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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Los Batallones polkos se sublevan contra el gobierno al grito de ¡Muera Gómez Farías! y ¡Mueran los Puros!

Febrero 17 de 1847

Habían ido a Veracruz comandados por Salas y Matías de la Peña Barragán a detener el desembarco inminente de los invasores norteamericanos. La gente llamaba "polkos” a los cuerpos de la Guardia Nacional, por ser la polka el baile de moda entre la aristocracia de la capital y varios de estos cuerpos estaban formados por gente de la clase acomodada.

Cuando Gómez Farías asumió interinamente la presidencia, aplicó medidas reformistas, entre ellas, la de restablecer la Constitución de 1824; la ocupación de los bienes del clero; la clausura de los noviciados, la supresión de la confesión, la libertad de cultos y el matrimonio civil; y la confiscación de los bienes del clero para allegarse de fondos para hacer la guerra contra Estados Unidos.

Los liberales moderados tenían influencia sobre los “polkos” y los mayordomos de los conventos eran parte de ellos. Así, los primeros dieron la dirección política y los segundos los recursos económicos para la rebelión. Dado que esta revuelta debilitaba al ejército mexicano, a partir de entonces también se les llamó “polkos” en referencia al presidente norteamericano Polk, que despojaría a México de más de la mitad de su territorio.

Santa Anna regresa de San Luis Potosí y para resolver el conflicto apoya a los conservadores, destituye a Gómez Farías, desconoce las leyes dictadas, despide a los liberales e incluye a los “polkos” en su nómina. En pago a su adhesión a la causa conservadora, el clero le otorga un préstamo.

Al respecto, escribe Juárez (Apuntes para mis hijos): “Este motín que se llamó de los "polkos" fue visto con indignación por la mayoría de la república, y considerando los sediciosos que no era posible el buen éxito de su plan por medio de las armas recurrieron a la seducción y lograron atraerse al general Santa Anna, que se hallaba a la cabeza del ejército que fue a batir al enemigo [...] Santa Anna, inconsecuente como siempre, abandonó a los suyos y vino a México violentamente a dar el triunfo a los rebeldes”.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.