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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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El PRI pierde las elecciones presidenciales.

Julio 2 de 2000
“México ha vivido una jornada electoral que por su orden y legalidad, por su transparencia y civilidad ha resultado ejemplar. Hace un momento me he comunicado telefónicamente con el licenciado Vicente Fox para expresarle mi sincera felicitación por su triunfo electoral, así como para manifestarle la absoluta disposición del Gobierno que presido, a fin de colaborar, desde ahora y hasta el próximo primero de diciembre, en todos los aspectos que sean importantes para el buen inicio de la próxima administración federal”. Así en un mensaje transmitido en cadena nacional, el presidente Ernesto Zedillo reconoce la derrota electoral de su partido tras ocupar durante setenta y un años la presidencia de la República.

Con un margen de victoria de 6.42%, el candidato de la Alianza por el Cambio (PAN-PVEM) Vicente Fox gana con el 42.52% y Francisco Labastida, del PRI, pierde con el 36.11% de una votación en la que sólo participó el 63.97% de los electores registrados. Cuauhtémoc Cárdenas de la Alianza por México (PRD-PT-CONVERGENCIA-PAS-PSN) apenas obtuvo el 16.64%. También participaron como candidatos Gilberto Rincón Gallardo del Partido Democracia Social PDS, Manuel Camacho Solís del Partido del Centro Democrático PCD y Porfirio Muñoz Ledo del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana PARM, pero la mayor votación a favor de alguno de esos partidos ni siquiera llegó a alcanzar el porcentaje de votos nulos (2.10%).

Así, el Partido Revolucionario Institucional PRI, dejará la presidencia de la República que ha mantenido desde 1929, primero como Partido Nacional Revolucionario PNR, después como Partido de la Revolución Mexicana PRM y hoy Partido Revolucionario Institucional PRI.

La derrota del PRI resulta de las crisis económicas recurrentes a partir de 1976, y en los últimos tres sexenios, de las políticas impopulares (IVA), rescates bancarios (FOBAPROA) y carreteros cuestionados, crímenes políticos (Colosio y Ruíz Massieu), corrupción manifiesta (Espinosa Villarreal), contubernios con el narcotráfico (Mario Villanueva), precandidatos enemistados entre sí agresivamente (“Dale un Madrazo al dedazo”)  y un candidato presidencial (Labastida) poco carismático (“Me ha llamado lavestida”) y sin una estrategia clara, contra una bien diseñada, financiada (Amigos de Fox) y exitosa campaña electoral, iniciada unos tres años atrás, en 1997, que presentaba a Fox como el héroe que terminaría la “dictadura priísta de setenta años” y conduciría al cambio anhelado por todos ("Ya, el cambio que a ti te conviene").

El triunfo se basó en una estrategia de denuncias concretas y propuestas generales, dirigida a convencer de su inevitable victoria para crear  la cargada o "bandwagon" ("¡Ya ganamos¡"). Una estrategia que recurrió al reclutamiento de electores panistas, antipriístas o jóvenes sin identificación partidista, para integrar los "Amigos de Fox", grupo compuesto por miles de simpatizantes que fue creciendo hasta formar toda una estructura político electoral; que convocó al voto táctico o útil para “sacar al PRI de los Pinos”; y que asimismo,  comprendió la ayuda de renombrados consultores políticos extranjeros (Dick Morris) y un hábil manejo profesional de todos los medios propagandísticos disponibles, desde guantes con la V de la victoria, radio y televisión, correo y teléfono, hasta numerosos “espectaculares” y la Internet.

El presidente Zedillo y las principales fuerzas políticas y económicas vinculadas con el PRI aceptan de buena gana los resultados electorales. Señala Lorenzo Meyer (El espejismo Democrático): “En el 2000, la lucha fue entre Francisco Labastida, el priísta, y Vicente Fox, el neopanista. Todas las encuestas mostraron que esa vez el candidato de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas -candidato por tercera vez consecutiva- ya no tenía posibilidades reales de triunfo. En tales circunstancias, la contienda se convirtió en una lucha entre dos personajes contrastantes pero con proyectos de clase muy semejantes. En efecto, desde 1989 el PRI Y el PAN habían empezado a negociar con éxito sus diferencias de principios y de programas de gobierno hasta casi eliminarlas. De esa manera, lo que estuvo en juego entre la derecha autoritaria priísta y la derecha supuestamente democrática del PAN, fue una diferencia de estilos e historia pero no de propósito. De antemano se sabía que ganara quien ganara entonces, el resultado no significaría diferencias sustantivas en las políticas económicas, sociales o externas. Por ello los poderes fácticos aceptaron sin grandes dificultades la victoria panista: no implicaba ningún cambio sustantivo y sí una evidente ganancia de legitimidad que pondría fin al déficit generado por el PRI en ese campo”.

