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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Vicente Fox Quesada asume la presidencia de la República para el periodo 2000-2006.

Diciembre 1º de 2000

Alrededor de las once de la mañana, Fox rinde la protesta señalada en el artículo 87 constitucional: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me conferido”, pero a la frase “mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión”, añade ''por los pobres y los marginados”, (lo que algunos tomarán como su primera violación al orden constitucional), “y si así no lo hiciere que la nación me lo demande”.

Es el primer presidente de la República del Partido Acción Nacional y también el primero cuya madre no es mexicana, pues Mercedes Quesada es española y el padre de Fox, nacido en México, es de origen irlandés. Originario del Distrito Federal y criado en Guanajuato, puede llegar a la presidencia tras la reforma constitucional del artículo 82, vigente a partir del 31 de diciembre de 1999, que suprime el requisito de ser hijo de padres mexicanos por nacimiento.

Una vez colocada sobre su pecho la banda presidencial, Fox comienza su discurso de toma de posesión con un coloquial: Hola Ana Cristina, Hola Paulina, Vicente y Rodrigo (sus hijos adoptivos). A continuación, entre gritos, burlas e insultos de los legisladores priístas, lee su discurso titulado “La revolución de la esperanza” durante un poco más de una hora, mientras en algunas calles del centro de la ciudad y en el Monumento a la Revolución se llevan a cabo mítines y marchas que son reprimidas por granaderos y policía montada.

En sus palabras, ofrece poner fin al autoritarismo y a la presidencia omnipresente. Enfatiza que hoy se cierra una “etapa histórica marcada por el autoritarismo” en alusión condenatoria a los gobiernos revolucionarios y en contraste, ensalza a los héroes panistas fallecidos, así como a Colosio, Vasconcelos, Lombardo Toledano, Campa, Revueltas, Nava y Heberto Castillo.

Propone la reforma del Estado para “a romper paradigmas, inercias y atavismos de una cultura política que ha visto en el acuerdo un acto de capitulación; y en la coincidencia política, prueba plena de cooptación. Sólo por la vía de franquear el paso a una era de democratización profunda de la vida nacional la reforma del Estado podrá satisfacer las expectativas sociales de cambio. Ello demanda una propuesta programática consensada, de largo alcance, cuya factibilidad no se agote en un acuerdo de coyuntura… La reforma del Estado deberá garantizar el fortalecimiento de un ejercicio del poder cada vez más equilibrado y democrático. Deberá garantizar también la modernización política del país por la vía de asegurar un estado de derecho pleno, equidad en la distribución de la riqueza, racionalidad de la estructura administrativa del gobierno, institucionalización plena del ejercicio del poder público, una amplia participación social en sus decisiones, y la preparación para enfrentar los retos de la globalización y de la revolución tecnológica que está viviendo el mundo. La alternancia no va a cerrar por sí sola el proceso de transición¡Procedamos con sensatez y valentía a demoler todo vestigio de autoritarismo y a edificar una genuina democracia..!  El voto ciudadano del 2 de julio fue, ante todo, un plebiscito a favor del cambio”.

Señala que en esta nueva época “el Presidente propone y el Congreso dispone''. Convoca al Legislativo y a todas las fuerzas políticas del país al diálogo, la convergencia y los acuerdos, y a construir sin prejuicios una relación digna, transparente y sin servidumbres; a partir de ese diálogo, se podrá dar respuesta a las siete ''reformas medulares'' que los mexicanos demandan: 1. La que consolide el avance democrático, para que toda persona pueda hablar con libertad y ser escuchada. 2. La que avance en el combate a la pobreza y en la igualdad social. 3. La educativa, que asegure la formación de mejor capital humano y que nadie se quede sin cumplir su proyecto educativo por falta de recursos. 4. La que garantice el crecimiento con estabilidad en la economía. 5. La reforma para descentralizar facultades y recursos de la Federación, y fortalecer los estados, municipios y comunidades rurales. 6. La que asegure la transparencia y el rendimiento de cuentas en las tareas del gobierno, para anular la corrupción y el engaño. 7. La reforma que abata la inseguridad y cancele la impunidad. “Lo que está en juego en los próximos seis años no es sólo el cambio de un partido en el poder. Está en juego algo mucho más significativo y profundo: las esperanzas de millones de mexicanas y mexicanos”. 

Accede a instaurar formas de participación política directa: “Abrir la política y el ejercicio del poder a la participación y control desde la base social será un objetivo central de mi gobierno. Acepto el mandato popular de consolidar la democracia a través de fórmulas relacionadas con la democracia directa, como el plebiscito, el referéndum y la iniciativa popular”.

Promete una presidencia transparente: “Soy depositario del Poder Ejecutivo, no su propietario…Me comprometo con una nueva ética que supere el vicio histórico de una cultura oficial que privilegió el control y la manipulación de la información sobre los asuntos públicos, en demérito de su oportunidad y veracidad… Nunca será mi propósito concentrar el poder, sino ganar autoridad moral en su ejercicio”. 

