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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Lucio Blanco y Francisco J. Mújica, hacen el primer reparto de tierras en Matamoros, Tamaulipas

6 de Agosto de 1913

 

Deciden el reparto parcial de la hacienda “La Sauteña”, que comprende unas 800,000 hectáreas, un décimo del territorio de Tamaulipas. Acuerdan distribuir la parte llamada "Los Borregos", propiedad de prestanombres de Porfirio y Félix Díaz, y hoy convocan a una reunión cuya acta señala que tiene por objeto “conocer los trabajos que sobre repartición de tierras se han llevado a cabo… se les enteró detalladamente de todos los proyectos para la realización práctica, segura e inmediata de la distribución de terrenos, tanto a las clases desheredadas del país, como a los soldados constitucionalistas que han sabido defender, a riesgo de su vida, la legalidad y la justicia de la causa del pueblo; y habiendo quedado todos plenamente satisfechos de la eficacia y viabilidad de los referidos trabajos, los aprobaron por unanimidad y resolvieron, compenetrados de la importancia y del espíritu de justicia que encierra este magno esfuerzo de la Revolución, defenderlo con su espada, jurando por su honor de soldados derramar su sangre si fuera necesario en defensa de estos ideales….Y para la debida constancia de este acto trascendental y solemne, firmaron los presentes….” La lista de firmantes la encabeza el general Lucio Blanco.

La revolución se ha extendido por Coahuila, Chihuahua y Sonora, por lo que en Monclova, Carranza ordenó que el contingente militar se fraccione: como jefe de una de las fracciones quedó Lucio Blanco, quien pidió a Carranza que Francisco J. Múgica se incorporara a su columna que avanzaba de Nuevo León hacia Tamaulipas.

Hoy, al pasar por la hacienda “Los Borregos”, ubicada en el municipio de Matamoros, Tamaulipas, tanto Múgica como Blanco recuerdan la criminal conducta de Félix Díaz, cuando era jefe de la policía, así como las negativas de Carranza a impulsar el movimiento agrario. Sin estar autorizados y sin consultar a Carranza, deciden iniciar el primer reparto de tierra en el norte, siguiendo el ejemplo de Zapata que ya había iniciado el suyo propio.

Para dotarlos de estas tierras, Lucio Blanco elaboró un cuestionario en donde se asentaba, además de sus generales, si era persona conocida, si poseía algún terreno, si estaba resuelto a convertirse en agricultor, si era agricultor o soldado, etcétera; a esa solicitud recaía un acuerdo en donde se anotaba la cantidad de hectáreas que se le iban a dar, así como la ubicación del terreno y dónde se había hecho el fraccionamiento; dicho acuerdo iba firmado por el presidente de la Comisión Agraria, misma que se encargaba de verificar los trabajos relativos al reparto de tierras, y por el secretario.” (Sagaón Raquel. Lucio Blanco y el plan de Borregos)

Días después, el 30 de agosto, alrededor de una destartalada mesa rodeada de una asamblea harapienta, entregarán a sus soldados y campesinos de la región, los títulos provisionales de propiedad fechados este día 6, los cuales obligan a los poseedores a cultivar el terreno adjudicado so pena de que vuelva al dominio de la nación, prohíben su libre enajenación y embargo; son once títulos individuales que estarán sujetos a las leyes de repartimiento agrario que decrete la revolución constitucionalista en el futuro y cuya primera hoja dice: Títulos de propiedad de tierras procedentes del fraccionamiento de la hacienda de Los Borregos, hecho por el mandato del pueblo y ejecutado por el general Lucio Blanco, jefe de las fuerzas constitucionalistas en los Estados de Nuevo León y Tamaulipas. Expedido a favor de…. en…. el día…. de 1913, número…. A fojas… En la segunda hoja se estipulan en once incisos las condiciones de la adjudicación, la fecha, la firma de Lucio Blanco y del interesado que acepta esas condiciones.

El acto será presidido por Lucio Blanco y los miembros de su estado mayor, se entonará “La Marsellesa” y Múgica pronunciará unas palabras acerca de la propiedad en nuestro país.

La noticia de este primer reparto será dada a conocer por la prensa de Texas. Carranza desaprobará el hecho, más que por considerar que violó el Plan de Guadalupe, por ser un acto de desobediencia, y retirará el mando a Blanco; Zapata le enviará una carta felicitándolo. Así se marcará el rumbo que seguirá la Revolución y se creará, en los hechos, un antecedente del futuro artículo 27 de la Constitución de 1917.

