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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Gonzalo Escobar se levanta en contra del gobierno de Emilio Portes Gil, exige respeto a las organizaciones campesinas y obreras del país.

Marzo 3 de 1929

En diversas partes de la República estallan rebeliones en contra del gobierno de Emilio Portes Gil, acaudilladas por Gonzalo Escobar, Francisco R. Manzo y Jesús Aguirre.

Escobar encabezó un movimiento al que llamó “Renovador”, para darlo a conocer emitió un manifiesto y un plan en Hermosillo, Sonora. Escobar tomó las plazas de Monterrey, Veracruz, Torreón y otras en los estados de Chihuahua, Sinaloa y Sonora. A su movimiento se le conoce como “Rebelión Escobarista” que fracasó derrotado por Calles.

Por una parte, en la Proclama a "Todos los campesinos del País", Escobar, señala su propósito de exigir respeto a las organizaciones campesinas y obreras del país; que defenderá las dotaciones y restituciones de ejidos; fomentará la colonización en las regiones en que la colonia agrícola sea preferible al ejido y fomentará igualmente la cooperación y el crédito agrícola.

Por otra parte, en Hermosillo Sonora, Francisco R Manzo, proclama este mismo día, un plan en el que, denuncia que: “Pasiones bastardas, ambiciones desenfrenadas, imposturas delictuosas y cínicas, concupiscencias criminales y actuaciones sistemáticas de farsa y de comedia, han hecho del Gobierno y de las Instituciones una escuela de mercantilismo y de corrupción y de bajezas, […] El majestuoso recinto de los Poderes Públicos se ha convertido en mercado vulgar en donde se cotiza todo, desde la moral y la ley escrita, hasta el honor y la dignidad del ciudadano y el sentir, el pesar y el querer del pueblo. Manzo señala como fuente de la corrupción a Plutarco Elías Calles. Dice que desconoce a Emilio Portes Gil la investidura de Presidente Provisional: cesan en el desempeño los funcionarios de los poderes legislativo y judicial así como los del ejecutivo en los Estados que, en forma directa o indirecta, combatan u hostilicen el movimiento del Ejército Renovador de la Revolución, cuyo jefe hará las designaciones de gobernadores provisionales y jefes de operaciones en tanto no se establezca en el país el régimen constitucional.

En este plan, se reconoce como jefe Supremo de este movimiento y del Ejército Renovador de la Revolución al general de División José Gonzalo Escobar, con facultades para dirigir la campaña militar en el país y para dictar todas aquellas medidas que en el orden militar reclame el triunfo del movimiento y los intereses de la Nación.

Dice, además, que “se ha agotado toda la esperanza de mejoría nacional, mientras que Elías Calles siga dirigiendo sin ningún derecho la nave gubernativa con esos fines aviesos […]; también acusa a Calles de haber traicionado a Álvaro Obregón, a Flores, Gil, Villa, Serrano y al general Samaniego. “Abajo la imposición. Queremos constituir un pueblo libre para pensar, para creer y para obrar de acuerdo con nuestras leyes a costa de tantos sacrificios conquistados”.

El Plan de Hermosillo, expedido el 3 de marzo de 1929, atrajo a 17 mil soldados, que durante la rebelión, saquearon fondos bancarios, destruyeron vías férreas y propiedades gubernamentales. Los daños causados fueron por más de 25 millones de pesos y hubo casi 2 mil muertos.

"Escobar pactó con los representantes de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa la unión de ambas fuerzas, pacto que fue aprobado también por el general en jefe de la Guardia Nacional, Enrique Gorostieta. Escobar prometió dos cosas: otorgar todas las libertades por las que los cristeros habían estado luchando, de manera especial la de la conciencia y la de enseñanza, así como el reconocimiento de la Guardia Nacional (grupo cristero en armas), con todos los grados otorgados o por otorgar por el jefe de la misma. Para garantizar esta alianza los generales insurrectos prometieron en el Plan de Hermosillo, bandera de esta rebelión, derogar las leyes que Calles había implantado y que forzaban al clero a observar las disposiciones de la Constitución de 1917 y proclamar la libertad de conciencia y de cultos, calificando a Calles como el 'judío de la revolución". (Olivera Sedano Alicia. La Guerra Cristera). La derrota de Escobar será otro factor de desesperanza y deserción de las gavillas cristeras que vislumbraron su similar final.

Al gobierno se le facilitó combatirlos porque siendo agrarista, se apoyó en los agraristas que constituyeron las reservas del ejército ya reorganizado por Joaquín Amaro. Manuel González Ramírez refiere: “En efecto, Portes Gil nos ha dado a conocer la conversación que sostuvo con su ministro de la Guerra Plutarco Elías Calles, en momentos de desaliento, cuando se sucedían las noticias de los generales que íbanse rebelando y cuando había el temor de que se quedaran solos. Dice el Presidente que entonces contestó que aun así, ganarían la pelea, pues más de 400 mil agraristas le pedían armas para combatir a los rebeldes, a favor de las instituciones. Desde luego en varias ciudades de Tamaulipas los agraristas las guarnicionaban, mientras los soldados luchaban contra los alzados; en el estado de Hidalgo el gobernador, Matías Rodríguez” contaba con 10 mil agraristas armados y en San Luis Potosí, Cedillo con 15 mil.

La campaña de pacificación costó cerca de 14 millones de pesos.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.