Sin embargo, durante la semana siguiente a la elección, los priístas comenzarán a reflexionar sobre su derrota. Por ejemplo, Manuel Bartlett dirá: “francamente el PRI perdió su brújula…y al perder su identidad ideológica dejó de tener una vinculación real con sus bases. El partido se fue retirando y, desde luego, se fue debilitando...con su larga tradición de disciplina, fue aceptando estas desviaciones sumisamente... hasta llegar a una posición de conservadurismo que dañó a su propia estructura de partido”...

Asimismo, en una reunión del CEN del PRI, el mismo Bartlett culpará al presidente de la República: “Entre otras cosas, la derrota se la debemos al Fobaproa”. Y convocará a los priístas a no aceptar el cambio del Comité Ejecutivo encabezado por Dulce María Sauri que a ella misma le sugirió el presidente Zedillo: “Todo este sexenio el Presidente ha mandado en el PRI. Él influyó y determinó nuestros procesos. El perdió su capacidad de conducción. Ha dejado de ser el líder moral''.. Los priístas no se cansarán de aplaudirle dolidos por la urgencia del Ejecutivo de salir a reconocer el triunfo de Fox. ''¡El sí supo cómo hacerlo... él sí supo cómo jodernos!” Dirá alguien en alusión burlona a uno de los lemas de campaña de Zedillo. Así, a pesar de la sugerencia presidencial, el Comité Ejecutivo no renunciará.

Por su parte, Zedillo mandará decir a los miembros de su gabinete, por conducto de Luís Téllez, que tengan presente que prometió a Fox una entrega tersa del gobierno, pero algunos secretarios mostrarán su disgusto y otros ni siquiera asistirán a la reunión convocada para tal objeto.

Más tarde, durante la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Administración Pública 1999 del INAP, Zedillo llamará a los servidores públicos a hacer una entrega ordenada, eficaz y transparente de la administración federal: "Los servidores públicos en funciones tenemos una gran responsabilidad para que el próximo gobierno cuente con todos los elementos necesarios para iniciar el mandato que le ha conferido de manera democrática el pueblo de México”.

En la misma ceremonia, en defensa de la actitud presidencial en la noche de la jornada electoral, Natividad González Parás, presidente del INAP, expresará: ''Esa noche vimos al jefe del Estado mexicano, a usted señor Presidente, actuar con profundo sentido institucional. Sin esconder sus sentimientos personales, antepuso el interés del país y el de las instituciones para asegurar una transición ordenada, armónica, como debe ser la de un país que se precie de ser democrático''.

Años más tarde, en el 2007, Roberto Madrazo Pintado en una larga entrevista (La Traición) revivirá el tema del comportamiento de Zedillo respecto al PRI durante el proceso electoral del año 2000; señalará que el conflictivo y problemático México actual, “es el México que dejó la traición política y la irresponsabilidad institucional del presidente Zedillo, no sólo ante el PRI, sino ante el país entero, después de una ‘democracia’ y una ‘alternancia’ inducidas desde Los Pinos. Zedillo, creo yo, pudo hacer mucho para transformar al PRI y con ello transformar a México. Pero no. Prefirió apostarle todo a una transición sin el PRI…Zedillo puso todo para que Labastida fuera el candidato del PRI…Labastida iba a ser ‘entregado’ junto con el PRI en la elección del 2000. No iba a ganar Pancho... Para mí estaba claro: Zedillo había llegado a la Presidencia de la República después de un acuerdo con el PAN, donde se negoció la alternancia del 2000. Hay que recordar que el asesinato de Colosio era una losa para el PRI. Y sólo una negociación como esa logró que el PAN prácticamente abandonara la contienda para que Zedillo la ganara en 1994…perdimos tanto por sostener el modelo neoliberal como por los compromisos secretos de Zedillo en la elección”.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO