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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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En Camarón, (Hacienda de la Trinidad), Veracruz tropas francesas son derrotadas por fuerzas nacionales.

Abril 30 de 1863

El hecho ocurre mientras las fuerzas nacionales tratan de impedir que lleguen refuerzos a los franceses que tienen situada la ciudad de Puebla.

Debido al estado de cosas en que había quedado el país después de la crudelísima Guerra de Reforma, el 17 de julio de 1861 el presidente Benito Juárez decretó la suspensión por dos años del pago de la deuda externa de su país. En respuesta, la Gran Bretaña Francia y España firmaron la Convención de Londres y enviaron una expedición conjunta. Al estar en Veracruz, fueron negociados y firmados los Tratados de La Soledad; luego, Gran Bretaña y España disolvieron la triple alianza; en cambio, Francia, decidida a crear un imperio, comenzó el avance invasor al país con tropas al mando del general Carlos Fernando de Lorencez.

El presidente Juárez organizó la defensa del país; ante la resistencia ofrecida, Lorencez solicitó refuerzos que llegaron en 1863 al mando del general, Elie Federico Forey, entre los que venían tres batallones de la Legión Extranjera al mando del coronel P. Jeanningros

Los franceses tenían sitiada la ciudad de Puebla y las tropas mexicanas se movilizaban para cortar el avance de los invasores, quienes a mediados del mes de abril, se disponían a enviar un convoy de Veracruz a ésa ciudad; para interceptarlo, el gobernador y jefe militar del estado de Veracruz, coronel Francisco de Paula Milán, organizó una fuerza integrada por tres batallones de infantería: los de la Guardia Nacional de Veracruz, Córdoba y el de Xalapa. Por su parte –el 29 de abril-, para proteger al convoy, Jeanningros, envió en misión de avanzada a la tercera compañía del primer regimiento de la Legión, al mando del capitán Jean Danjou, ayudante del Estado Mayor de la compañía.

Al amanecer de este día, los franceses tomaron el poblado denominado Camarón y como a las 8 de la mañana, avistaron a las fuerzas liberales y se atrincheraron en el casco de la Hacienda de la Trinidad y comenzó el enfrentamiento, en una posición desventajosa para los nacionales, aunque los invasores fueran menos numerosos. Fueron intimados a rendirse y se negaron.

El feroz combate duró once horas y caída la tarde, después de varios asaltos, sólo quedaban tres franceses dispuestos a continuar la lucha cuerpo a cuerpo; finalmente, se rindieron ante el coronel Ángel Lucio Cambas. Las bajas fueron 300 mexicanos y 47 franceses; los sobrevivientes serían canjeados por oficiales mexicanos capturados.

Cambas les dio un trato tan digno que su acción quedó como ejemplo del sentido del honor militar (aunque consta en una carta de un prisionero francés, fechada dos días antes de este hecho, que: “Cada uno debe considerarse feliz en medio de las desgracias de la guerra, cuando se tiene por enemigos a hombres dotados de humanidad”). Uno de los prisioneros de esta acción, el cabo E. Berg, describiría después a su coronel, la manera con que habían sido tratados por los mexicanos, muy distinta por cierto de cómo se conducían los franceses respecto de los que caían en sus manos: "Nos hallamos actualmente en el campamento del Sr. Milán; estamos rodeados de consideraciones y de todos los cuidados que pueden dársenos: los oficiales son gentes todas de corazón y de honor; ellos se inclinan ante el infortunio, y al ver la dignidad de su comportamiento, se conoce que son verdaderos soldados, que saben batirse y honran al valor desgraciado”.

Este hecho, fue considerado por los franceses de mucha relevancia; los sobrevivientes serían promovidos; unos serían nombrados Caballeros de la Legión de Honor de Francia; otros, recibirían la Medalla Militar. La mano de madera del capitán Danjou, reliquia de esta batalla, sería exhibida en el Cuartel general de la Legión Extranjera en Sidi-bel-abbés, Argel; y posteriormente trasladada al cuartel de Aubagne, cerca de Marsella, Francia y en 1904 se instituyó una ceremonia ritual en que les hacen homenaje. “Camerone” fue inscrita en letras de oro en las paredes de Les Invalides en París.

Para los nacionales también tuvo mucha relevancia el hecho, ya que una de sus consecuencias, fue la caída de Puebla 17 de mayo siguiente, después de sesenta y dos días de sitio, pues el convoy que llevaba pertrechos para los franceses, pudo pasar y en breve los invasores ocuparían la capital de la República y el presidente Juárez trasladaría su gobierno a San Luis de Potosí.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.