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Edicion 2017

Edición Web Limitada

Autora: Doralicia Carmona Dávila.

© Derechos Reservados
ISBN 970-95193

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Toma posesión en Colima, Griselda Álvarez Ponce de León, la primera gobernadora  de la historia de México

Noviembre 1º de 1979

A los 66 años de edad asume el gobierno de Colima para el periodo 1979-1985, en una ceremonia a la que asiste el presidente de la República José López Portillo. Fue postulada por los partidos Revolucionario Institucional, PRI, y Popular Socialista, PPS, y en las pasadas elecciones estatales obtuvo 72,791 votos, frente a 15,751 votos del candidato del PAN, Gabriel Salgado Aguilar. Su lema de campaña fue: “Para progresar, educar”.

Hace 26 años que el presidente Adolfo Ruiz Cortines otorgó el voto pleno a la mujer y hoy es la primera vez que una de ellas ocupa el cargo de gobernadora constitucional de una entidad federativa. Culmina así la participación política femenina, en la que lentamente las mujeres han logrado ocupar puestos de representación popular.  Por eso en su discurso se refiere a una “democracia de hombres solos” y convoca a las mujeres a “inaugurar un tiempo nuevo de plena igualdad con los hombres, sin reclamar privilegios que no requerimos ni aceptar desventajas que no merecemos”.

Así recuerda ella misma este día en sus memorias (Cuesta Arriba):

Mi toma de posesión fue un evento de carácter nacional: por primera vez una mujer llegaba al cargo de gobernadora en el México independiente, y esa mujer era yo, Griselda Álvarez. La sola reflexión de este pensamiento me sacudía internamente. ¿Me había convertido en un símbolo? Muy posiblemente: el de la igualdad del hombre y la mujer en política. Sabía que podía gobernar Colima; antes que yo lo habían hecho mi padre, en 1919, y mi bisabuelo, que fue el primer gobernador de Colima, en 1857. Nunca imaginaron que yo, mujer, sería también gobernadora.

Como gobernadora electa contaba con un amplio apoyo de la población. Pero también hubo muestras contundentes de repudio. El mismo día en que una mujer asumía el mando del Ejecutivo, en la ciudad de Colima la estatua del rey Colimán, último héroe indígena que resistió hasta morir la embestida de los españoles encabezados por Gonzalo Sandoval, amaneció con un mandil blanco. De ese tamaño eran las cosas frente a un triunfo electoral inobjetable.

Afortunadamente el auditorio Morelos donde rendiría protesta estaba lleno de hombres de una nueva generación evolucionada, diferente, solidaria.

Griselda Álvarez vivirá sola los siguientes seis años en la casa de gobierno de Colima. Lo que describirá en un soneto: "No sé si fue pírrica victoria / que ahora reflexiono y aquilato: metí amor y familia en un retrato y fue el poder la línea divisoria". 

Su principal preocupación en ese cargo será la educación pública, incluida la universidad del estado. Reformó los Códigos Penal y Civil para que los hijos de las presas no nacieran dentro de la cárcel y abrió oportunidades para que las prostitutas cambiaran de ocupación.

“Durante mi gobierno levanté en tres ocasiones memorables la bandera blanca; cuando Colima alcanzó la alfabetización y cuando toda la población tuvo energia eléctrica y agua potable.”

Después de su paso por el gobierno, se considerará, “más que como un ejemplo a seguir, una puerta abierta que permite el paso para el mundo de la política a más mujeres jóvenes, instruidas y con más facilidades de las que ella tuvo en su momento.” Asimismo recordará que su padre le dijo de niña que la política era cosa de hombres, que ella no quiso ser gobernadora y que cuando se lo propuso no contó con el apoyo de Jesús Reyes Heroles, Secretario de Gobernación, porque creía que no sería aceptada por la gente por ser mujer, que Fidel Velázquez si la alentó y que López Portillo simplemente la mandó a “hablar con el pueblo”. “Esto llegó, esto vino, esto cayó. Las circunstancias se me fueron dando. Una gran suerte de mujer, llegué y fui la primera”. Al terminar su cargo ocupará la dirección del Museo Nacional de las Artes.

La lucha de las mujeres primero por el voto y después por acceder a los puestos de representación popular a la par que los varones, ha sido larga.

Antes de que estuviera vigente la actual Constitución, cuando estaba reunido el Congreso Constituyente de 1916, Hermila Galindo, secretaria particular de Venustiano Carranza, solicitó a los diputados infructuosamente otorgaran el voto a la mujer: “La nación y el mundo están pendientes de vuestras labores. Yo espero que el nuevo código que está confiado a vuestro patriotismo contenga disposiciones para que no se excluya a la mujer de la parte activa política y que, por lo tanto, alcance en la nueva situación, derechos que la pongan en la senda de su dignificación”.  En 1918, lanzó su candidatura para diputada por el V distrito electoral de la Ciudad de México; después se dijo que había obtenido mayoría de votos, pero su triunfo no fue reconocido por el Colegio Electoral.