La adjudicación efectuada por Lucio Blanco culminará con la resolución presidencial de 25 de octubre de 1938 del general Lázaro Cárdenas.

Lucio Blanco nació en Villa de Nadadores, Coahuila, el 25 de julio de 1879. Ahí inició su educación, que continuó en Saltillo y después en Texas, en donde aprendió inglés. Vivió en Múzquiz y trabajó en el rancho familiar “Los Ojos de María”. De este mismo rancho, Lucio salió en 1906 a Vacas, hoy Villa Acuña, acompañado con algunos hombres armados a engrosar las filas de los hermanos Flores Magón, pero fueron sorprendidos y desbandados por las fuerzas federales.

Ingresó a las filas antirrelecionistas en 1909 bajo la influencia de Atilano Barrera.

En noviembre de 1910, en unión de Luis Alberto Guajardo, combatió al porfirismo.

Con motivo de la rebelión orozquista, Blanco retomó las armas en 1911 con el grado de teniente coronel.

Después de la Decena trágica, que culminó con la traición y asesinato de Madero por Victoriano Huerta, Lucio Blanco firmó el Plan de Guadalupe proclamado por Venustiano Carranza el 26 de marzo de 1913. Junto con Francisco J. Múgica y Juan Barragán, luchó en contra del gobierno de Victoriano Huerta en Coahuila y Tamaulipas, en donde tomó la ciudad de Matamoros tras derrotar a las tropas huertistas, por lo que fue ascendido a general brigadier. Es entonces cuando realiza el primer reparto agrario de la revolución constitucionalista, en la cumbre de su prestigio militar, inclusive por encima de Álvaro Obregón. La Brigada alcanzaba ya más de dos mil efectivos, al parejo de todos los que comandaba Pablo González.

Aparentemente, este primer reparto agrario será la razón por la que le quitarán el mando militar de Matamoros, que era después de Sonora, retaguardia estratégica de la revolución, y lo incorporarán a las tropas del general Obregón en las campañas de Jalisco y Nayarit. Sin embargo, para Pedro Salmerón (Los Carrancistas), el motivo fue que Lucio Blanco, tras tomar Matamoros y recibir su ascenso a general brigadier, optó por disfrutar de sus laureles y se sumió en la inactividad y hasta en los vicios; incluso se negó a trasladarse a Nuevo Laredo.

Además, fue el único general que se negó a reconocer a Pablo González como el jefe de la región noreste y a unir esfuerzos para tomar Monterrey. Así pasó de ser “el caudillo militar favorito de la simpatía y del éxito en los albores del Movimiento”, a un papel secundario. Martín Luis Guzmán (El Águila y la Serpiente) tiene una opinión diferente: "Blanco era tan noble que despreciaba hasta la gloria -ésa fue su debilidad-; tan humano, que el horror a matar paralizó en gran parte su acción después del primer arrebato contra Huerta".

Sin embargo, fue nombrado por Carranza jefe de la División de Caballería del Ejército del Noroeste, comandado por Obregón, a quien Blanco no tuvo empacho en obedecer. Combatirá bajo su mando, estará presente en la rendición del ejército federal en Teoloyucan y entrará a la capital con el ejército obregonista. Pero discrepará con Carranza y Obregón sobre la solución de los problemas sociales.

Entonces se unirá a Villa y participará en la Convención de Aguascalientes, que elegirá presidente de la República a Eulalio González, quien lo nombrará secretario de Gobernación en enero de 1915, desde donde combatirá a los carrancistas. Por diferencias con Villa, se exiliará en Estados Unidos.

Regresará a México al triunfo de Carranza bajo la ley de amnistía, pero volverá al exilio a Estados Unidos, cuando Don Venustiano será asesinado en Tlaxcalaltongo.

Desde Laredo, Texas, intentará encabezar una revuelta contra Obregón, pero caerá en la trampa que le tenderá el obregonista Ramón García y al cruzar el Río Bravo hacia Nuevo Laredo el 7 de junio de 1922, junto con el coronel Aurelio Martínez, se resistirán a ser aprehendidos y se lanzarán a las aguas bajo una lluvia de balas de los soldados del comandante de la aduana Jesús Anaya Terán. Dos días después, serán sacados del Bravo, los cadáveres del general Lucio Blanco y del coronel Aurelio Martínez.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.