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Autora: Doralicia Carmona Dávila.

 

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Se instala en la ciudad de México el gobierno provisional del general Eulalio Gutiérrez, nombrado presidente por la Convención de Aguascalientes

3 de Diciembre de 1914

El 31 de octubre pasado, la Convención Revolucionaria de Aguascalientes había destituido a Carranza y a Villa de sus puestos y Eulalio Gutiérrez fue designado presidente interino por un periodo de veinte días.

Sobre el arribo de Gutiérrez a la ciudad de México, Taracena (La Verdadera Revolución Mexicana) describe: “Minutos después de las cinco de la tarde pasan por las Avenidas Juárez y Madero numerosos automóviles y taxímetros custodiados por una escolta de doscientos soldados del Cuerpo de Ejército del Norte, al galope de sus caballos. En uno de loa autos se ve al Presidente provisional de la República, general Eulalio Gutiérrez, teniendo a su derecha al general Francisco Villa y a su izquierda al general José Isabel Robles, Ministro de Guerra y Marina: En los demás automóviles están los generales Manuel Chao, nuevo gobernador del Distrito Federal; Juan Cabral, Mateo Almanza, comandante militar de la Plaza; Guillermo García Aragón, Manuel Medinaveytia, jefe de Estado Mayor del general Villa; coronel Vito Alessio Robles, jefe de los policías; licenciado José Vasconcelos, Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes; Mr. George Carothers, enviado especial del Presidente Woodrow Wilson; Alberto Fuentes  D. y otros. La caravana salió de Tacuba a las cuatro y media de la tarde. Una vez en el Palacio Nacional son echadas las campanas a vuelo y se reúne la multitud. En el saloncito de espera del elevador, el general Villa se despide del Presidente Eulalio Gutiérrez, y seguido de sus "dorados" regresa a su carro, en Tacuba. El general Eufemio Zapata y otros jefes zapatistas hacen los honores a don Eulalio. Improvisa luego Eufemio una arenga en la que habla de que al llegar al Palacio quiso quemar la fatídica silla presidencial; pero no la encontró porque se la llevó Carranza; recuerda su sufrimiento, cuando en Morelos se contentaban, para quitarse el hambre, con un puñado de habas tostadas; que en la capital de la República no quisieron lanzar emisiones de papel y de cartón como lo hicieron los carrancistas, porque perjudicarían a la patria, y que ellos tienen en Morelos media millón de barras de plata con la que acuñarán pesos con su correspondiente ley de oro. Hay momentos en que don Eufemio no encuentra la palabra apropiada y exclama: "!Qué triste es no haber ido a la escuela!", mientras ruedan por su rostro las lágrimas. El Presidente Eulalio Gutiérrez contesta con sencillez abogando por la unión para laborar en bien de la patria. Desde el balcón central del Palacio se vitorea a la Revolución que ha comprendido las necesidades del pueblo, haciendo ver que no se tienen ligas "con el fatídico clero" ni con los hijos de Victoriano Huerta y Félix Díaz. El secretario de Eufemio, teniente coronel Francisco Salgado, grita que ellos no han luchado por pisar alfombras ni habitar magníficos palacios, y que a pesar de que visten calzón y camisa de manta, son más honrados que otros que sólo llegaron a ocupar casas y a robar automóviles”.

Al día siguiente, Gutiérrez nombrará a Felícitos Villarreal como Secretario de Hacienda; a Valentín Gama, Ministro de Fomento Colonización e Industria; a Lucio Blanco, Ministro de Gobernación, a José Rodríguez Cabo, Encargado del Despacho de la Secretaría de Comunicaciones; a José Vasconcelos, de Instrucción Pública, y José Isabel Robles, de Guerra. Su secretario particular es Manuel Rivas.

Por su parte, Carranza contestará a la Convención que ésta no podía sustituirlo; finalmente, condicionará su renuncia a que gobernara un presidente electo y que se le entregara el mando de la División del Norte. Gutiérrez, por su parte, le pidió que aceptara lo acordado por la convención.

Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.