Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

El contenido de la Memoria está a disposición como apoyo didáctico para los docentes de historia. Solicítelo en el siguiente enlace:

Solicitud de Descarga

Contacto:
MemoriaPoliticadeMexico@gmail.com

 
 
 
 
 

 


 


Es fusilado Julio López, calificado de “comunista, asesino y gavillero”.

9 de julio de 1868

En el patio de la Escuela Moderna, que él mismo contribuyó a formar, a las diez de la mañana, es pasado por las armas en Chalco conforme a la ley del 6 de diciembre de 1856. Antes de que dispararan los fusiles sobre su cuerpo, gritó: “¡Viva el socialismo!”.

Julio López se había levantado en armas para reemplazar al gobierno que creía corrupto colaborador de los hacendados, por poblados con gobiernos autónomos. Con un pequeño grupo de seguidores había invadido las haciendas en la zona de Chalco y Texcoco. Después de ser detenido por los soldados e indultado por el gobierno, extendió sus actividades a Morelos en el sur, al este en San Martín Texmelucan y  al oeste hasta Tlalpan.

Julio López Chávez o Julio Chávez López, nacido en San Francisco Acuatla, encabezó la protesta contra la aplicación de las Leyes de Reforma que enajenaban las tierras comunales a las haciendas en perjuicio de los indígenas y campesinos antes dueños de esas tierras.

En ese tiempo, los administradores de las haciendas de Chalco experimentaron con nuevos productos, fertilizantes, pozos artesianos y sistemas de riego que agudizaron los conflictos con los comuneros porque los nuevos proyectos de irrigación avanzaban sobre las tierras comunales y los nuevos productos demandaban más mano de obra. Entonces encontraron como salida el latifundismo, que aumentaba su tierra y obligaba a los campesinos despojados a trabajar para la hacienda.

El 16 de enero de 1868, Julio López publicó desde su “cuartel general republicano”, reunido la mayor parte del pueblo, un manifiesto llamado “República y Patria Mexicana”, dirigido al presidente Juárez en el que le pidió que se reformara la propiedad agraria con apego a los títulos originales de los pueblos.

…“nadie nació para servir a otro, todo el que tiene espedito el uso de su razón y no se ha contaminado con los vicios, tiene derecho a designar a quienes han de cuidar de los intereses comunes a todos los hombres… (pese al ) partido inercia que sanciona lo más monstruoso con su silencio criminal, que siempre recibe la ley del más audaz por egoísmo, por su cobardía y por su vergonzosa ignorancia.

Esta es la causa de que viven muchos pueblos en la mayor miseria… nosotros arrojamos hoy este partido inercia y reclamamos nuestros derechos, nuestras propiedades antiguas que tantos años ha nos tienen usurpadas los hacendados… que presenten sus títulos los pueblos y los hacendados, y se verá que los más antiguos son de los pueblos, y en vista de ellos se nos ponga en posesión, dejándoles en su propiedad legítima.

Por lo anterior solicitaron a Benito Juárez “se sirva mandar decretar que en todos los pueblos de la República que se componen la mayor parte de indígenas, que reconozcan sus derechos de propiedad terrenal, aguas y montes por medio de la razón y la justicia, según sus títulos y desde luego, poniéndoles en posesión… si por desgracia compraren los hacendados al ejército brillante republicano, por eso los pueblos tienen en sus torres campanas para bajarlas y fundirlas para piezas de artillería, para sostener el decreto… hasta morir o vencer… porque hemos jurado ya ante Dios y ante los hombres.

Estamos cansados de andar ante los tribunales de justicia… convencidos de que de esta manera jamás lograremos recobrar nuestros terrenos que poseen los hacendados sin derecho algún… estamos prontos a levantarnos en masa, apropiarnos de nuestros terrenos a la viva fuerza y hacerles la guerra a muerte a los verdaderos opresores, a los tiranos hacendados… jamás formaremos guerra a nuestro gobierno, porque somos sus fieles sostenedores,  pero que se nos cumpla lo que pedimos”.

