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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Llega a la Nueva España hierro para marcar esclavos

14 de Mayo de 1524

El hierro real enviado desde España, llega a la Nueva España para marcar ignominiosamente a los indígenas esclavos (en la nalga, pierna, brazo o rostro) y que se denomina “hierro de rescate”.

En los primeros años de la Conquista, se estableció la esclavitud como institución jurídica, política y social; poco tiempo después, es declarada ilegal y la sucede la encomienda.

Entre los indígenas, la esclavitud existía aunque no de modo generalizado, con un carácter social. La forma de esclavitud introducida por los españoles era de orden penal: aprehensión en “guerra justa”; el salteo -captura de indios mediante expediciones-, y el rescate o compra de esclavos a los naturales que los tenían, eran la manera que los españoles se hacían de ellos, preferentemente mujeres y niños.

Después de la matanza del Templo Mayor, ordenada por Pedro de Alvarado, los aztecas derrotaron a los españoles en la llamada Noche Triste; éstos, dictaron un auto que establecía que los tencas y sus aliados fueran esclavizados por haberse rebelado; la insumisión o la rebelión lesivas a la autoridad y soberanía real, requerían un castigo que sirviera para reparar la ofensa, para pagar los daños y los gastos hechos en la reducción de los insumisos que apresados, serán marcados en la cara con un hierro candente la letra “G”, que significaba guerra… indicaba la causa que originaba su esclavitud. Diego Durán (Historia de las Indias de Nueva España) refiere: “Y así era en todos los demás pueblos —según entiendo— porque, como los españoles andaban unos por acá y otros por acullá en la conquista, sujetando y pacificando la tierra, en sujetando un pueblo, luego le pedían al Marqués de merced y se lo daban en encomienda. De donde, iuste, vel iniuste, sacaban muchos indios e indias y niñas, y los herraban en las caras y los llevaban a vender por esclavos para minas y otros servicios personales, y aun cargaban navíos de ellos para fuera de la Nueva España.

De los cuales esclavos conocí yo en casa de deudos míos, herrados en la cara, con letras que decían el nombre de quien los había vendido, y no eran de diez leguas a la redonda de México, dado que los más esclavos que a la ciudad se traían eran de la provincia de Guatimala y de costas apartadas y remotas de México. Y aunque yo no alcancé el herrar esclavos con hierros calientes en el rostro, como hierran caballos encerrados en el corral, como ahora los encierran en los repartimientos, empero, vilos herrados con el hierro señalado en los rostros, y por intercesión de los religiosos los vide después libertar en tiempo del cristianísimo virrey don Antonio de Mendoza.”

Formalmente, la institución de la esclavitud indígena fue de corta duración en Nueva España. Generalizada, primero y después, debido a la drástica disminución de la población y a que a mediados del siglo XVI fue prohibida por las Leyes Nuevas, fue sustituida por la encomienda. En la práctica, esta clase de casi esclavitud indígena se mantiene durante todo el periodo virreinal.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.