Home Page Image

Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

El contenido de la Memoria está a disposición como apoyo didáctico para los docentes de historia. Solicítelo en el siguiente enlace:

Solicitud de Descarga

Contacto:
MemoriaPoliticadeMexico@gmail.com

 
 
 
 
 

 


 


Julio Scherer es destituido del diario Excélsior. 

Julio 8 de 1976  

Durante la asamblea de la Cooperativa Excélsior convocada ilegalmente, Julio Scherer y sus seguidores son expulsados violentamente. Regino Díaz Redondo tomará el cargo de director del diario.

El periódico “Excélsior” había sido fundado por Rafael Alducin Bedolla, el 18 de marzo de 1917. El edificio de Bucareli 17 fue construido entre 1923 y 1924. Al morir Alducín, su viuda vendió el diario a Federico Lachica en 1926. Luego, varias veces cambió de dueño hasta que el 25 de enero de 1931, Abel R. Pérez declaró la quiebra de Excélsior. Al año siguiente, el 29 de abril de 1932, el diario pasó a manos de los trabajadores y se transformó en cooperativa “Excélsior, Compañía Editorial, S.A.” que será durante décadas el diario más importante de México y según algunas opiniones de Latinoamérica.

La primera edición vespertina “Ultimas Noticias de Excélsior” comenzó a circular el 27 de enero de 1936 y el 1 de septiembre de 1939, la segunda edición de “Ultimas Noticias", en ésta, Julio Scherer García inició su carrera como reportero en 1947. En 1959 ingresó al diario Regino Díaz Redondo, invitado por Scherer.

En agosto de 1960, fue publicado un desplegado atribuido al Partido Comunista, que pedía la excarcelación de los presos políticos del movimiento obrero de 1958-1959; aparecía también la firma de Scherer por lo que fue sancionado. Tiempo después, Scherer pasó a ser ayudante del director general, Manuel Becerra Acosta (padre); a su muerte, la Asamblea general eligió a Scherer director general el 31 de agosto de 1968. Hero Rodríguez Toro fue nombrado gerente general el 11 de septiembre de 1970.

Excélsior, comenzó a incluir agudas críticas, reportajes de investigación y crónicas, así como editoriales escritos por intelectuales como Daniel Cosío Villegas, que no eran del agrado del gobierno y ni de los grupos de poder económico. Por eso, en agosto de 1972, varios empresarios encabezados por Juan Sánchez Navarro promovieron un boicot de anunciantes y retiraron la publicidad de Excélsior, lo cual le provocó una grave crisis financiera.

El gobierno apoyó al diario por medio de inserciones oficiales; pero según refiere Carlos Monsiváis (“El golpe a ‘Excélsior’),Scherer quiere dirigir Excélsior…”. Es decir, mantener su independencia a pesar de la ayuda oficial. Posteriormente, el 10 de junio de 1976, fue invadido el fraccionamiento Paseos de Taxqueña, desarrollo urbanístico promovido por Excélsior, lo que provocó una campaña contra Scherer en el Consejo de Vigilancia del diario, por radio, televisión y en diarios capitalinos oficialistas.

Semanas después, la noche del 7 de julio de 1976, el salón donde se efectuaría la Asamblea de la Cooperativa Excélsior fue ocupado con violencia; el personal de vigilancia fue sustituido por gente reclutada en los departamentos de encuadernación, reparto y servidumbre, a la que llamaban “Los Indios”, pues usaban sombreros de palma. Durante ese asalto, extrajeron de las oficinas un manifiesto de prestigiados escritores e intelectuales, plumas de ese diario, a favor de la institucionalidad de Excélsior; por esta razón, ante la falta del manifiesto, la edición del día siguiente saldrá con la página 22 en blanco en la que debió publicarse el desplegado referido. Entre los colaboradores que firmaban su adhesión a Julio Scherer y Hero Rodríguez Toro, se cuentan: Froylán López Narvaez, Enrique Maza, Vicente Leñero, José Emilio Pacheco, Gastón García Cantú, Miguel Angel Granados Chapa, Angeles Mastretta y Carlos Monsiváis. (Ver Documento).

Pese a que la dirección general del periódico solicitó garantías de seguridad por la presencia de matones, los cuerpos policíacos locales y federales no intervinieron.

Al día siguiente, 8 de julio de 1976, pasado el mediodía, inicia la Asamblea convocada ilegalmente. Los opositores a Scherer leen el acta del día, que no incluye los informes de los directivos del periódico; ante la protesta de Scherer por tal anomalía, hay intimidaciones, y violencia por lo que la mayoría de los socios salen y hacen su asamblea en la sala de redacción. Ahí se encuentran Julio Scherer y sus colaboradores cercanos, cuando llega un grupo enviado por Regino Díaz Redondo que les notifica la destitución de Julio Scherer García y Hero Rodríguez Toro, así como la suspensión indefinida de cinco cooperativistas: Arturo Sánchez Aussenac, jefe de redacción; Leopoldo Gutiérrez, secretario de redacción; Jorge Villalobos Villa Alcalá, director de la primera edición de “Últimas Noticias”; Arnulfo Uzeta, jefe de información del diario, y Ángel Trinidad Ferreira, cronista político. Bajo amenazas de muerte exigen el desalojo de la dirección y de la gerencia, así como la subordinación de la redacción para el control del contenido de los artículos editoriales.