Al fracasar sus gestiones ante las autoridades liberales, ideológicamente opuestas a la propiedad comunal, cumplió su amenaza e inició una guerra de los pueblos de San Francisco Acuautla, Coatepec y San Vicente Chicoloapan de Chalco y lugares aledaños contra las haciendas, en la que como era un elocuente orador, atraía a los campesinos prometiéndoles las tierras de las haciendas. Y así lo hacía, conforme se apoderaba de una hacienda, distribuía la tierra entre los campesinos. Con este apoyo pudo vencer varias veces al ejército y escapar.

El 23 de marzo de 1868 ingresó preso a la ex Acordada y fue puesto a disposición del Juez 3° de lo criminal junto con María Trinidad Juárez, Simón Arriaga, Mariano Vargas; Serapio Ortiz y Modesto Estrada. Ante el clamor popular, que no podía ignorar la justicia de su causa, y la obligación moral que sentían los liberales de defender a las comunidades indígenas, fue indultado por las autoridades juaristas.

Alberto Jiménez Morales (La Casa del Obrero Mundial) cuenta que en abril siguiente, Chávez López lanzó en Chalco un Manifiesto dirigido a “todos los oprimidos y pobres de México y del Universo”, del que sobresalen conceptos que sintetizan la tesis anarquista mexicana de aquella época. “Ha llegado la hora de conocer a los hombres con el corazón bien puesto; ha llegado el día en que los esclavos se levanten como un solo hombre reclamando sus derechos pisoteados por los poderosos” –Comienza afirmando el documento–. Después se lee lo siguiente: “Hermanos: ha llegado el momento de despejar el campo, de pedir cuentas a los que siempre nos las han exigido; es el día de imponer deberes a quienes sólo han querido tener derechos. Los que se han aprovechado de nuestra debilidad física, moral e intelectual se llaman latifundistas, terratenientes o hacendados. Los que pacientemente nos hemos dejado arrebatar lo que nos corresponde nos llamamos trabajadores, proletarios o peones”.

Después de hacer patético relato de las condiciones en que se vivía en las tiendas de raya y de acusar a la Iglesia católica de ser aliada de los explotadores y del ejército, grita a todos su ideal: “Queremos abolir todo lo que sea señal de tiranía entre los mismos hombres, viviendo en sociedades de fraternidad y mutualismo y estableciendo la República Universal de la Armonía”. El párrafo final de este angustiado Manifiesto expresa lo que sigue: “Alcemos nuestra cara buscando con serenidad nuestra salvación, que radica en nosotros mismos. Queremos tierras, queremos trabajo, queremos libertad. Necesitamos salvarnos de todos los padecimientos, necesitamos salvar el orden; en fin, lo que necesitamos es el establecimiento de un pacto social entre los hombres a base de respeto mutuo. ¡Viva el Socialismo! ¡Viva la Libertad!”

Así, el 29 de mayo de 1868 saqueó la Hacienda de Buena Vista, propiedad de Mariano Riva Palacio, se llevó los caballos y repartió las tierras a los indígenas que lo siguieron en el ataque. Asimismo, autoproclamado general en jefe, ordenó al dueño de la hacienda de Aschalco no trabajar en ella ni en el monte, ya que para él los verdaderos dueños eran los campesinos que vivían en los pueblos vecinos.

Y enseguida, dio cuenta un periódico de entonces. “El cabecilla comunista Julio López, correspondiendo al indulto que hace poco se le concedió, como suelen los revolucionarios de oficio, ha vuelto a aparecer con su gavilla en el distrito de Chalco… dispone a su arbitrio de las personas y propiedades, y lo peor es que no hay tropas que lo persigan y goza de completa impunidad”.

El siguiente 9 de junio, los rebeldes fueron atacados en Río Frío por tropas provenientes de Coatepec, pero no lograron capturar a López.

Su persecución dio oportunidad al jefe político del Distrito de Texcoco a emprender una campaña de terror contra la población civil mediante toda clase de abusos: imposición de multas, allanamientos de casas, sustracción de documentos de la propiedad de los pueblos, robo de caballos, encarcelamientos, golpes y amenazas a quienes pudieran unirse a López, y desde luego, amagos y amenazas de muerte a la esposa de Julio y hasta a sus pequeños hijos, de cinco y nueve años.

Finalmente, Julio estableció su campamento en Actopan; ahí fue sorprendido, derrotado y capturado nuevamente por el ejército juarista.

