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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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En Veracruz se firma un tratado entre México y Francia con el que termina la llamada “Guerra de los Pasteles

Marzo 9 de 1839

Con este hecho, Antonio López de Santa Anna, presidente interino, aseguró su propia continuidad en el drama de la historia mexicana.

Este fue el primer conflicto bélico entre México y Francia; fue originado cuando México se negó a ratificar un convenio provisional firmado en 1827 y por los abusivos reclamos de ciudadanos franceses que decían haber sido afectados por la inestabilidad política; entre ellos estaban los de un pastelero francés, cuyo negocio estaba en Tacubaya, y decía haber perdido sesenta mil pesos en pasteles, por esta razón al conflicto el pueblo le llamó –y así se le conoce- Guerra de los Pasteles. El Gobierno Mexicano no aceptó tales reclamos; el estado de cosas fue complicado cuando en Tampico (1837), fue fusilado un pirata francés y cuando en febrero de 1838, y en abril una escuadra de buques franceses declaró el bloqueo al puerto de Veracruz e incautó barcos mercantes mexicanos.

El 6 de marzo pasado, los representantes mexicanos, el contralmirante Baudin; Pakernham, ministro de Inglaterra que fungía como mediador y el comodoro Douglas, se reunieron en la fragata inglesa “La Madagascar” y dos días después, acordaron el tratado firmado este día. El convenio constó de tres artículos que estipulaban el pago a Francia de 600 mil pesos; somete al arbitraje de Inglaterra la devolución de los buques mercantes con sus cargamentos y estipulaba el pago. Como con anterioridad el Congreso no aceptaba las condiciones impuestas del tratado, Santa Anna lo presentó sagazmente y con mucho “tacto”: “pero tendré el honor de manifestar antes que todo a la Cámara que si se usó en esta ocasión el verbo pagar, no fue, por cierto, en la acepción que éste tiene cuando se le emplea para la satisfacción de alguna deuda, y que implicaría hasta cierto punto, el reconocimiento de la obligación. Nada menos que eso: se usó únicamente como equivalente de entregar, y ya desde Jalapa se había manifestado al señor plenipotenciario francés que si se consentía en esta demanda era sólo para obviar a mayores inconvenientes y no porque se acatase el principio ni se reconociese la justicia de su aplicación. [...]” el tratado así hábilmente planteado, fue aceptado por la Cámara y ya aprobado, firmado el 21 de marzo de 1839 por Santa Anna y el 6 de julio por Francia.

En abril siguiente, San Juan de Ulúa fue devuelto y al retirarse la flota francesa, se llevó algunos cañones como trofeos.

 

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.