una extraordinaria memoria, supo desarrollar una admirable capacidad de trabajo, gusto por la vida y la cultura, optimismo inquebrantable y buen humor frente a la adversidad.

Realizó sus estudios en la ciudad de Pachuca, en donde fue alumno destacado del Instituto Científico y Literario ICLA y de la UNAM ya en la capital del país, en donde se tituló en Periodismo y en Derecho. También cursó el Doctorado en Historia en la Universidad Iberoamericana UIA en 1992. Esta combinación de disciplinas caracterizaría sus escritos y para algunos, lo convertirían en el mejor periodista mexicano del siglo XX.

Inició su práctica periodística en el semanario “Crucero”, dirigido por Manuel Buendía, en 1964. En 1965 fue secuestrado y golpeado por miembros del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación MURO, de corte nazifascista, por denunciar sus actividades secretas y subversivas. En 1966trabajó en la agencia INFORMAC, dirigida por Fernando Solana, y en el diario Excélsior. Formó parte de la mesa directiva del “Excélsior” que en 1976 fue desplazada por el grupo de Regino Díaz Redondo con intervención del ejecutivo federal. Participó en la fundación de la revista Proceso, en la cual ocupó puestos de dirección. Colaboró en “Cine Mundial”, dirigido por Luís Javier Solana, en donde inició su Plaza Pública (lugar de encuentro con la gente) el 13 de julio de 1977, una columna que no buscaba aplaudir ni hacer propaganda como era la práctica general, sino explicar, discutir y democratizar, la cual escribió hasta su muerte.

Fue fundador de los diarios” Unomásuno” y “La Jornada”, así como de la revista gráfica “Mira”, de la que fue director. Colaboró en “El Financiero”, y a partir de 1993 en el diario “Reforma”, desde el cual dijo adiós a sus lectores el 14 de octubre de 2011, reiterando su fe de que México escapará de la pudrición que padece, similar a la situación descrita en el tango “Cambalache” de Enrique Santos Dicépolo (“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador... ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro que un gran profesor”… etc.)

En cuanto al periodismo por radio y televisión, fue subdirector del Canal Once y director de Radio Educación en 1977. Colaboró en Radio Mil, de donde fue despedido en 1993 por presión gubernamental: partidario de la democracia cristiana en su juventud, en la madurez se ubicaba a sí mismo “en el centro izquierda, soy un liberal de izquierda, liberal en el sentido decimonónico, es decir, alguien que busca el respeto a la persona, la tolerancia y a la expresión de las ideas en una sociedad”. Hasta pocas semanas antes de su muerte, trabajó en los programas Encuentro en TV Fórmula y Plaza Pública en Radio Universidad.

En 1994 fue un brillante consejero del Instituto Federal Electoral IFE y en 1998 fue candidato al gobierno del estado de Hidalgo por el PRD, pero al no lograr la alianza con el PAN, como era su proyecto original, obtuvo el tercer lugar en la votación.

Impartió clases en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y en la FES Acatlán en la UNAM, además de participar en innumerables conferencias, seminarios y escribir prólogos y presentaciones de libros.

En 2004 Granados Chapa fue objeto de un juicio civil por daño moral promovido por el político hidalguense Gerardo Sosa Castelán por el libro La Sosa Nostra de Alfredo Rivera, del cual él había escrito el prólogo.

Recibió las siguientes distinciones: En 1981 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, en 2004 por trayectoria periodística y en 2006 por columna periodística. En 2002 recibió el Premio Universidad Nacional en la categoría de Creación Artística y Extensión de la Cultura. En 2008 se le otorgó la Medalla Belisario Domínguez, por su lucha constante en pro de la libertad de expresión y la justicia en México; el mismo año fue elegido miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Doctor honoris causa por la Universidad Autónoma Metropolitana en 2009. En 2011 la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García le concedió el Premio Nacional de Periodismo, que le fue entregado post mortem a su esposa Shulamit Goldsmit y a su hijo Tomás.

Escritor muy prolífero, además de sus columnas diarias, escribió, entre otros, los siguientes libros: La Banca nuestra de cada día 1982; Alfonso Cravioto, un liberal hidalguense 1984; Votar, ¿para qué? manual de elecciones 1987; Comunicación y política 1986; ¡Nava sí, Zapata no!: la hora de San Luis Potosí: crónica de una lucha que triunfó 1992; ¡Escuche Carlos Salinas! 1996; Constancia hidalguense 1999, y Fox & Co. biografía no autorizada 2000.

Murió el 16 de octubre de 2011, tras una penosa enfermedad que padeció más de cuatro años. Ni ambicionó ni acumuló riquezas, no tuvo propiedad raíz alguna, aunque varias le fueran ofrecidas como regalo, en una profesión en la que la corrupción es endémica. Su argumentación siempre fundamentada y su valentía civil, honestidad y fidelidad a sus principios lo hicieron diferente a otros periodistas de similar brillo.

Fue su voluntad que su funeral se realizara en la intimidad familiar.

Tomás Granados Salinas, hijo del destacado periodista, inspirado en la obra de su padre, formuló el siguiente decálogo que debe guiar el ejercicio ético del periodismo:

1. Nunca escriba o diga algo de una persona que no se le pueda decir a la cara.

2. Combata la ambigüedad: no insinúe, no exagere, no minimice. Elija una postura y defiéndala. Un juicio no depende de la complicidad del lector sino del apego a la verdad.

3. Use las palabras precisas, no sólo por la riqueza del lenguaje sintético sino para lograr exactitud en lo que uno quiere decir.

4. Evite los lugares comunes, la vulgaridad y la falsa familiaridad con los entrevistados.

5. Construya su propia opinión, aunque no coincida con los demás, y sobre todo, si coincide con los demás.

6. No se ponga usted mismo en el centro de la noticia.

7. No haga juegos de palabras ni sorna con el nombre o la apariencia de una persona.

8. No aspire a recompensas materiales, no acepte regalos que puedan significar un soborno, ni siquiera los más pequeños. Hay que practicar una extremada ambición ética, aunque parezca una soberbia de la virtud.

9. Considere los fenómenos en su larga duración y en toda su anchura.

10. Encuentre el camino o hágalo.

Publicado en el libro Semillas del Periodismo, Ética, información y Democracia de Omar Raúl Martínez:

 

Doralicia Carmona. Memoria Política de México.