Francisco Zarco escribirá el 24 de julio siguiente, tras el fusilamiento: “Julio López ha terminado su carrera en el patíbulo. Invocaba principios comunistas y era simplemente reo de delitos comunes. La destrucción de su gavilla afianza la seguridad de las propiedades en importantes distritos del estado de México. En este estado, como en otros muchos de la República, tiempo vendrá en que sea preciso ocuparse de la cuestión de la propiedad territorial; pero esto por medidas legislativas dictadas con estudio, con calma y serenidad, y no por medios violentos ni revolucionarios”.

En el combate a la rebelión de Julio López, como en otras que tuvieron lugar al mismo tiempo, Zarco reconoce que “el gobierno, sin traspasar los límites de sus facultades ordinarias, ha podido desplegar fuerzas y actividad contra los que alzaron el estandarte de la rebelión; no ha tenido que celebrar ruinosos contratos para proporcionarse recursos con qué atender a los gastos de la campaña y ni siquiera ha hecho uso de las autorizaciones que le otorgó el Congreso para suspender las garantías individuales. En efecto, para perseguir y derrotar a los facciosos no ha habido necesidad de prisiones y de destierros por motivos políticos, y las poblaciones no han sufrido, como en otras épocas, las plagas de la leva, de los embargos, de los préstamos forzosos y de las contribuciones extraordinarias. El gobierno con sus recursos comunes ha podido hacer frente a la situación, va venciendo a los rebeldes, y en poco tiempo, no hay que dudarlo, habrá afianzado la paz en toda la nación”.

El movimiento campesino de Julio López Chávez, que hoy muere fusilado, se extenderá hasta Yucatán al ser deportados a ese estado quince de sus seguidores, que después de rebelarse en contra de su incorporación al ejército, serán pasados por las armas el 24 de febrero de 1869. Así, el movimiento de Julio López será el primero en la historia de México, que demandará la reorganización de la sociedad y que luchará por la formación de sociedades agrícolas autónomas. Para muchos, se adelantó cuarenta años a la lucha de los zapatistas.

Años atrás, Julio López se había incorporado al grupo de Plotino Rhodakanaty, que operaba en Chalco con propósitos subversivos y que había podido organizar un Grupo de Estudiantes Socialistas.

Rhodakanaty, de pensamiento anarquista, seguidor de las ideas de Proudhon y Fourier, fue un agitador griego que llegó a México en 1861 procedente de España, con el propósito de fundar colonias agrícolas en las tierras que el gobierno de Comonfort ofrecía a los inmigrantes extranjeros. Publicó la Cartilla Socialista, fundó la organización La Social y se dedicó a organizar secretamente a obreros y estudiantes para realizar tareas subversivas en la ciudad de México y en poblaciones vecinas. Así se fundó  la Sociedad Mutualista del Ramo de Hilados y Tejidos del Valle de México, que agrupaba obreros textiles de “San Ildefonso”, en Tlalnepantla, y los de “La Colmena”, en México, y que el 10 de junio de 1865 se pusieron en huelga, pero que fueron reprimidos duramente por las tropas imperiales de Maximiliano nueve días más tarde.

El grupo de Rhodakanaty fundó el Club Socialista en Chalco, Estado de México y una escuela “moderna” socialista para los campesinos de la misma localidad. De esta experiencia destacó Julio López Chávez, joven aprendiz que abrazó el ideal libertario: “Soy anarquista porque soy enemigo de todos los gobiernos, y comunista, porque mis hermanos quieren trabajar la tierra en común”.

Rhodakanaty se distanció posteriormente de su discípulo y de La Social, por estar en desacuerdo con López Chávez respecto a la coherencia de la acción armada con el ideal libertario.

Perteneciente también al grupo de Rhodakanaty, Santiago Villanueva realizó la primera huelga exitosa en el Distrito Federal el 8 de julio de 1868, en la fábrica textil “La Fama Montañesa”, situada en Tlalpan, por la cual lograron mejores condiciones de trabajo y reducción de las horas de jornada para las operarias.

En 1886 Rhodakanaty regresará a Europa, pero sus ideas germinarán en la prensa obrera, en el Magonismo, en el Partido Liberal y Regeneración, así como La Casa del Obrero Mundial.

Doralicia Carmona. MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO