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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Un grupo armado se apodera de la parroquia de La Soledad para fundar la Iglesia Católica Apostólica Mexicana.

21 de febrero de 1925

A las ocho de la noche de este sábado, los atacantes desalojan sorpresivamente al sacerdote Alejandro Silva, al sacristán y a los fieles que oraban en el templo. A continuación llegan el padre oaxaqueño Joaquín Pérez y Budar, autonombrado patriarca de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, el sacerdote español Manuel Luís Monge, Antonio Benigno López Sierra, Ricardo Treviño, dirigente de la Federación de Sindicatos Obreros del Distrito Federal, filial de la CROM, y un grupo de seguidores a tomar posesión del recinto. Proclaman que en la nueva iglesia no habrá celibato, sino los curas podrán casarse y procrear sin crispaciones ni perversiones sexuales, que se suprimirá la confesión, que usarán el español en la liturgia y los sacerdotes cismáticos tendrán un empleo remunerado para no depender económicamente de los feligreses, pues no se cobrarán los servicios religiosos.

Enseguida, Manuel Luís Monge envía un telegrama al presidente Calles informándole que un numeroso grupo de la Asociación Caballeros de la Orden de Guadalupe, organizada como contrapartida de los Caballeros de Colón, han tomado posesión del templo de La Soledad y que como su movimiento se ajusta a los lineamientos de la Constitución General de la República, solicitan se le otorguen las garantías a que tienen derecho todos los ciudadanos mexicanos.

De inmediato estos actos son interpretados como provenientes del líder obrero Luís N. Morones, que así responde a las acciones de organización de los trabajadores que ha venido realizando la iglesia católica para constituir sindicatos al margen de la Confederación Regional Obrero Mexicana CROM, que dirige Morones, y que cuenta, desde luego, con la anuencia del presidente Calles.

Décadas antes, en los sínodos celebrados en Tamaulipas en los años 1882, 1883 y 1885, el obispo de Tamaulipas, Eduardo Sánchez Camacho propuso que la Iglesia mexicana se pusiera a tono con las Leyes de Reforma y sin cuestionar el ritual ni los dogmas, rompiera con el Papa y se subordinara a la política gubernamental. Su propuesta recibió un rotundo rechazo de las autoridades eclesiásticas. En 1895 Sánchez Camacho se opuso a la coronación de la virgen de Guadalupe y cuestionó la veracidad de sus apariciones. Por esto y lo anterior fue obligado a renunciar el 3 de octubre de 1896 y permaneció recluido en su casa de Ciudad Victoria, sin arrepentirse o retractarse, hasta su muerte en 1920, no sin antes convencer a José Joaquín Pérez y Budar de la necesidad de fundar la Iglesia Católica Apostólica Mexicana.

Ya en Puebla, Pérez y Budar solicitó a monseñor Averardi, delegado del Papa en México, la reducción de las tarifas fijadas para la impartición de los servicios religiosos, petición avalada con la firma de decenas de católicos pobres. En represalia por su iniciativa, estuvo preso durante dos años en Atlixco, víctima de cargos inventados por el clero poblano.

Al ser puesto en libertad, fungiendo como cura en la catedral de la ciudad de México, Pérez y Budar convenció a ocho sacerdotes, amigos suyos, de la necesidad de fundar una Iglesia Católica Apostólica Mexicana, independiente del papado, para detener la sangría de millones de pesos que anualmente remitían los católicos mexicanos al Vaticano; para que los sacerdotes mexicanos tengan el derecho de gobernar su propia Iglesia y no sean desplazados por sacerdotes extranjeros de los mejores templos; para establecer el respeto irrestricto a las leyes mexicanas y a la Constitución de 1917; para que la administración de los sacramentos fuera gratuita; para que los sacerdotes trabajaran como cualquier otro ciudadano; para implantar el uso del español en las ceremonias religiosas y para desaparecer el celibato entre los miembros del clero. La idea era crear, aprovechando la política religiosa del gobierno del general Calles, la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, como la Iglesia del pueblo, la Iglesia de todos los humildes. La fecha fijada para hacerlo fue este 21 de febrero y el lugar, este templo.

La primera acción de este grupo cismático fue distribuir un manifiesto los días 18 y 19 pasados en el que se anunciaba la fundación de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, distinta de la Iglesia Católica Apostólica Romana, así como se daban a conocer sus principios esenciales. Al enterarse del panfleto, el arzobispo José Mora y del Río, así como monseñor Tito Crespi, encargado de la Delegación Apostólica, restaron importancia al movimiento.

José Joaquín Pérez y Budar nació el 16 de agosto de 1851, en Justlahuaca, Oaxaca. Se dedicó al comercio hasta los 18 años. En 1876, se levantó en armas en apoyo del Plan de Tuxtepec de Porfirio Díaz y alcanzó el grado de capitán. Volvió al comercio y contrajo matrimonio con María Guadalupe Viveros, quien falleció trece meses después. A partir de entonces, siguió la carrera eclesiástica: cantó su primera misa en la ciudad de Jalapa en 1881, fue cura de varios templos de Oaxaca y en otras poblaciones hasta llegar a la catedral de la ciudad de México.

Al día siguiente de la toma del templo, domingo 22 de febrero, la nueva Iglesia Católica Apostólica Mexicana intentará oficiar su primera misa. Los caballeros de la Orden de Guadalupe repartirán volantes, textos manuscritos y en máquina de escribir entre las personas que transitan por las calles del barrio de La Soledad. Otros panfletos serán fijados en las puertas del propio templo. Estando el interior del templo lleno a reventar, al aparecer Manuel Luís Monge vistiendo los ornamentos sacerdotales, una mujer le cruzará el rostro con una bofetada, y enfurecida, le lanzará fuertes mordiscos; otros fieles le romperán un cirio de cera en la cabeza y rasgarán sus vestiduras. Los caballeros de la Orden de Guadalupe lo rescatarán para llevarlo al curato. Ante una enloquecida multitud, la policía ayudará a los sacerdotes cismáticos a salir del templo vestidos de civil para evitar su linchamiento por la chusma fanática.

El siguiente lunes 23 de febrero, en apoyo del padre Pérez, una guardia de Caballeros de la Orden de Guadalupe vigilará el templo. Pero como a las once de la mañana del mismo día, se presentará una turba enardecida que tratará de linchar al sacerdote Manuel Monge y recuperar el inmueble. La trifulca estalla. Entretanto otro contingente de los Caballeros guadalupanos intentará tomar un segundo templo: la iglesia de Santo Tomás de la Palma, pero será rechazado.

El presidente Calles contestará a Monge que ha girado órdenes al inspector general de policía, general Pedro J. Almada, para que les brinde las garantías necesarias.

En el templo de La Soledad, la policía montada enfrentará a la multitud estimada en más de mil personas y los bomberos dispersarán a la muchedumbre enardecida con mangueras de alta presión, pero desgraciadamente el resultado será de un muerto y varios heridos.

Al otro día del enfrentamiento, Gilberto Valenzuela, secretario de Gobernación, condenará los hechos y anunciará que el gobierno no permitirá que los ministros religiosos usen la fuerza para apoderarse de los edificios propiedad de la nación.

Días más tarde, cinco mujeres, dos de ellas, apellidadas Laris y Mendizábal, agredirán al propio José Joaquín Pérez, en tanto aparecen otras más dispuestas a golpearlo. Tendrá que ser rescatado de nuevo por los caballeros guadalupanos.

Repentinamente, el padre Monge desaparecerá y su supuesta esposa demandará a las autoridades su búsqueda. Estos hechos serán aprovechado para desacreditar a la naciente Iglesia. El 28 de febrero siguiente, Monge enviará al diario El Universal una carta en la que anuncia su regreso a la Iglesia Católica Apostólica Romana. Ya no se sabrá más de él. (Años más tarde se descubrirá que viajó a España con ayuda del arzobispo Mora y del Río).

Durante los siguientes días de febrero y la primera quincena de marzo, otros sacerdotes se sumarán a la nueva Iglesia en diversas poblaciones de Jalisco, Puebla, Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Coahuila, San Luís Potosí, Estado de México, Querétaro e Hidalgo. Asimismo, varios diputados y senadores cromistas se pronunciarán a favor del movimiento de Pérez y Budar por considerarlo no sólo patriótico sino legal, ya que es necesario completar la labor ya realizada de expulsar al gobierno político de España, expulsando también el gobierno religioso de Roma, que vino a nuestro país con la Conquista: "la independencia mexicana estaba realizada a medias, el 21 de febrero de 1925, José Joaquín Pérez y un grupo de sacerdotes patriotas vinieron a completarla".

El 14 de marzo siguiente, dado que el conflicto no cesa, el presidente Calles ordenará que el templo de La Soledad se convierta en una biblioteca pública  y que el patriarca de la iglesia cismática ocupe la iglesia de Corpus Christi, en ese momento fuera de los servicios religiosos.

Por su lado, Mora y del Río excomulgará por cismáticos y blasfemos a todos aquellos que hayan participado en el ataque a la iglesia de La Soledad y advertirá a los feligreses que los matrimonios y demás sacramentos impartidos por Joaquín Pérez y sus seguidores carecen de validez. Además, el clero auspiciará la creación de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa el 14 de marzo de 1925, como una organización cívica y legal de los verdaderos católicos mexicanos, independiente de la iglesia, que tendrá como objeto defender la Religión y la Patria contra la persecución religiosa gubernamental y desde luego, contra la Constitución de 1917 que la permite.

El 28 de marzo siguiente, tendrá lugar en el templo de San Marcos, Aguascalientes, un sangriento enfrentamiento entre papistas que gritan ¡Viva Cristo Rey! y cismáticos que corean vivas a Calles y al Partido Laborista. El resultado es de varios muertos y numerosos heridos y aprehendidos.

Desde su nuevo templo de Corpus Christi, Pérez y Budar lanzará un nuevo manifiesto reiterando sus propósitos y rechazando la excomunión, pues argumenta que nunca ha afectado los principios de la fe cristiana. Contra viento y marea, en los meses siguientes, la nueva Iglesia Católica Mexicana ganará terreno en cerca de 70 templos en quince entidades federativas. El 12 de diciembre, además de la celebración de las festividades en la villa de Guadalupe por parte del clero romano, el patriarca las celebrará en su propio templo.

Pero la nueva Iglesia sólo será capaz de atraer a parte del bajo clero y de la feligresía. Su mayor éxito se ubicará en Tabasco con el apoyo del gobernador Tomás Garrido Canabal. Al dejar Calles la presidencia, la nueva Iglesia perderá fuerza. Ante el escaso éxito de su movimiento, la Iglesia Mexicana se incorporará a The North American Old Roman Catholic Church de los Estados Unidos y Pérez Budar se hará llamar patriarca primado de la Iglesia Ortodoxa Católica Apostólica Mexicana. Así fundará templos en varias ciudades norteamericanas. En México, la nueva Iglesia seguiré decreciendo y finalmente diluyendo con la terminación de la guerra cristera. Por su parte, el Papa Pío IX ignorará el intento de cisma y desde luego a Pérez y Budar, quien morirá el 9 de octubre de 1931 y será sepultado en el Panteón de Dolores.

Los hechos aquí relatados tienen lugar dentro de la serie de enfrentamientos entre el gobierno y el clero que conducirán a la llamada “Cristiada”.

Doralicia Carmona. MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.