En 1923, gracias a la legislación local yucateca, en Mérida,  por primera vez en la historia de México, una mujer, la profesora Rosa Torre González, ocupó un cargo en el ayuntamiento, primero como regidora y después como presidenta municipal. De igual modo, Elvia Carrillo Puerto logró convertirse en la primera mexicana diputada local, al resultar electa el 18 de noviembre del mismo año al Congreso local por el V Distrito, también en Yucatán. Asimismo, accedieron a cargos de representación popular algunas mujeres de San Luís Potosí, en donde el gobernador Aurelio Manrique otorgó a las mujeres el derecho a votar y ser elegidas en las elecciones municipales. Acciones semejantes tuvieron lugar en Chiapas en 1925, en donde la Legislatura del Estado concedió a la mujer mayor de 18 años los mismos derechos políticos del hombre.

Pero no todas las mujeres corrieron con la misma suerte. Poco después el PNR lanzó la candidatura de Soledad de Orozco Ávila para diputada al Congreso del Estado de Guanajuato por el distrito de León; en abril se celebraron los comicios y la junta computadora le atribuyó la victoria por 13 ,282 votos. Algo parecido ocurrió con María del Refugio García en un distrito de Michoacán. Sin embargo, ni una ni otra, por distintos motivos, llegaron a pisar sus respectivas Cámaras.
 
El 24 de diciembre de 1946, la Cámara de Diputados aprobó la siguiente adición al Art. 115 constitucional para clarificar la indefinición existente respecto al voto femenino: “En las elecciones municipales participarán las mujeres en igualdad de condición que los varones, con el derecho de votar y ser votadas”. Como resultado de esta reforma constitucional, Virginia Soto fue electa presidenta municipal de Dolores Hidalgo, Guanajuato, y Norma V. de Zambrano fue postulada para alcalde por el Partido Acción Nacional, en el municipio de Garza García, Nuevo León.

Tras la reforma constitucional que otorgó el voto pleno a la mujer en 1953, y como resultado de las elecciones del 3 de julio de 1955, el Colegio Electoral de la Cámara de Diputados, declaró a Aurora Jiménez de Palacios, la primera diputada federal electa por el primer distrito del estado de Baja California, para integrar la XLIII Legislatura (1955-1958). Después de ella, también el Colegio Electoral validó la elección para que formaran parte de la misma como diputadas, Marcelina Galindo Arce, de Chiapas; María Guadalupe Usúa, de Jalisco; Remedios Albertina Esita, del estado de México; y Margarita García Flores, de Nuevo León.

Finalmente, en las elecciones federales de julio de 1964, por primera vez en la historia de México, resultaron electas senadoras de la República, Alicia Arellano Tapia, por Sonora; y María Lavalle Urbina, por Campeche, quien llegó a presidir el Senado.

La nueva gobernadora nació el 5 de abril de 1913 en Guadalajara Jalisco, hija de Dolores Ponce de León, que falleció a temprana edad, y de Miguel Álvarez García, quien fue el primer gobernador de Colima que terminó un periodo completo de gobierno y bisnieta del primer gobernador de Colima, Manuel Álvarez, constituyente de 1857, asesinado en una revuelta por su acendrado juarismo y después apaleado su cadáver para sacarle los demonios, único modo en que los curas aceptaron su entierro en el campo santo.

Estudió en la Escuela Normal de Maestros, a sugerencia de su familia, y comenzó a trabajar como profesora de primaria en el Barrio de Santa Julia de la ciudad de México. Se especializó en atención a débiles mentales y menores infractores. En la Normal impartió cátedra hasta 1951. Asimismo, se graduó en letras españolas en la Universidad Nacional Autónoma de México. También estudió estadigrafía, biblioteconomía e idiomas.

Trabajó en la Secretaría de Educación Pública, en la Secretaría de Salubridad y Asistencia, en el Instituto Mexicano del Seguro Social y en la Secretaría de Turismo.

Fue fundadora del Centro de Atención a la Mujer. A.C., la Alianza de Mujeres de México y de la Asociación Mexicana de Bienestar Social.

Fue Senadora de 1977 a 1979.

Como poeta y ensayista, colaboró en los periódicos Excélsior, Novedades y Ovaciones y en las revistas Kena y ¡Siempre! Ha escrito una docena de libros, entre ellos: Cementerio de pájaros (1956), Dos cantos (1959), Desierta compañía (1961), La sombra niña (1965), Letanía erótica para la paz (1963), Anatomía superficial (1967) y Estación sin nombre (1972).

Después de su paso por el gobierno, escribirá Cuesta arriba: memorias de la primera gobernadora (1993) Sonetos terminales (1997) Erótica y la Glosa de la Constitución (1999).

También, ya como exgobernadora, recibirá reconocimientos de la Federación de Mujeres Universitarias (FEMU), del Senado de la República mediante la Medalla Belisario Domínguez; de la Universidad de las Américas, al instaurar la Cátedra de Estudios de Género "Griselda Álvarez”; del INBA que le otorgará la Medalla de Oro de Bellas Artes; y del gobierno de su estado que le dará la medalla "Rafael Suárez" y establecerá un museo que lleva su nombre. También recibirá las medallas "Francisco Murguía", de la delegación Venustiano Carranza y "General Manuel Álvarez", de la XLVII Legislatura de Colima, así como muchas otras por su labor literaria.

Fallecerá a las 20:00 del jueves 26 de marzo del año de 2009, en su casa de la colonia Pedregal de la ciudad de México. Su última obra literaria será "Los versos de la Constitución Mexicana".

Doralicia Carmona. MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.