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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Se realiza el primer Congreso de Clubes Liberales en San Luis Potosí

5 de Febrero de 1901

En el aniversario de la promulgación de la Constitución de 1857, en el Teatro de la Paz, de la ciudad de San Luis Potosí, entre los días 5 y 11 de febrero de 1901, se lleva a cabo el Primer Congreso Liberal al que asisten cincuenta y siete delegados de los cuarenta y nueve clubes liberales que tienen sede en catorce estados de la República. Están presentes representantes de los periódicos oposicionistas Regeneración, El Universal y El Monitor Liberal. Asisten los jóvenes Juan Sarabia y Ricardo Flores Magón. En la organización del Congreso, participan activamente Antonio Díaz Soto y Gama, José María Facha –entonces estudiantes de la carrera de derecho- y Vidal Garza Pérez.

Los clubes liberales se habían organizado a partir de la convocatoria hecha el 31 de agosto de 1900 por Camilo Arriaga (descendiente de Ponciano Arriaga). Los liberales habían asumido la tarea de educar políticamente al pueblo y defender los principios de la Reforma. Muchos asistentes tienen la oportunidad de conocer textos de autores como Proudhon, Grave, Faure, Marx y Engels.

El congreso terminará el siguiente día 11 de febrero; su resultado inmediato será la integración de la Confederación de Clubes Liberales que será dirigido por el Club Ponciano Arriaga; además, definirán como su principal objetivo “velar por el cumplimiento de las leyes y hacer pacífica propaganda liberal”. Acordarán también el compromiso de reunirse al siguiente año en un segundo congreso, que no se realizará debido a que la sistemática, intensa y dura represión, mermará el número de miembros y los obligará a actuar en la clandestinidad.

En el periódico “El País”, saldrá publicada la siguiente nota con la evidente intención de desacreditarlos y hacer mofa de ellos:

El Congreso Liberal

Sr. Director de EL PAÍS.

Con el fin de que se tenga conocimiento oportuno de lo que está pasando en el Club ‘Ponciano Arriaga’, envío á usted los siguientes datos.

Con solemnidad cómica, y en medio del más profundo desdén de la sociedad potosina, se instaló el primer congreso liberal mexicano; acontecimiento, según el decir de sus oradores, sin igual en la historia de nuestra patria, como que es prenda segura de grandeza y felicidad en lo porvenir.

Ni una sola persona de importancia ha venido… Los pocos que han venido son lugareños, representantes de rústicos villorrios.

A las ocho y media de la noche, se encontraban en el ‘Teatro de la Paz’ algunos individuos, ávidos de sentarse, siquiera una vez, en localidades bajas, y gran mayoría de curiosos que iban a ver… Ocupó luego la tribuna Don José María Facha, el mismo señor procesado por las ‘calaveras’, y puso al sentido común como no digan dueñas. Este joven es aquí el único representante de la escuela mateuna, de la cual sólo se aparta en que aquello suele tener algo original.

Habló largo y tendido del despotismo que mata las energías y del clericalismo que socava los cimientos de la Nación. Tuvo este orador un trozo verdaderamente feliz, al hablar, entre lo mucho de que habló, de la vida estúpida que lleva cierta juventud, entre bastidores, cortejando mujerzuelas y siendo el hazme reír de todo el mundo. La pintura fue de mano maestra, acreditando una observación detenida en los mismos lugares descritos.

Bajó entre aplausos prolongados y regocijadas carcajadas. El segundo orador fue el Sr. Batalla. Con énfasis y voz robusta, pronunció un largo discurso cuyo tema fue variaciones del anterior.

Salió á luz, como era de suponer, aquello de ‘el poder que tiraniza y mata energías’, ‘la malhadada política de conciliación’, ‘paz decantada con que se engaña a la Nación como á un niño tonto con las irizaciones un prisma’, ‘el patriotismo y virtud de los que abandonan lejanos hogares por venir á tratar de la felicidad de la patria’.

Dijo que nadie, ni el Gobierno, ni el pueblo, se ha fijado en el peligro yankee, y que él venía a darlo a conocer.

Ya cerca del final, dijo que ‘el clero dueño de las conciencias, es la causa de que nuestras hijas (!) nuestras hermanas, (i!) nuestras esposas, (!!!) y nuestras madres (!!!!) sean tormento del hogar ¡Horror! ¡horror! ¡horror!.

El entusiasmo de ellos no tuvo límites algunos momentos. Uno de los delegados aunque claudicante, atravesó a escape el escenario para ir a estrechar por entre las rejas de la tribuna, las piernas del orador.

Llamó la atención que no tomara la palabra el ‘champión’ científico de los de aquí, Don Antonio Díaz Soto.

Mañana tendré el gusto de seguir informando a usted.

El País. 9 de febrero de 1901”.