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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Es fusilado León Toral, asesino del general Álvaro Obregón.

Febrero 9 de 1929

En el polígono de la Penitenciaría de Lecumberri, en la ciudad de México, es fusilado José de León Toral, fanático católico, quien el 17 de julio de 1928 asesinó al general Álvaro Obregón, presidente electo de la República para el periodo 1928-1932.

El periódico “El Universal” publicó la crónica de su asesinato, declaraciones de los responsables y dibujos realizados por el asesino, según esta crónica, poco antes de las 13:00 horas, Obregón llegó a bordo de su automóvil Cadillac al restaurante campestre “La Bombilla” sito en las cercanías de San Ángel, acompañado de Aarón Sáenz, Arturo H. Orci, Federico Medrano, del diputado Ricardo Topete y del Coronel Tomás A. Robinson. La diputación guanajuatense ofrecía la comida en su honor para celebrar su elección. Vestido con un traje gris, mostraba el buen humor que le era característico mientras saludaba a la concurrencia; para cada uno tuvo una frase amable. Accedió a posar en un grupo con los comensales, por más que advirtió que después de la comida ese grupo fotográfico resultaría mejor, pues todos los personajes tendrían semblantes risueños y satisfechos. Poco después, León Toral se acercó al lugar donde comía Obregón y por la espalda le disparó seis balazos.

El asesino de pie cerca de la mesa de la derecha, abstraído y ajeno a cuanto pasaba en su entorno suyo, dibujaba caricaturas de ellos. González caminó lentamente hacia la mesa de honor. Y al llegar al extremo izquierdo, cerca de la cual se hallaba el diputado Ricardo Topete, que conversaba con don Enrique Fernández Martínez, se le acercó, diciéndole que había tomado dos caricaturas del General Obregón y una del licenciado Sáenz. —A ver que le parecen a usted, señor Topete —le dijo— después hace su caricatura. —Está bien— respondió con indiferencia el diputado Topete. —Voy a enseñárselas al General Obregón —dijo González— A ver que dice. Y el asesino dio un paso detrás de la gran pieza floral, debajo de la cual pasó, hasta llegar detrás del General Obregón que accedió complaciente a verlas, y se volvió hacia su derecha, entregándose confiado a la contemplación de los dibujos. Los relojes marcaban las 14:20 horas. Este fue el momento que traidoramente aprovechó el asesino, contando con que todos charlaban distraídos y que nadie vigilaba sus actos. Dio un paso a su izquierda, quedando detrás el licenciado Aarón Sáenz y violentamente sacó una pistola automática “Star”, calibre 35. Y estando de pie, disparó casi a quemarropa sobre el General Obregón que seguía sentado y le presentaba la espalda confiadamente. Fueron cinco, seis disparos consecutivos —el número de ellos no pudo precisarse—, que sembraron estupor entre cuantos nos hallábamos en aquel lugar. El General Obregón no tuvo tiempo de hacer ningún movimiento para su defensa. La agresión fue inesperada. El asesino le hizo fuego por la espalda y de arriba abajo. Todos los balazos hicieron blanco. El General Obregón cayó sobre la mesa, primero; después se desplomó hacia su costado izquierdo y cayó al suelo. Se cree que murió instantáneamente. Que cuando se desplomó ya estaba sin vida.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.