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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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La División del Norte toma Zacatecas, queda destruido el ejército federal.

23 de Junio de 1914

 

La artillería de Ángeles inició el fuego sobre los bastiones federales ubicados en los cerros. Bajo una fuerte lluvia, Villa lanzó ataques de caballería y de infantería en contra de las defensas que protegían la ciudad. Contra el pesado fuego de las ametralladoras y contra la artillería bien alineada, la División fue ganando terreno inexorablemente. Las pérdidas de Villa fueron cuantiosas, pero la artillería de Ángeles atrajo el fuego deliberadamente hacia sí misma para que las fuerzas atacantes pudieran avanzar. Ángeles escribirá: “…la artillería intimida; cuando el cañón truena, el enemigo se esconde y nuestra artillería avanza, y cuando el enemigo se atreve a asomar la cabeza, ya tiene a la infantería nuestra encima, y abandona apresurado la posición."

Alrededor de las dos y media, se capturaron las cimas que dominaban la ciudad, a las cuatro de la tarde cayó el cerro de El Grillo después de un rudo y sangriento combate, y a las seis, se abatió la posición de La Bufa. Los federales iniciaron su retirada en forma alocada y desorganizada. Antes, dinamitaron el edificio federal, que también servía de arsenal y la explosión mató a unos trescientos civiles, en su mayoría mujeres y niños. Más civiles murieron por las explosiones provocadas para destruir edificios estatales y municipales. Los villistas tomaron la ciudad desde tres direcciones y a pesar de sus grandes pérdidas, la superioridad numérica se impuso. Los federales, rodeados, trataron de encontrar una salida, algunos cientos pudieron escapar hacia Aguascalientes, destruyendo las vías del ferrocarril a su paso, pero la mayoría murieron acorralados entre fuego de enfilada y cruzado. Luís Garfias (Aspectos Militares de la toma de Zacatecas) concluye: “A pesar de todo, las tropas federales lucharon encarnizadamente y, de hecho, combatieron hasta el último momento en condiciones muy adversas. Prueba de ello fue el número de generales que murieron en batalla”.

Los resultados de la lucha fueron: casi seis mil muertos y trescientos heridos de los federales; mil muertos y doscientos heridos de los revolucionarios. Más de tres mil federales prisioneros, de los cuales, algunos fueron fusilados, otros incorporados al ejército de Villa y otros más, liberados porque eran de leva. Cientos de civiles muertos y heridos. La ciudad seriamente dañada. Equipo capturado de doce mil rifles, doce cañones, varias ametralladoras, nueve trenes y doce cañones montados en carros plataforma de ferrocarril.

Nellie Campobello (Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa) escribe: “En la batalla de Zacatecas, el enlace perfecto de la infantería con la artillería, realizó la convergencia del esfuerzo de todos. Los tiros directos de apoyo que ejecutó la artillería fueron tan efectivos, sin poner por ello en peligro a los infantes, que no es extraño el increíble grado de eficacia que lograron en esta acción, y que fue donde el arma de la artillería tan poco usada en nuestras guerras, la que prestó un gran servicio a los revolucionarios. Al general Ángeles se debió el acierto. Conviene recordar, por otra parte, que de las tres armas elementales, la más usada por los revolucionarios y, sobre todo, por los villistas, fue la caballería, poderoso sostén de todos los encuentros. Era tan perfecta la maniobra ejecutada por los dragones villistas, que es inútil repetir lo que esta arma debe al genio militar de Villa. Nadie como él para usarla y hasta hoy nadie como él para aprovecharla tan perfectamente”.

Semanas antes, los generales Arrieta y Natera, con sus seis mil hombres, habían intentado tomar sin éxito del 9 al 13 de junio pasado, la ciudad de Zacatecas, población minera de unos 30,000 habitantes, en la que el ejército federal había concentrado sus más potentes fuerzas. Dado su fracaso, Carranza ordenó a Villa les enviara cinco mil efectivos de la División del Norte. Villa ofreció marchar al frente con toda la División. Don Venustiano, que temía acrecentar el poder que ya había adquirido Villa, reiteró la orden. Villa amenazó con su renuncia. Carranza la aceptó, pero los generales se negaron a obedecer a otro jefe, acusaron a don Venustiano de impolítico, anticonstitucional y antipatriótico, y decidieron atacar Zacatecas.

