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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Carranza es asesinado en Tlaxcalantongo, Puebla

21 de Mayo de 1920

(Biografía)

Como a las tres y media de la madrugada, en el jacal donde descansa y bajo nutrido fuego de fusilería, es acribillado al mismo tiempo que se oyen gritos de: ¡Viva Peláez! ¡Viva Obregón! ¡Muera Carranza!, (Biografía) ¡Sal viejo barbas de chivo! "Sal, viejo arrastrado: aquí viene tu padre." "Sal, viejo: ora sí vamos a cogerte por las barbas" y otras insolencias. ¡Ríndete. Carranza: tienes garantías! ¡Ríndete. Murguía! ¿Dónde estás, Bonillas? ¿Dónde estás, Luís Cabrera? Murguía y su gente tratan de contestar los disparos, pero ya la confusión es generalizada y hasta la caballada huye despavorida.

Narra Martín Luís Guzmán (“Muertes Históricas. Tlaxcalantongo”): “Ni un ¡viva Carranza!, ningún grupo de defensores que opusiera verdadera resistencia.

Alargó don Venustiano el brazo para coger sus anteojos y ponérselos; mas al punto, sintiéndose herido, se empezó a quejar. Le preguntó Aguirre Berlanga, que también se había incorporado:

-¿Le pasa a usted algo, señor?

-No puedo levantarme; tengo rota una pierna.

Suárez y Amador ya estaban en pie. Armados de sus pistolas intentaron salir. Frente a la puerta no había nadie: el ataque parecía venir sólo de la parte de atrás. Por un momento los disparos fueron tan próximos, que dos de ellos parecieron producirse en la choza misma. Se volvió Suárez. A tientas llegó hasta don Venustiano y le pasó un brazo por la espalda, para levantarlo y ayudarlo a salir. Quiso hablarle, quiso animarlo, pero advirtió entonces que del cuerpo que tenía sujeto no salía ya más que un estertor...

Suárez seguía sosteniendo a don Venustiano; sentía correr la sangre y vibrar en el cuerpo el estertor. Pero pronto se resolvieron aquellas sensaciones, y la oscuridad de la choza, en la cercanía de un grupo de asaltantes que llegaban a la puerta intimando rendición y ordenando que salieran todos los que estaban dentro. Alguien les informó que el Presidente se hallaba herido, que podían entrar, que nadie haría resistencia. Los asaltantes les mandaron entonces encender la luz, y, encendida ésta, pasaron. Los capitaneaba un hombre de quien después se supo que era pariente de Rodolfo Herrero. Entraron apuntando las carabinas, profiriendo injurias contra Carranza, cogiéndolo todo.

-¡A ver! ¡Dejen ahí al viejo! ¡Todos aquí!

Don Venustiano agonizaba. Su estertor era un ronquido más y más grueso, que se iba yendo, que se iba apagando. Entró otro grupo, al mando de un capitán y a los gritos de ¡viva Peláez! El capitán dijo que inmediatamente mandaría por un doctor. Todos callaron y esperaron. El estertor se hizo opaco y tenue. Don Venustiano expiró”.

El general Francisco L. Urquizo (México-Tlaxcalaltongo) escribió: “Parecía que el señor Carranza dormía tranquilamente, ni una contracción de dolor, ni un gesto de espanto, ni la tristeza se reflejaba en su rostro, a pesar de haber caído traicionado y abandonado de todos los que fueron sus subordinados o amigos. Expresaba la tranquilidad de los justos, de los que han cumplido su misión en la tierra, de los mártires que mueren por su fe, con la satisfacción dibujada en los labios, perdonando a todos: a amigos que lo abandonaron, a enemigos que lo traicionaron y ya caído se cebaron en él”...

Habían llegado ayer como a las cinco de la tarde a esta ranchería de cuarenta o cincuenta chozas, todas con piso de tierra, ubicadas entre la montaña y el borde del precipicio. Carranza había dudado de dormir aquí, pues carecían de alimento para hombres y caballos. El coronel Rodolfo Herrero había alojado a Don Venustiano en una de ellas: “Por ahora, señor Presidente, éste será el Palacio Nacional”. Después se fue a Cerro Azul, pretextando que uno de sus hermanos ha sido herido accidentalmente. Cuando llegaron los generales Murguía y Mariel, al enterarse de la salida de Herrero, aconsejaron abandonar el lugar. Pero Carranza se negó y más tarde comentaría: “Herrero es hombre de confianza de Mariel. Además, nunca se impide que ocurra lo que ha de ocurrir. O nos va muy bien o nos va muy mal. Digamos como Miramón en Querétaro: Dios esté con nosotros en estas veinticuatro horas."

Después de recibir en la madrugada un mensaje de Mariel en el que comunica que el coronel Lindoro Hernández y el teniente coronel Valderrábano permanecen leales y pueden continuar mañana hacia el norte, Don Venustiano se duerme. Lo despertarán hoy las descargas que destrozan las tablas de la choza y hacen añicos la loza en que le sirvieron su escasa cena anoche.

Desde Necaxa, Juan Barragán, Francisco de P. Mariel, Federico Montes,  Marciano González, e Ignacio Bonillas, entre otros, envían un mensaje al general Álvaro Obregón: “Hoy a la madrugada, en el pueblo de Tlaxcalantongo, fue hecho prisionero y asesinado cobardemente, al grito de ¡viva Obregón! el C. Presidente de la República, don Venustiano Carranza, por el general Rodolfo Herrero y sus chusmas, violando la hospitalidad que le había brindado.”

A pie, por la sierra, el día 23 de mayo se iniciará el retorno a México, con el cadáver de Carranza en burda caja de madera. En Necaxa, se le rendirán honores y ya a bordo del tren, se montarán guardias. En San Cristóbal Ecatepec los generales y los civiles connotados serán bajados del convoy para continuar en automóviles la marcha a la capital. Los militares serán internados en la prisión de Santiago Tlatelolco como sospechosos en la muerte del Presidente. El general Rodolfo Herrero también será detenido.

El 24 de mayo Carranza será sepultado en el Panteón de Dolores de la ciudad de México, "en una tumba de tercera clase, donde se entierra a la gente pobre”, de acuerdo con los deseos expresados a sus hijas Virginia y Julia. Un gran número de personas concurrirá al entierro. En la tarde de ese mismo día, las cámaras federales elegirán por una abrumadora mayoría a Adolfo de la Huerta como presidente interino. Rodolfo Herrero será procesado en la Secretaría de Guerra, pero aun dado de baja, desempeñará varias comisiones hasta que el presidente Cárdenas lo expulse del Ejército Mexicano.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.