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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Las fuerzas del Ejército del Sur de Emiliano Zapata, ocupan la ciudad de México en nombre de la Convención de Aguascalientes.

Marzo 11 de 1915

La entrada de las fuerzas zapatistas era esperada en la ciudad de México con una mezcla de temor y curiosidad lo cual era explicable pues la prensa oficial había provocado terror entre la población por medio de noticias y caricaturas que hacían que se les viera como enemigos de la civilización “las hordas asesinas del Atila del Sur”. Zapata, consciente de este problema, puso especial cuidado de la disciplina de las tropas y anunciaron el respeto a las vidas y propiedades de nacionales y extranjeros.

Alfonso Taracena (La Verdadera Historia de la Revolución Mexicana) describe el hecho: “Desde esta mañana, pocas horas después de que salió el último tren con tropas carrancistas, han estado llegando a la ciudad de México las fuerzas zapatistas al mandó de los generales Amador Salazar, Genovevo de la O y Antonio Barona; el general Lázaro García Montoya se hizo cargo inmediatamente de la Comandancia Militar de la Plaza en forma provisional y dictó medidas severas para mantener el orden, entre otras al cierre de las cantinas. La ciudad vitorea jubilosamente a los humildes y respetuosos soldados zapatistas y hace que el general Amador Salazar salga al balcón central del Palacio Nacional rodeado de su Estado Mayor y hable al pueblo. Por Tacuba los habitantes presenciaron la entrada de las avanzadas zapatistas al mando del general Rafael Castillo. Un grupo de energúmenos, huertistas en el fondo, aprovecharon la presencia en la metrópoli de los surianos para dedicarse a arrancar los rótulos con los nombres de Madero y Pino Suárez en las antiguas calles de San Francisco e Isabel la Católica. La esquina que ambas forman la denominan esquina del Tonto y el Loco. A la Plaza Aquiles Serdán le colocan otro letrero con el nombre antiguo de Plaza de Villamil. No faltó quien increpe a una mujer que cambiaba el nombre de Madero por el de Hidalgo, pero diciéndose él enemigo acérrimo del carrancismo, por lo que nadie le hace caso. De Cuernavaca han vuelto varias personas conocidas, entre ellas el coronel Vito Alessio Robles, que fue jefe de los policías de Villa y luego gobernador del Distrito. El servicio de tranvías comienza a reanudarse, sobre todo, en los suburbios”.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.