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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Tropas francesas entran a Barcelona, España.

28 de febrero de 1808

Tras breves tres meses de la toma por los franceses de Lisboa, capital de Portugal,   las tropas de Napoleón proceden a la ocupación “amistosa” de España, mientras el ejército español se encuentra posesionado del territorio portugués del norte conforme al Tratado de Fontainebleau. Es así como hoy, sin ninguna base más que la fuerza,  entra a Barcelona el ejército napoleónico.

Dentro de la serie de conflictos militares que se conocieron como guerras napoleónicas, que fueron instigadas y financiadas por Inglaterra durante el I Imperio Francés, tras fracasar en su intento de invasión de Gran Bretaña y vencer a Prusia, Napoleón promulgó desde Berlín, una serie de decretos para establecer un bloqueo continental que eliminara la amenaza británica mediante el aislamiento de los ingleses de Europa.

Portugal fue una de las pocas naciones que por la fuerza o por alianza no acató el bloqueo de las mercancías inglesas impuestas por Napoleón. Por lo tanto buscó la alianza con España para obligar a los portugueses a obedecer el bloqueo. Al efecto, el 27 de octubre de 1807, los respectivos representantes plenipotenciarios de Manuel Godoy, valido del rey español Carlos IV, y Gérard Duroc, en representación de Napoleón Bonaparte, firmaron el Tratado de Fontainebleau en la ciudad francesa del mismo nombre.

Por medio de este tratado se pactaba la invasión militar conjunta franco-española de Portugal, que para entonces ya se había unido a Inglaterra. Con este propósito se permitiría el paso de las tropas francesas por territorio español. Una vez ocupado Portugal, su territorio se dividiría en tres zonas: el norte (Oporto y Entre-Minho-e-Douro) se entregaría con el nombre de Reino de Lusitania Septentrional, al antiguo rey de Etruria, Carlos Luís I de Borbón, sobrino de Fernando VII, en compensación por sus territorios italianos ocupados por Napoleón; la zona centro (Beiras, Trás-os-Montes y Estremadura portuguesa) quedaría reservada para un probable cambio por Gibraltar y la isla de Trinidad, en posesión de Gran Bretaña; y la zona sur (Alentejo y Algarve) se entregaría a Godoy y su familia como Principado de los Algarves. La división entre Francia y España  de las colonias portuguesas se dejaría a un futuro acuerdo.

En cumplimiento del tratado, el ejército español inició la invasión de Portugal: las tropas españolas del norte tomaron Oporto y las del sur Setúbal. Por su lado, los soldados franceses al mando del general Andoche Junot, atravesó España y cruzó la frontera portuguesa por Alcántara. El 30 de noviembre de 1807, los franceses tomaron Lisboa e hicieron huir hacia Brasil a la familia real portuguesa.

Sin embargo, las tropas francesas no se limitaron a transitar por territorio español hacia Portugal, sino fueron ocupando “amistosamente” diversas poblaciones, de modo que en pocos meses el total de soldados franceses acantonados en España ascendió a unos 65,000 efectivos. De esta manera son tomadas “pacíficamente” las ciudades españolas de Burgos, Salamanca, Pamplona, San Sebastián y hoy, Barcelona.

Obviamente la población española y el propio Godoy, responsable del tratado que parecía justificar la ocupación francesa, vieron con desconfianza la llegada de las tropas napoleónicas, y las protestas e incidentes de resistencia comenzaron a generar la violencia entre militares franceses y civiles españoles.

En las próximas semanas, la familia real española se trasladará a Aranjuez, para dado el caso, huir hacia Sevilla y embarcarse en Cádiz con destino a América, como ya lo había hecho la realeza portuguesa. Sin embargo, Fernando VII acusará a su padre Carlos IV de traición y frustrará la huida. Ante el desgobierno y la corrupción prevaleciente, el pueblo se amotinará del 17 al 19 de marzo siguiente contra el rey y su ministro Godoy exigiendo la abdicación de Carlos IV a favor de su hijo Fernando VII, quien aceptará la corona, pero Napoleón lo obligará a devolvérsela a su padre. Finalmente, Napoleón hará abdicar a Carlos IV a favor de su propio hermano José Bonaparte, quien asumirá el trono de España como José I.

La invasión de España por Francia, desencadenará hechos que conducirán a la pérdida de la mayor parte de las colonias españolas en América y a la formación de nuevos estados americanos independientes, entre ellos México.

Al saberse en la capital de Nueva España de la caída de Fernando VII, en los muros de la ciudad de México, aparecerán cartones con del siguiente verso, seguramente dirigido a los criollos, en su mayoría resentidos y sometidos a los peninsulares, a los que la ruptura del régimen colonial abriría expectativas de un mejor destino:

Abre los ojos pueblo mexicano
y aprovecha ocasión tan oportuna.
Amados compatriotas,
en la mano las libertades ha dispuesto la fortuna
si ahora no sacudís el yugo hispano
miserable seréis sin duda alguna.

Doralicia Carmona. MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.