Respecto a la situación de PEMEX y el sector eléctrico, Fox declara que no serán privatizados pero sí recibirán capital privado, y en materia educativa ratifica su compromiso de respetar el carácter laico, público y gratuito de la educación. Fue entonces cuando a una señal de la diputada priísta Beatriz Paredes, que por cierto vestía de azul, los priístas se levantan al grito de ¡Juárez¡ ¡Juárez¡ ¡Juárez¡ a los que para contenerlos se une el propio Fox burlonamente, ''¡Juárez, Juárez!...¡muy bien, jóvenes!''.

Asimismo, en relación a la cuestión indígena, promete abrir paso a la construcción de los marcos legales ''que garanticen, dentro del Estado nacional, el ejercicio pleno de su autonomía y su libre determinación'', así como enviar al Congreso la iniciativa de ley elaborada por la Cocopa que recoge los Acuerdos de San Andrés. “En México y en Chiapas hay un nuevo amanecer”. 

También adelanta varias medidas que pondrá en práctica a favor de los pequeños empresarios, de los estudiantes de escasos recursos y en general de la gente pobre y marginada: “Estoy convencido de que la economía debe recuperar su dimensión moral y humanista para darle sentido y rumbo. Estoy convencido, también, de que la calidad de vida de una sociedad no se mide únicamente por su capacidad para generar riqueza sino, sobre todo, por la equidad para distribuirla”.

 

Reconoce el transfondo social que tiene la delincuencia: “Las medidas policiacas desvinculadas del contexto social corren el riesgo de tornarse en represión…no sirve apostarle al autoritarismo cuando la criminalidad no es sólo producto de la debilidad de las fuerzas de seguridad: No hay cuerpo policiaco capaz de contener hambre y desempleo”.

Se compromete a que “la represión nunca más será medio para resolver diferencias políticas. Mi gobierno no distraerá a los órganos de seguridad para disuadir a sus críticos o para neutralizar a sus opositores… Afirma que México no será ya más referencia de descrédito en materia de derechos humanos, ''¡vamos a respetarlos como nunca!...Que respetará a la prensa: Mi gobierno observará un absoluto respeto a esa libertad fundamental de informar y disentir”. Contra la corrupción e impunidad, advierte que  no habrá borrón y cuenta nueva, pero que ningún acto relacionado con el pasado estará ''inspirado por resentimientos, venganzas, ansias de reivindicación personal o aspiraciones a reinterpretar la historia''.

 

Invita a todos a una gran alianza “para transitar de la discrecionalidad al Estado de Derecho; una gran alianza para avanzar de la marginación al desarrollo; una gran alianza para transformar el pesimismo en esperanza; una gran alianza que fomente la unidad, la concordia y el acuerdo entre las mexicanas y mexicanos”. 

Finaliza con una arenga: “Nadie nos arrebatará la fuerza de nuestra esperanza. Haremos un México tan grande como nuestros sueños. Nadie puede apostar a ganar solo. La apuesta es que todos ganemos...Ganemos el futuro, ¡hoy! Comencemos las tareas, ¡hoy! Hagamos efectiva la Revolución de la Esperanza ¡hoy! (Documento)

Horas antes, rompiendo una tradición de laicismo de más de 140 años, Fox acudió a la Basílica de Guadalupe a orar, mientras los ocho partidos representados en el Congreso fijaban sus posturas frente al cambio de gobierno. Después se trasladó al popular barrio de Tepito, en donde desayunó rodeado de “niños de la calle”. Y enseguida se trasladó al Congreso de la Unión a rendir su protesta y al finalizar la ceremonia en el Congreso marcha al Auditorio Nacional.

En el  Auditorio Nacional, acondicionado con tres megapantallas y dos torres de bocinas, ante casi diez mil invitados que desde ahí habían seguido el desayuno en Tepito y la ceremonia en el Congreso, Fox pronuncia un discurso en tono coloquial y nada solemne; señala que “el desafío apenas empieza”; pero los invitados corean “Sí se pudo, sí se pudo, sí se pudo”. Reitera sus pronunciamientos ante el Congreso y cuando su hija adoptiva Paulina le entrega un crucifijo ante el asombro del público, interrumpe su lectura, con un beso y un abrazo agradece el gesto y pregunta por sus demás hijos, antes de proseguir. Al final de su discurso presenta su gabinete. Una vez concluido el acto, pasa revista y presencia un desfile militar en el Campo Marte y sale a la comida que tiene lugar en el Palacio Nacional.

Alrededor de las seis de la tarde del mismo día, tendrá lugar una breve verbena popular en el Zócalo que según la prensa, quedó en una fría foxifiesta con fuentes y  luces espectaculares, pirotecnia y las voces de Eugenia León y Manuel Mijares; pero al parecer la gente reunida en la plaza nunca se entusiasmará y el  presidente repetirá las promesas pronunciadas durante este largo día, que finalizará con una cena en el Castillo de Chapultepec.

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Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.