El 19 de junio la División del Norte llegó en 18 trenes militares a Calera, a veinticinco kilómetros de Zacatecas. Los generales Felipe Ángeles y Tomás Urbina diseñaron el plan de la batalla. Al día siguiente, sus unidades de infantería y de caballería tomaron posiciones al este de la ciudad, al suroeste y al sur. Las principales baterías de artillería se ubicaron en Veta Grande, desde donde podían alcanzar las defensas federales de los cerros El Grillo y la Bufa, al norte de la población. Colocaron baterías secundarías al sur del poblado. Las fuerzas desplazadas eran alrededor de 25, 000 efectivos, con trenes-hospital y trenes de apoyo logístico, artillería y buenos rifles y pertrechos. Los federales atrincherados eran 12,500 hombres, con once piezas de artillería pesada y noventa ametralladoras; aguardaban un refuerzo de tres mil efectivos que nunca llegó.

En tanto se concentraban y posicionaban las fuerzas revolucionarias hubo combates, pero la artillería villista no disparó a pesar de sufrir el fuego intermitente del enemigo que le causó algunas bajas. El 22 de junio llegó Villa a dirigir la batalla. Y hoy, a las diez de la mañana, comenzó la toma de Zacatecas.

Atacar Zacatecas había sido el objetivo de Ángeles durante varios meses, ya que pensaba que la victoria en esa plaza precipitaría la caída de Huerta. Relata en su Diario: “A la mañana siguiente entramos a Zacatecas, visitando el campo de batalla por el lado de La Bufa: en verdaderos nidos de águilas se habla hecho fuerte el enemigo. Pocos muertos había por ahí; pero casi todos estaban atrozmente heridos y sus actitudes revelaban una agonía dolorosa… Dentro de la ciudad había muchos más muertos: con las heridas invariablemente en la cabeza… Los escombros de la Jefatura de Armas obstruían las calles circunvecinas. Según decían en la ciudad, familias enteras perecieron en el derrumbe de ese edificio, hecho por los federales no sé con qué propósito… Una ternura infinita me oprimía el corazón; lo que la víspera me causó tanto regocijo, como indicio inequívoco de triunfo, ahora me conmovía hondamente... Los siete kilómetros de carretera entre Zacatecas y Guadalupe y las regiones próximas, de uno y otro lado de la carretera, estaban llenos de cadáveres, al grado de imposibilitar al principio el tránsito de carruajes… ¡Y pensar que la mayor parte de esos muertos fueron recogidos de leva por ser enemigos de Huerta y por ende amigos nuestros! ¡Y pensar que algunos de ellos eran mis amigos, que la inercia del rebaño mantuvo al lado de la injusticia!”.

Destruido el ejército federal, ya no queda ni una plaza fuerte entre Villa y la ciudad de México. Sin embargo, otra batalla seguirá, pero política, entre villistas y carrancistas, por quién tomará la capital y recibirá la rendición de Huerta. Carranza dará instrucciones al general Pablo González de que avance a San Luís Potosí, lo mismo que a su hermano, Jesús Carranza. Apremiará Obregón para que tome Guadalajara y la ciudad de México. Por otra parte, Carranza inmovilizará a la División del Norte al cortarle los embarques de carbón y de pertrechos a las fuerzas de Villa. Además, promoverá a Obregón y a Pablo González a generales de División y a sus comandos los denominará cuerpos del ejército. Villa se quedará como general Brigadier y sus fuerzas como división, a pesar de esta victoria espectacular. Ante el riesgo de que Villa marche a la capital y se apodere de ella, los generales carrancistas promoverán una conferencia en Torreón el próximo 3 de julio, para salvar las diferencias entre Carranza y Villa.

 

 

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.