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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Bazaine, comandante de las fuerzas de intervención, se despide del pueblo de México.

Febrero 3 de 1867

En la ciudad de México, Francisco Aquiles Bazaine, comandante en jefe de las fuerzas francesas de intervención, lanza una proclama por la que se despide de la “caballerosa nación mexicana”.

Bazaine, nacido en Versalles, Francia, en 1811, pelea en África y España, participa en el sitio de Sebástopol y en la campaña de Italia. De 1864 a 1867, es el comandante en jefe del Cuerpo Expedicionario de la Intervención Francesa. Por su campaña en México y la toma de Guadalajara y Oaxaca, es nombrado Mariscal de Francia. A los 54 años casa con Josefa Peña y Azcárate, quien tiene 17 años; los emperadores le ceden como regalo de bodas el palacio de Buenavista. Con Maximiliano tiene problemas porque le sugiere que abdique y antes de salir de la ciudad, escribe la proclama referida que dirige al pueblo mexicano:

Todos nuestros esfuerzos han aspirado a establecer la paz interior. Estéis seguros y os lo declaro en el momento de dejaros que nuestra misión nunca ha tenido más objeto y que jamás ha entrado en las intenciones de Francia, el imponeros una forma cualquiera de Gobierno contraria a vuestros sentimientos.” Casi al final de la cruenta guerra de intervención pueden sonar extrañas estas palabras, pero el hecho es que Bazaine ya había roto con Maximiliano y su gabinete imperial: “más bien yo tengo el derecho de reclamar contra las violencias cometidas todos los días [...] por nuestra presencia en México”.

Bazaine ya tenía varias semanas en tan franca hostilidad con Maximiliano, que destruyó gran cantidad de proyectiles, pólvora y otros materiales de guerra. El 5 de febrero siguiente, desde Veracruz instará por última vez a Maximiliano a salir del país. Pero Maximiliano decidirá seguir la guerra y sufrirá sitio en Querétaro, será derrotado y poco después muerto.

En una carta que Porfirio Díaz remitirá a Matías Romero el 3 de mayo de 1867, (Bazaine se embarcará a Francia el 27 de febrero), le comentará: “el Gral. Bazaine, por medio de una tercera persona, ofreció entregarme las ciudades que posee, así como también a Maximiliano, Márquez, Miramón, etc., con tal de que yo acceda a una propuesta que me hace, y la cual deseché por no parecerme honrosa. También me hizo la proposición [...] para la compra de 6000 fusiles y cuatro millones de cápsules; y, si yo lo deseaba, también me vendería cañones y pólvora; mas me negué a aceptarla. La Intervención y sus resultados han abierto nuestros ojos, y de ahora en adelante tendremos más cautela al tratar con las Naciones extranjeras, particularmente con las de Europa, y con especialidad con la Francia”.

Años más tarde, en 1886, será singular el intercambio epistolar entre Bazaine y Díaz, en el que el primero le reprochará que la carta anteriormente citada, haya sido publicada de nuevo en los periódicos “citando proposiciones deshonrosas que yo le hubiera propuesto por un intermediario, no es más que una sarta de calumnias” y lo amenazará a su vez, de publicar otra carta: “no debía usted haber olvidado que la víspera de la rendición de Oaxaca, vino usted a pasar parte de la noche en mi Cuartel General, contrario a todas las leyes militares y que hubiera estado en mi derecho de tratarlo como un insurrecto, en lugar de hacerlo como prisionero de guerra. Si yo hubiera hecho publicar su carta referente a esa entrevista, carta que está en mi poder, no hubiera llegado usted a la Presidencia”, le pedirá que nombre al intermediario para perseguirlo por difamador. Díaz responderá con mucha tranquilidad a esa carta. Lo cierto es que uno de los hechos “obscuros de la historia”, es la conducta extraña que Díaz tuvo al respecto y que después de 20 años, siguieran teniendo contacto.

Como colofón a los hechos referidos: durante la guerra franco-prusiana de 1870 Bazaine estuvo al mando de todas las fuerzas francesas que resultaron derrotadas. Acusado de traición, fue degradado y condenado a muerte, pena conmutada por la de 20 años de prisión, pero se fugó a España, donde tomó parte en la Guerra Carlista. Murió en Madrid en 1888.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.