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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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1820 El Virrey Apodaca jura la Constitución de Cádiz y las juntas de La Profesa se ven precisadas a modificar sus planes originales.

Mayo 31 de 1820

Ante la presión y el entusiasmo popular porque el pasado 10 de marzo, el rey Fernando VII había sido obligado a jurar la Constitución de Cádiz por la rebelión en Andalucía de un grupo de militares liberales encabezados por el comandante Rafael de Riego y Quiroga, jefe de un ejército expedicionario destinado a recuperar el control sobre América, el virrey Juan Ruiz de Apodaca se ve precisado a jurar y hacer jurar esa Constitución, a imprimirla y a hacerla circular por las principales ciudades de la Nueva España.

Años antes, en 1814, Fernando VII había regresado a España reconocido como rey por Napoleón, asumido el trono, desconocido la Constitución, anulado las Cortes y restaurado la monarquía absoluta. Por eso para los grupos privilegiados, especialmente para la Iglesia, la vuelta al régimen constitucional significa un gran peligro, ya que en España, con base en esta ley fundamental, las Cortes han comenzado a realizar una serie de decretos en contra de su poder temporal, como la supresión del fuero eclesiástico, la reducción de los diezmos, la abolición de las órdenes monásticas y de la Compañía de Jesús.

En consecuencia, desde abril pasado, se comenzaron a reunir para discutir la situación política en el templo de la Profesa un pequeño grupo de criollos y peninsulares encabezados por el canónigo Matías Monteagudo, fraile filipense y acendrado conservador, rector de la Real y Pontificia Universidad y director de la Casa de Ejercicios de La Profesa, que había sido consultor de la Inquisición cuando se sentenció a muerte a Morelos en 1815 Muchos de ellos habían tomado parte importante en el golpe contra el virrey Iturrigaray de 1808, como el propio Monteagudo. Se trata de una confabulación en contra de la España liberal.

Escriben Ernesto de la Torre y Ramiro Navarro (Historia de México): “Abogados, militares, clérigos, comerciantes y terratenientes conversaban, tratando cada uno de imponer sus ideas peculiares en torno de los acontecimientos de la metrópoli. A los eclesiásticos les asustaba la penetración de las nuevas ideas, principalmente aquellas que apoyaban la tolerancia religiosa y la desamortización de sus bienes, aun cuando algunos eclesiásticos habían apoyado esta última para cubrir los gastos que requería la guerra contra el invasor. Los comerciantes ligados con el monopolio español temían que este se rompiera y afectara sus intereses, y los que deseaban su desaparición veían que ese hecho les beneficiaría, pues podrían comerciar libremente. Los militares advertían que oficiales de igual categoría con el uso de las armas podían imponerse al soberano, obligarlo a acatar la voluntad popular y subordinarlo al interés de la nación. Sólo un vinculo común existía entre los ejercitantes de la Profesa, el religioso pues respecto a nacionalidad e intereses económicos tenían posiciones diferentes.”

Señala Jaime del Arenal (La consumación de la independencia y el nacimiento del imperio mexicano): los conjurados estaban “inconformes con la restauración constitucional y decididos, de ser posible, a impedir su aplicación en México. Entre los asistentes se encontraba el canónigo Matías de Monteagudo, el regente de la Real Audiencia, Miguel Bataller, y el ex inquisidor José Tirado, contando con el apoyo velado del propio virrey Apodaca. Representaban al grupo más conservador de la sociedad, adicto a la monarquía absoluta. Su plan consistía en declarar la falta de libertad de Fernando VII para jurar la Constitución, y en consecuencia, facultar al virrey para continuar en el gobierno de la Nueva España, en forma independiente del gobierno liberal instalado en España y bajo la vigencia de las Leyes de Indias. Es decir, ‘la actitud y los argumentos del Ayuntamiento de México en 1808... se reproducían con intención contraria’. Para ejecutar este plan convinieron en la necesidad de contar con el apoyo de un militar de confianza, al que creyeron encontrar paradójicamente no en un español, quizás por la influencia que la masonería tenia ya por entonces en las filas realistas, sino en un militar criollo: el coronel Agustín de Iturbide, quien, después de asistir a unos ejercicios espirituales en La Profesa y de conferenciar con Apodaca, aparentó ofrecer sus servicios para la realización del plan.”

Sin embargo, el plan original fracasa porque los liberales proclaman en Veracruz y Jalapa la Constitución, a los que se unen distintas corporaciones civiles y eclesiásticas, con lo cual el virrey se ve obligado a jurar también la Constitución, porque teme enfrentarse al movimiento liberal colonial, a la masonería y rebelarse contra la monarquía española.

Ante esta situación, los conspiradores de la Profesa optarán por variar sus planes y ofrecer el trono a un miembro de la familia real española, tal cual como será meses más tarde el contenido del Plan de Iguala. Al efecto, lograrán el 9 de noviembre de este año de 1820, que el virrey Apodaca nombre a Iturbide comandante de las fuerzas virreinales en el sur, región en donde penosamente, sobrevive la insurgencia independentista, porque los conjurados, a pesar de su mala fama y de estar sin mando de tropa por su comportamiento, ven en Iturbide el personaje capaz de unir a españoles e insurgentes, de mantener la religión católica y de realizar la independencia de México, y lo más importante, de dejar de acatar la Constitución de Cádiz, cuya nueva vigencia amenaza sus privilegios.

Por su parte, Vicente Guerrero, conocedor del levantamiento de Riego en España y de las nuevas oportunidades que se abren para su lucha, tratará de pactar la independencia con el jefe realista José Gabriel de Armijo, quien lo rechazará, y luego con el coronel Carlos Moya. Ambos se lo comunicarán al virrey Apodaca, el cual sustituirá a Armijo por Iturbide, quien así se encontrará en la mejor posición para negociar con Guerrero la consumación de la independencia nacional conservando todos sus privilegios para las clases dominantes. A pesar de sus convicciones, Guerrero aceptará el pacto, como el único camino posible de comenzar a fundar una nueva patria.

 

 

Doralicia Carmona. MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.