Miguel Ángel Granados Chapa escribirá después que salieron para evitar muertes. Julio Scherer dirá: “Desde temprana hora, Víctor Payán cuchicheaba aquí y allá. Así lo hacían también Manuel Camín y Rodolfo Flores Rivera, en otra época director y jefe de redacción del Magazine de Policía, que editaba Excélsior. El bisemanario, el escándalo como negocio, fue suprimido a instancias de Hero Rodríguez Toro y mías, pero Flores Rivera y Camín conservaron sus nexos con policías y guaruras. Ahora iban de grupito en grupito. Payán llegaría muy lejos: coronel de Arturo Durazo. Rodolfo Flores también llegaría lejos: subgerente de Excélsior. Camín no tanto: director de la segunda edición de Últimas Noticias. Llegó la hora del tumulto, muchos ojos desorbitados, la furia de algunos, el sarcasmo de otros. Ricardo Perete bailoteaba entre muecas. Regino Díaz Redondo y Manuel Becerra Acosta se mentaban la madre con los labios. Me confortaba la tranquilidad de Hero, estoico. Sabía de qué se trataba... En un simple memorándum, Díaz Redondo señaló: ‘Porque el texto de la plana 22 de la primera sección de Excélsior, en la edición de hoy jueves 8 de julio, contiene un ataque a los intereses de Excélsior, Compañía Editorial, S.C.L… los consejos de administración y vigilancia, así como los miembros de las comisiones de Conciliación y Arbitraje y de Control Técnico decidieron ordenar que no se publique la página y que ésta aparezca también en blanco en señal de enérgica protesta… No sé dónde, quizá sólo en Excélsior en esos días, pudiera repetirse una confesión tan vergonzosa: silenció Excélsior una denuncia en defensa de sus intereses, cuando no hay interés más alto en un diario, el que sea, que abrirse a la discusión pública en los asuntos de interés general…”. En Los Presidentes, Scherer comentará: “Los ladrones se quedaban en Excélsior”… El presidente Echeverría nos expulsó de nuestra casa. Combinó, como es usual, la fuerza, el sometimiento y una gran recompensa”.

En noviembre siguiente renunciarán más de 200 reporteros, fotógrafos, diseñadores, articulistas, editorialistas y colaboradores, entre ellos: Manuel Becerra Acosta, subdirector; Octavio Paz, director del semanario Plural; Carlos Monsiváis, Vicente Leñero, Miguel Ángel Granados Chapa, Rafael Ramírez Castañeda, José Emilio Pacheco, Heberto Castillo, Abel Quezada, Jorge Ibargüengoitia y Froylán López Narváez.

De este hecho, surgirán proyectos de vigorosas ediciones que marcarán el rumbo que seguirá el periodismo en México: “Proceso” semanario dirigido por Julio Scherer García, circulará a partir del el 6 de noviembre de 1976; “Vuelta”, dirigida por Octavio Paz. El 14 de noviembre de 1977, el diario “Unomásuno” dirigido por Manuel Becerra Acosta. Luego de una escisión, del “Unomásuno” se desprenderá “La Jornada” en 1984.

Díaz Redondo ocupará la dirección general de Excélsior hasta el 20 de octubre de 2000; bajo su dirección, no habrá cambios: seguirá patrocinado mediante publicidad e información privilegiada por el gobierno; sin embargo, no se ajustó a los cambios sociales y se estancó. En los años noventa, mientras se desarrollaba una prensa de mayor búsqueda en forma y contenidos y en ocasiones apoyada por grandes capitales, Excélsior mantenía, en lo fundamental, las mismas características que lo habían distinguido 20 años antes. Tenía buenos reporteros y en sus espacios de opinión participaban analistas relevantes, pero se rezagaba respecto a periódicos más dinámicos y mejor sintonizados con los cambios que experimentaba la sociedad mexicana.

Señala Raúl Trejo Delarbre (“Excélsior, historia de una revuelta incompleta”), que “Los principios éticos no fueron la mejor virtud de Excélsior en esa época. No puede decirse que todos los que hacían el diario estuvieran supeditados a intereses extraperiodísticos, pero sí que algunos de sus directivos y reporteros ejercían un tráfico de influencias que en ocasiones, lindaba con la corrupción. En la década anterior no fue un secreto que muchas de las notas que aparecían en la columna política cotidiana de Excélsior (llamada “Frentes Políticos”) eran pagadas, igual que muchas informaciones que aparecían, en distintas páginas, como si fuesen material investigado por los reporteros. Esa ha sido y sigue siendo una práctica de numerosos periódicos mexicanos que no le advierten al lector cuándo una información es en realidad material publicitario que se presenta como noticia. Excélsior era de los diarios que más acudían –y lo sigue haciendo– a ese recurso… Excélsior se volvió un diario viejo en una sociedad que comenzaba a modernizarse”.

Después de sucesivas crisis, “Excélsior” dejará de ser cooperativa y se convertirá en una empresa privada propiedad de Olegario Vázquez Raña.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.