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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Abelardo L. Rodríguez expide el decreto que define las características del Escudo Nacional.

Febrero 5 de 1934

El diseño original es entregado al Archivo General de la Nación y una copia al entonces Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía.

Posteriormente, el 17 de agosto de 1968 será publicado un decreto que ratifica el diseño anterior y establece las normas para su uso, entre las cuales destacan que el Escudo Nacional no puede figurar en ninguna clase de vehículos, excepto en los que use el Presidente de la República; sólo podrá figurar en el papel de las dependencias de los poderes federales y estatales, así como de las municipalidades, y prohíbe a los funcionarios y empleados utilizarlo para fines particulares; sólo podrá imprimirse y usarse en la papelería oficial.

El escudo nacional está basado en la leyenda de la fundación de Tenochtitlan y durante el virreinato fue usado como símbolo. Pero el virrey Juan de Palafox y Mendoza consideró el águila devorando una serpiente como un símbolo idolátrico y lo sustituyó por una imagen de la virgen. Durante la guerra de independencia, la Junta de Zitácuaro, tomó como escudo de armas al águila coronada en la que se eliminó la serpiente, posada en un nopal y éste sobre un puente, y en la parte superior, alrededor del escudo propiamente dicho, una rama de laurel enlazada con otra de encino.

Iturbide y la Junta Provisional Gubernativa decretaron que “las armas del imperio para toda clase de sellos sea solamente el nopal nacido de una peña que sale de la laguna y sobre él parada con el pie izquierdo un águila con corona imperial” El águila del escudo imperial tenía las alas abiertas y la cabeza, volteada hacia la derecha y no aparecía la serpiente. El Congreso Constituyente de 1823, dispuso: “Que el escudo sea el águila mexicana parada en el pie izquierdo sobre un nopal que nazca de una peña entre las aguas de la laguna y agarrando con la derecha una culebra en actitud de despedazarla con el pico y que orlen este blasón dos ramas, la una de laurel y la otra de encino, conforme al diseño que usaba el gobierno de los primeros defensores de la Independencia.” El águila de este escudo estaba de frente, con las alas abiertas como si fuera a iniciar el vuelo y la cabeza hacia la izquierda.

En 1865, Maximiliano modificó el escudo: el águila sin corona está colocada dentro de un escudo detenido por dos leones rampantes y la corona aparece sobre el escudo; la cabeza del águila está volteada hacia la izquierda y en la garra derecha sostiene a la serpiente; Carlota pide se coloque al águila una piña estilizada en la cabeza, en lugar de la acostumbrada órbita imperial. Después hubieron varios diseños del escudo nacional que fueron usados al mismo tiempo, hasta que en 1916, el Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, expidió un decreto en el que definió la interpretación gráfica del escudo nacional: debía retomar los antiguos códices, por lo tanto, el águila debía estar de perfil, posada sobre un nopal y éste a su vez, sobre una piedra en el agua. Pero el diseño tuvo varios defectos: el águila agarraba a la serpiente casi a la mitad del cuerpo de ésta, lo que resultaba ilógico porque de tener vida el reptil, fácilmente podía atacar al águila; la serpiente estaba con las fauces abiertas y la lengua de fuera, y las serpientes al atacar, abren las fauces para morder pero no sacan la lengua. Pero por la situación de la época, no entró en vigor el decreto.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.